24 marzo,2025 7:28 am

Resiste Toro Muerto en medio de la explotación forestal de la Sierra, relata hijo del fundador

 

Totolapan, Guerrero, 24 de marzo de 2025. Enclavado en la sierra de Guerrero se encuentra Estación Toro Muerto, municipio de San Miguel Totolapan, un pueblo bien organizado, fundado por Modesto Sandoval Castro y que intenta sobrevivir conservando el bosque en medio de una intensa campaña de explotación forestal generalizada en los pueblos serranos del estado.

Los cerros, pinos, arroyos y encinales cobijan a la comunidad, que a simple vista es un paraíso cinematográfico, digno para una película: sus casas de madera se asemejan a las del viejo oeste, la calma y fortaleza de su gente parece de esos personajes del género Western, la diferencia es que los paisajes no son áridos, sino todo lo contrario.

La vida de los pobladores se va en los trabajos en el campo, en sus parcelas de duraznos, pera, manzanas, membrillo, ciruela, tejocote, aguacate y en su tiempo cuando tenía buen precio, en la siembra de la amapola, que como en la mayor parte de la sierra les dejó mucho, pero también los dejó sin nada.

Pablo Sandoval Guzmán es uno de los hijos del fundador (ya fallecido) de Toro Muerto. Con ahínco cuenta la historia de su pueblo, recuerda que en la década de 1970 llegó un grupo de sinaloenses a enseñarles el cultivo de la adormidera, de donde se saca la goma de opio y que por muchos años le dio riqueza a la sierra pero “fue mal desperdiciada”.

“Mi padre (Modesto Sandoval) nunca fue ambicioso, nos quitaba de eso (la amapola), que no sembráramos, que era malo y no le echamos. Después le tuvimos que entrar, era negocio, pero se cuidaba uno del boludo (helicóptero), de los guachos (el Ejército), en ese tiempo estaba estricto el gobierno federal, si te veían en un plantío y corrías te mataban”, cuenta durante una plática el también acuicultor de truchas arcoíris.

“Entonces sí era gobierno, uno era perseguido, la gente no decía nada como ahora que hasta presumen lo que hacen, ¡no, no, no!, en ese tiempo era pues temido el gobierno. Fue una época de mucho auge y mucho peligro”.

Don Pablo tiene 75 años, es uno de los viejos del pueblo que por años ha ido sorteando los embates de la vida y con trabajo siempre ha salido avante. Desde que nació junto a sus hermanos han permanecido en Toro Muerto, que es la tierra que por mucho tiempo han querido y protegido.

“En los tiempos de Rubén Figueroa Figueroa estaba cabrón y al que se dejaba lo agarraban y tardaban años en regresar y otros nunca regresaron, (el Ejército) andaban buscando guerrilleros, pero aquí no había, pero si te agarraban en una parcela (de amapola) te mataban, de suerte nunca nos llevaron, tenía suerte”, comenta.

“Antes eso valía mucho, de ahí mucha gente se podía mantener, en la Sierra en ese tiempo no se batallaba, pero la gente era muy desperdiciada, porque como hacía billetes fácil compraba carros, pedas y la chingada, no supo aprovechar su lana, por eso quedamos jodidos, y ahora más porque pues no ya no vale igual”, dijo entre risas.

Don Pablo es de media estatura, a su edad de un hachazo rompe el leño que lleva a su casa para cocinar. De pelo blanco y cuerpo correoso diario continúa su vida en el campo, de las truchas que es un proyecto familiar, dice, “aunque sea poco dejan para seguir sobreviviendo”.

Ahora con el paso de los años está preocupado principalmente porque en la última década los fenómenos naturales han golpeado severamente la sierra de Guerrero, lugares que eran protegidos por los pinos sucumbieron debido a la explotación forestal que se vive en los ejidos.

“Aquí a lo mejor no nos fue tan mal, ahora con el (huracán) John sólo tuvimos caminos cerrados, pero no nos pasó mucho, aquí no dejamos que se saque la madera, sí hemos aprovechado lugares donde hay madera porque había mucho árbol tirado, otras comunidades se quedaron sin nada o se les cayeron los cerros”.

“Nosotros vemos que está mal que se saque la madera, ¿porque después que hacemos?, si sacamos toda la madera se nos va agotar el agua, se nos va ir todo, nosotros le decimos a la gente que no lo haga, la gente aquí no entiende, les decimos que no saque madera porque aquí viven, aquí tienen su vida, después llegan esos fenómenos naturales y es donde vemos el daño que le hacemos a la tierra”, relató Don Pablo.

“Si nosotros seguimos destruyendo los bosques ya no va a escurrir el agua, los manantiales se van a secar y sin nada nos vamos a quedar”, profetizó.

“Pero también la gente dice que no hay apoyo del gobierno, tenemos los caminos feos y nosotros mismos los vamos reparando, entonces también los pueblos buscan la forma de sobrevivir porque hay comunidades en que no hay nada, pero aquí estamos, ¿qué le hacemos?, no hay otra” finalizó.

Toro Muerto se encuentra a 2 mil 700 metros metros sobre el nivel del mar y a seis horas de Chilpancingo, tiene una superficie de 12 mil hectáreas de las cuales 9 mil son de bosque. Su clima es frío y sus paisajes majestuosos.

Desde hace un par de años intentan implementar un proyecto ecoturístico que por los malos caminos y el miedo a la inseguridad no se ha podido concretar al cien por ciento.

Texto y fotos: Lenin Ocampo Torres