16 mayo,2026 6:04 am

Reconoce el gobierno su responsabilidad en la desaparición del maestro Gregorio Alvarado

Con la intervención de la CIDH, la familia del profesor indígena, activista y poeta y el Estado mexicano, llegaron a un “acuerdo amistoso”, del que es parte la disculpa pública que este viernes se cumplió. En 1996 se lo llevaron de Chilpancingo dos agentes del Cisen que están identificados. Los hechos ocurrieron en el contexto de la campaña de contrainsurgencia tras la aparición del EPR

Ciudad de México, 16 de mayo de 2026. El Estado mexicano reconoció su responsabilidad en la desaparición forzada del maestro Gregorio Alfonso Alvarado López, hace 30 años. Este viernes 15 de mayo en las instalaciones de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México,  se realizó la disculpa pública del Estado mexicano a la esposa, hijos, familiares y amigos del maestro, poeta y activista indígena por su detención-desaparición en la que estuvieron involucrados agentes del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) en septiembre de 1996 en Chilpancingo, en el contexto de una campaña de contrainsurgencia debido a la reciente aparición del  Ejército Popular Revolucionario (EPR) en Guerrero.

Al día siguiente de la desaparición del profesor, su esposa, Norma Lorena Valdez inició su búsqueda y la denuncia y movilizaciones con las organizaciones en las que Gregorio militaba. En 1997 presentó una denuncia contra el Estado mexicano en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), ante los nulos avances de la justica mexicana.

El 27 de agosto de  2025 la CIDH sentó al gobierno mexicano y a la familia de Gregorio para alcanzar un acuerdo de solución amistoso, ya que el caso era el más antiguo sin resolver en la instancia continental. Parte del acuerdo amistoso es la disculpa pública que el gobierno cumplió ayer.

Se acordó el apoyo a la educación bilingüe intercultural que fomentó Gregorio Alvarado la cual se concretó en la construcción de aulas en la escuela que lleva su nombre en Chilpancingo en la comunidad Emperador Cuauhtémoc, al sur de la capital y en la promesa de la construcción de su barda perimetral.

Otro acuerdo es el apoyo psicológico a los tres hijos de Gregorio Alvarado, así como la publicación de un libro con sus poemas y el testimonio de lucha.

También, continuar la búsqueda de Gregorio Alvarado y de los responsables de su desaparición forzada para ser puestos a disposición de la justicia mexicana.

En su participación la representante de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para México Andrea Pochaca declaró que este acto de reconocimiento de responsabilidad internacional expresa por las partes (Estado-familia) un avance, después de 25 años de negociación, hacia medidas concretas de verdad, reparación y memoria de las víctimas y sus familiares.

En representación del Estado mexicano acudió Arturo Martínez Padilla, subsecretario de Derechos Humanos Población y Migración de la Secretaría de Gobernación; José Arturo Pacheco, director general de Asuntos Jurídicos de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas; Mariana Díaz Figueroa, en representación de la Fiscalía General de la República y en representación del gobierno de Guerrero Anacleta López Vega, encargada de despacho de la Secretaría General de Gobierno.

En acompañamiento de los familiares de Gregorio Alvarado estuvieron Mayra Campbell, representante de la Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos; el director del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, Abel Barrera Hernández; Soledad Sánchez Yanes, abogada del Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (Cejil); el profesor Sigfrido Olmedo Méndez, representante de la Comisión Magisterial de Derechos Humanos de la Sección 22 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).

El subsecretario Arturo Medina Padilla dijo que el Estado mexicano reconoce su responsabilidad en los hechos que derivaron en la desaparición del maestro Gregorio Alfonso Alvarado López en 1996, por lo cual ofreció una disculpa pública a su familia y a la sociedad en un acto de memoria y de justica.

El funcionario reconoció que el Estado falló en proteger la integridad de Gregorio Alvarado y prevenir los hechos.

Manifestó que la investigación debe seguir su curso con los estándares interamericanos con el fin de esclarecer las circunstancias del caso y promover la sanción de las personas responsables.

Uno de los ejecutores trabaja actualmente en la FGR

Normal Lorena Valdez esposa de Gregorio Alvarado dijo que sus ejecutores tienen nombre y apellidos: Roberto Vázquez Villanueva y Rafael Copado Balderas, elementos identificados pertenecientes al extinto Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), adscritos a la Secretaría de Gobernación los cuales han estado protegidos desde entonces; hoy uno de ellos se encuentra activo como perito de la Fiscalía General de la República (FGR).

Norma Lorena contó que la ausencia de Gregorio ha dejado vacíos profundos en el seno familiar, en las comunidades, en los hombres y mujeres que coincidieron con él en tiempo y espacio, su profundo amor a la madre tierra, por este México, por los niños y niñas, por la escuela, hacen de esta disculpa un grito de esperanza para exigir presentación con vida y castigo a los culpables.

El director de Tlachinollan, Abel Barrera Hernández, dijo que fue la lucha de Gregorio en el Consejo Guerrerense 500 Años de Resistencia Indígena y en el ámbito magisterial lo que lo colocó en la mirilla del Cisen y del Ejército.

Evocó con admiración la lucha de Norma Lorena, por la presentación con vida de su esposo; ella documentó el seguimiento, hostigamiento y vigilancia que sufrían, ubicó los coches donde los agentes se desplazaban y que como su sombra los seguían a diario casi durante un año. Ella identificó a los dos agentes del Cisen.

Recordó que las autoridades de Guerrero de ese entonces fueron omisas “el entonces director de la Policía Judicial Érit Montúfar y el comandante de la Judicial Trinidad Zamora, tuvieron conocimiento de la denuncia y el señalamiento, ubicaron a los agentes y los interrogaron, pero como eran agentes federales, no dieron seguimiento a la investigación.

