
Cambió las reglas en el mundo editorial al dar peso a los escritores antes del negocio, remarcan en el encuentro libresco
Guadalajara, Jalisco, 3 de diciembre de 2025. Cuatro voces clave de las letras ibéricas se reunieron en la Feria Internacional del Libro (FIL) para hacer, en torno a una mesa, un homenaje vibrante a la editora Carmen Balcells, la agente que cambió para siempre las reglas del mundo editorial como principal impulsora del llamado boom latinoamericano.
Trinidad Padilla, presidente de la FIL, abrió el diálogo recordando que Balcells fue “sin duda, la agente literaria más influyente de la industria en nuestra lengua”, una mujer que profesionalizó el oficio de escribir y transformó para siempre la relación entre autores y editoriales.
Participaron en el homenaje, la noche del lunes, los catalanes José Calafell, editor; Eduardo Mendoza, novelista, y Xavi Ayén, periodista, y la escritora palmesana Carme Riera, quienes desde sus distintas trayectorias celebraron el legado irrepetible de la célebre editora, fallecida hace 10 años.
Calafell, quien conoció a Balcells en su etapa final, recordó su energía inagotable y su capacidad para habitar siempre el futuro: “El último día que la vi hablamos de alfombras, pero también de cerrar un contrato. Así era Carmen, siempre con un proyecto en puerta”.
Ayén la describió como una mujer arrolladora, incansable, capaz de profesionalizar el oficio del escritor a golpe de contratos y de una entrega total a su trabajo. “Le decían Mamá Grande, porque la relación con sus autores iba más allá de lo profesional”.
Para Riera, la influencia de Balcells fue decisiva: “A mí, me cambió la vida”, confió. “Tenía una generosidad inmensa, y luchaba por los autores, por la literatura y por su ciudad, Barcelona”.
En esa misma línea, Mendoza destacó que, en los años 60, cuando la edición española seguía siendo “tosca y bohemia”, Mama Grande entendió el valor literario y comercial de una nueva generación de escritores.
Fue ella quien elevó la práctica editorial a un trabajo serio, organizado, empresarial: “El mensaje de Carmen era claro: ‘Ustedes escriban, yo me encargo del resto’”.
Hubo incluso intentos de boicot de editores que no estaban acostumbrados a las nuevas exigencias contractuales.
Ayén recordó, por ejemplo, que Balcells “agitó el gallinero”, pero lo hizo siempre para mejorar las condiciones de los escritores.
Su personalidad le permitía, a la vez, relaciones cercanas con editores con los que negociaba “hasta la muerte”, y también apoyar a sellos jóvenes que apenas comenzaban.
La y los reunidos en el homenaje coincidieron en su humor, en su capacidad de organización y en ese carácter exuberante que oscilaba entre creerse “la mejor del mundo” y “la peor”.
Ayén recordó también su generosidad, cuando él, aún un periodista joven, un día le compartió en una mesa que era el único al que no le había hecho ganar dinero, y ella respondió: “¿Y qué te puedo dar a ti?”. Le consiguió un encuentro con el colombiano Gabriel García Márquez en una etapa en la que el Nobel ya no concedía entrevistas, momento que le cambió la vida.
“En los últimos años no hablábamos de autores, sino de la vida. Esa era también Carmen”, añadió Calafell.
El homenaje formó parte del programa de Barcelona como invitada de honor de la FIL.
La escritura como tabla de salvación: Amandititita
Para Amanda Lalena Escalante, mejor conocida como Amandititita, la confesión y la escritura han sido una especie de tabla de salvación. Ambas han sido los lugares a los que regresa para entenderse y para encontrar equilibrio.
Su nuevo libro, Algún día contaré esta historia, es el resultado de ese proceso: una narración de su vida en la que abre los pliegues más delicados de su infancia y de su vida adulta, y en la que la memoria se convierte en un acto de reparación.
La narración inicia en 1985, cuando con solo seis años viaja con su madre a la Ciudad de México después del fallecimiento de su padre, el rockero rupestre Rockdrigo González, víctima del terremoto.
“Este es mi tercer libro, pero es el más personal, sentía necesario hablar de mi infancia, no solo por las anécdotas, sino porque ahí están temas que siguen pendientes como las violencias intrafamiliares, los padres ausentes o los derechos de infancia”, cuenta la también cantante y compositora.
Desde esa primera imagen, su relato avanza por terrenos donde conviven carencias económicas, heridas emocionales, adicciones familiares, búsquedas espirituales y, más tarde, sus primeros pasos en la escritura y la música.
El mantra que la acompaña, confiesa, funcionó como una brújula: “Un día contaré esta historia, y ese día estaré bien”.
Pero volver a los primeros años no fue un gesto sencillo. Amandititita lo reconoce sin rodeos: “Lo más complejo fue abrir la caja de Pandora de los primeros años de mi infancia. Fue muy doloroso”, relata la autora de canciones como Metrosexual y La muy muy.
Lo difícil no fue sólo mirarse a sí misma, sino decidir cómo narrar ciertas experiencias sin convertir el libro en un ajuste de cuentas.
El ejercicio de memoria, explica, no empezó frente al teclado, sino cuando cumplió 40 años. “Dije: ‘A ver, esta persona que soy tiene muchas grietas y quiero entrar a curar mi mente’. Ahí comienzan estas memorias”.
Ese recorrido se mezcla con otro impulso: entender que lo más interesante de su vida nunca había sido contado por completo.
Entre múltiples intereses
La autora navega entre múltiples identidades: cantante, escritora, podcastera, esposa y, como cuenta con humor, “la que limpia la casa casi todos los días”. Esta vida mezclada fue clave para el tono del libro: honesto, directo y sin disfraces.
Parte de esa sinceridad también aparece cuando habla de su formación.
“Tuve una educación muy autodidacta, no terminé la prepa ni la universidad, pero aquí estoy con cinco discos y tres libros. Eso habla del poder del arte, pero también de disciplina. Sin disciplina no hay forma”, afirma.
Ese aprendizaje cruza su obra musical y literaria. Cree que sus lectores podrán entender mejor su carácter después de este libro.
“La gente va a empatizar más con por qué soy tan reaccionaria, por qué me molestan tanto las injusticias”, describe la autora.
Quien lea este libro encontrará una voz más serena. Ella misma lo explica: “Ahorita estoy en calma. No hubiera sido posible escribirlo sin haber llegado a esta paz”.
Pero esa serenidad no significa pasividad.
“No voy a dejar de pelear, si dejo de pelear, se dejan de nombrar las cosas, ya no necesito aventar los micrófonos o enojarme para señalar lo que está mal, pero creo que hay otras formas de denunciar injusticias”, apunta.
La publicación también significa soltar una carga. “Lo más padre fue sacarme esa historia tan triste de encima. A mucha gente le cuesta leerla, pero a mí me costó más vivirla”. Hoy trabaja en su siguiente libro, prepara disco nuevo y estrena canción en unos días. “Encontré el amor por la creación. Antes, como hija de artistas con adicciones, heredé la necesidad de destruir. Ahora entendí que crear se siente mejor”, concluye.
Hiram Osiris / Rebeca Pérez Vega / Agencia Reforma


