
Silvestre Pacheco León
(Segunda parte)
En el segundo recuento de hechos relevantes del mundo en el 2025 ahora anotamos en primer lugar el que enfrenta Venezuela acosada por el gobierno de Donald Trump ante una comunidad internacional casi generalizadamente callada, pasmada y con miedo de hacerse notar ante el riesgo de ser señalada como enemiga del enloquecido gobernante que ahora justifica su hostilidad contra el régimen de Nicolás Maduro para “recuperar el petróleo y otros activos” que, asegura, pertenecen a su país y en ese propósito ya suman dos los barcos petroleros detenidos con cargamento venezolano, en abierta violación al derecho internacional del tráfico marítimo, más 104 pescadores muertos en 28 ataques militares.
Para evitar que la invasión anunciada pueda ser el inicio de una “catástrofe humanitaria”, el presidente brasileño Luis Inacio Lula da Silva ha ofrecido su intermediación para encontrar una fórmula diplomática de negociación, y Rusia, por su parte, ha invitado al gobierno estadunidense a no cometer un “error fatal” contra Venezuela, advirtiendo que se mantiene en contacto con el gobierno de Maduro al que califica como su aliado mientras que la presidenta Claudia Sheinbaum ha urgido a la ONU para que intervenga en dicho conflicto.
Y en el caso de México el acoso trumpista no parece ser menor que contra Venezuela porque uno de los golpes más agresivos lo está dando con la persecución y deportación de migrantes que han sido fundamentales en la producción industrial y agropecuaria del imperio como trabajadores eventuales que aunque pagan impuestos son contratados con menores salarios y sin las prestaciones legales, todo en beneficio del capital.
En el año que lleva el gobierno de Donald Trump han sido deportados poco más de 145 mil mexicanos y se tiene el reporte de que a partir de diciembre, aprovechando las fiestas decembrinas, cientos de familias completas vuelven a nuestro país ante la amenaza de ser deportados, lo cual implica un grave problema humanitario.
Por fortuna para los trabajadores ahora hay en México un gobierno que se preocupa por su situación y se ocupa en resolver sus problemas. Es el caso de los 700 mineros de Cananea que después de 18 años de huelga han obtenido una recompensa que les hace justicia según lo informado por la presidenta y la propia dirigencia de la sección sindical 65 de los mineros quienes calificaban el de Sonora como uno de los conflictos más difíciles de resolver. Pero después de 18 años están alegres porque al final vencieron la resistencia del poderoso patrón Germán Larrea del Grupo México quien, dicen los especialistas, con solo media hora de lo que ganan sus minas pudo haber resuelto la demanda de los huelguistas, pero prefirió dejar en manos del gobierno panista de Felipe Calderón la suerte de los obreros, la cual no fue diferente en el trato al que se dio a los miles de electricistas del SME que fueron despedidos en 2009 por la extinción de la compañía de Luz y Fuerza.
Lo sucedido con los mineros de Cananea en 2006 es una historia para contarse porque al cumplirse 100 años de aquella huelga que fue el preludio de la Revolución Mexicana, los hechos se repitieron. Los huelguistas solo querían conmemorar aquella gesta centenaria porque en su contrato colectivo estaba establecida la fecha como día de asueto, pero los patrones no lo permitieron, y como tampoco dieron respuesta satisfactoria a las violaciones a su contrato colectivo, estallaron la huelga recibiendo el mismo trato de sus antecesores que enfrentaron a William C. Greene, dueño de ese mineral en 1906.
German Larrea y la mina de Cananea que ahora se llama Buenavista del Cobre, logró que las autoridades declararan inexistente la huelga y que la policía federal desalojara a los huelguistas para reabrir la mina, pero los mineros resistieron. No se fueron a las armas como hacía 100 años, pero resistieron esperando tiempos mejores, aunque las maniobras ilegales también se repitieron porque, como en 1906, una tercera parte de los mineros que laboraban para la empresa estadounidense eran gringos que ganaban 5 pesos diarios frente a los mexicanos que recibían apenas 3 pesos, por eso en sus demandas formularon el principio aquel de que a trabajo igual correspondía salario igual, exigiendo en consecuencia el aumento de dos pesos.
Pero sucedió aquí lo que la historia cuenta de otras partes del mundo donde los patrones maniobran para que los trabajadores se enfrenten entre ellos mismos sin advertir que tienen el mismo enemigo a vencer, por eso German Larrea trajo mano de obra centroamericana dispuesta a trabajar por menos paga que los mexicanos.
Ese drama que ya Carlos Marx había advertido analizando el motín de San Francisco California en 1877 cuando los obreros blancos arremetieron contra los chinos, acusándolos de que les quitaban oportunidades. El “Moro” señalaba que la izquierda debía esforzarse en clarificar a los obreros que sus divisiones y peleas entre ellos, independientemente de que unos sean migrantes y otros locales, solo favorecía a los patrones.
En todo caso, los mineros mexicanos de 1906 y del 2006, no contaron con aliados dentro de gobierno porque ninguna autoridad ni del municipio ni del estado ni de la federación hicieron algo a su favor, sino al contrario, cuando en 1906 el presidente municipal de Cananea avisó al gobernador de Sonora Rafael Izabal de la huelga estallada en la empresa Cananea Consolidated Cooper Company, de 7 mil 560 trabajadores, éste permitió que intervinieran en territorio mexicano 250 ranger enviados por el gobernador de Arizona en apoyo a William C. Greene.
La huelga dirigida por obreros que militaban en el Partido Liberal Mexicano duró 5 días porque fue reprimida a balazos, provocando una pelea entre los trabajadores gringos y los mexicanos promovida por el dueño de la mina.
Esa huelga derrotada por el patrón y sus aliados en el gobierno fue el preludio de la Revolución que retomó las demandas de los mineros para incorporarlas a la Constitución como derecho inalienable de los trabajadores.
Pero aquella historia de Cananea pareció repetirse 100 años después, en 2006, en el mismo pueblo minero, cuando 700 trabajadores de la mina ahora llamada Buenavista del Cobre, en su lucha legal enfrentaron tanto al patrón como a las autoridades laborales y judiciales, primero porque la Junta de Conciliación y Arbitraje de la Secretaría del Trabajo, cuyo titular era el panista Javier Lozano Alarcón, declaró inexistente la huelga, y en el 2010 la Suprema Corte de Justicia ratificó su inexistencia, permitiéndole a German Larrea reabrir la mina mediante el desalojo, con la policía federal, al más puro modelo del dictador Porfirio Díaz.
Tuvieron que pasar 18 años y esperar a que llegara al poder la 4T para que el caso de los 700 mineros fuera retomado y se les hiciera justicia atendiendo sus demandas.
Seguramente desde sus tumbas también estarán celebrando los hermanos Flores Magón, agitadores y organizadores de la revolución, Enrique Bermúdez, José López y Antonio de Pío Araujo, militantes del Partido Liberal que hicieron agitación y propaganda para la organización de los mineros y, desde luego, los dirigentes de esa lucha, Esteban Baca Calderón, Manuel M. Diéguez y Lázaro Gutierrez de Lara integrantes del secreto Club Liberal de Cananea.
Los trabajadores recibirán su liquidación conforme a la ley conforme al fondo de 541 millones de pesos y recontratados quienes quieran volver al trabajo, pero todas las familias contarán con el derecho al Seguro Social, incluidas las viudas. Enhorabuena.
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