El caso de Gregorio no puede entenderse como un hecho aislado, durante la segunda mitad del siglo XX, el Estado mexicano implantó una política de terror en el país, Guerrero fue el epicentro de la contrainsurgencia”, señaló el director de Tlachinollan.

Exigió: “las autoridades mexicanas deben asumir el compromiso de atender el reclamo histórico de las desapariciones forzadas tanto de la guerra sucia como las 130 mil personas desaparecidas en este trágico momento”.

El Cejil, que desde los años 90 acompaña a la familia Alvarado Valdez en la búsqueda de Gregorio, en voz de su representante Soledad Sánchez, dijo: “este reconocimiento tardío pero necesario es en gran medida el resultado de la lucha incansable de Norma y de sus hijas e hijo. El caso de Gregorio no es un caso aislado, México enfrenta una grave crisis humanitaria de proporciones alarmantes”.

La lucha de Gregorio

Sigfrido Olmedo representante de la sección 22 de la CNTE, rememoró el origen mixteco de Gregorio Alvarado, que nació en Santos Reyes de Tepejillo, Oaxaca, el 17 de noviembre de 1960, destacó por su participación en diferentes luchas estudiantiles desde los 15 años, ya como estudiante normalista buscó la democratización del Centro Regional de Educación Normal de Oaxaca.

Ejerció su labor en comunidades de la mixteca oaxaqueña, donde participó en la consolidación de la sección 22 de la CNTE.

Sigfrido Olmedo explicó: “Fue un acto de terrorismo de Estado cometido al anochecer del 26 de septiembre de 1996 como continuidad de la guerra sucia en el sexenio del presidente Ernesto Zedillo, agentes lo detuvieron y sometieron para arrojarlo a un automóvil”.

En 1990 Gregorio Alvarado llegó a Guerrero y se sumó a la lucha del Consejo Guerrerense 500 Años de Resistencia Indígena Negra y Popular, y a la joven Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación en Guerrero (CETEG).

La desaparición

La noche del jueves 26 de septiembre de 1996 el maestro Gregorio Alfonso Alvarado López, salió de una reunión de las oficinas del Consejo Guerrerense 500 Años de Resistencia Indígena del cual era asesor. Abordó su carro, un Volkwagen Sedán gris oscuro, tomó la avenida Juárez en Chilpancingo, al llegar a la esquina con la calle Nicolás Catalán giró el volante a la derecha para integrarse a la lateral del bulevard y dirigirse a su hogar en la colonia del PRD.

Pero integrantes de mandos de seguridad del Estado mexicano lo desaparecieron, con todo y carro recuerda su esposa Norma Lorena Valdez Santos.

Nueve meses antes de su desaparición, agentes del Cisen se volvieron su sombra y la de su familia, los vigilaban, los seguían.

Gregorio Alvarado estaba asignado como docente en una comunidad serrana llamada Cerro Pelón municipio de Heliodoro Castillo (comunidad que hoy está desplazada por la violencia que ha golpeado la región por la disputa territorial entre organizaciones criminales).

Norma Lorena habla del hostigamiento sufrido: “Mientras él estaba allá los agentes del Cisen vigilaban la escuela donde iban nuestros hijos, me vigilaban a mí y lo vigilaban a él cuando regresaba.

“La vigilancia afuera de la casa era permanente, cuando salíamos a dejar a los niños a la escuela o de compras, un carro siempre nos seguía. “Afuera de la casa por la noche un convoy de militares vigilaba. Más de una ocasión Gregorio salió, les invitó café, los saludó y preguntó ¿qué hacían ahí?. Siempre dieron respuestas evasivas.

Norma Lorena dice cómo supieron los nombres de los agentes del Cisen: “En una ocasión un vecino sufrió un robo y al ver uno de estos carros que vigilaba nuestra casa de manera sospechosa, llamó a la Policía Municipal, la cual acudió al mando del ‘comandante Blas’, quien los abordó y les pidió que se identificaran, y así lo hicieron como agentes del Cisen, Rafael Copado Balderas y Roberto Vázquez Villanueva, quienes habían sido asignados a Guerrero; uno de ellos continúa en activo como perito de la Fiscalía General de la República”.

Para Norma Lorena está claro que ellos son responsables de la desaparición de su esposo, aunque  siempre le negaron un careo.

Gregorio Alvarado y su esposa denunciaron e hicieron público el hostigamiento, tres meses antes de que “se lo llevaran”, así consta en la visitaduría de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, por lo cual la Policía Judicial (hoy Investigadora Ministerial) fue asignada a visitar el domicilio de Gregorio para constatar su dicho.

El agente Trinidad Zamora Rojo fue el encargado de hacer la inspección y en su reporte dijo que no existía tal hostigamiento.

Norma Lorena recuerda dos declaraciones de funcionarios estatales de la época que claramente involucraba a fuerzas estatales.

Una del gobernador interino Ángel Aguerre: “le juro por mi hijo y mi familia que yo no tuve nada que ver con la desaparición de su esposo”, y  ella respondió que era imposible que no supiera qué pasaba en el estado que gobernaba.

La otra declaración fue del secretario de Gobierno Fermín Alvarado Arroyo: “en Guerrero hay fuerzas que se mueven al margen del control del estado. Nosotros no podemos hacer nada”.

Pero la declaración que Norma Lorena recuerda con incredulidad es la del presidente Ernesto Zedillo, en una gira en Francia, donde fue cuestionado sobre la desaparición del maestro indígena: “A la familia ya le informamos que Gregorio está muerto, su esposa ya lo sabe”.

Para Norma Lorena es claro que la orden de la desaparición de su esposo fue dada desde los altos mandos del Estado mexicano.

David Juárez