14 mayo,2026 8:29 am

Reyna huyó por el cerro, Lidia se quiere ir de la zona; ambas desplazadas sobreviven de caridad en Chilapa

Las dos son víctimas de los ataques del grupo delictivo de Los Ardillos y se encuentran refugiadas en Alcozacán, Chilapa, ahora tienen ayuda humanitaria de los vecinos, pero no saben por cuanto tiempo

Chilpancingo, Guerrero, 14 de mayo de 2026. Reyna Venancio, de 85 años, caminó más de dos horas por brechas accidentadas en el cerro desde Tula hasta Alcozacán la tarde del 6 de mayo, cuando comenzó el ataque a su comunidad. Ayer, ocho días después, su futuro era de incertidumbre, dijo que no sabe si va a poder regresar a  su pueblo, de donde fue desplazada y lo dejó todo.

Lidia, de 23 años, es otra de las desplazadas por la violencia. Originaria de Xicotlán, acompañada de su madre de 54 años y enferma de diabetes, pidió ayer a los funcionaros federales y estatales que llegaron a Alcozacán, que le den acompañamiento para venir a refugiarse a Chilpancingo, porque ya no quiere regresar a su pueblo, pero le dijeron que espere la respuesta hasta el jueves de la próxima semana.

Una de las casas incendiadas en la localidad de Tula, municipio de Chilapa, en los ataques de explosivos lanzados desde drones, que provocó el desplazamiento forzado de los vecinos que se refugiaron en Alcozacán. Foto: Jesús Eduardo Guerrero

Reyna y Lidia son dos de las víctimas de los ataques del grupo delictivo de Los Ardillos y que se encuentran refugiadas en Alcozacán, en donde viven de la ayuda humanitaria de los vecinos, pero no saben por cuanto tiempo.

Reyna, enferma y de avanzada edad, salió sin nada de su casa; “sin ropa y sin comer, así nos salimos ya oscureciendo y se nos hizo noche en el monte, yo ya no podía caminar, traía hinchados los pies”, contó.

Dijo que la tarde del 6 de mayo apenas estaban haciendo la comida, “pero ya no comimos, nos salimos corriendo, fueron los vecinos y nos dijeron: sálganse y váyanse, yo no quería dejar mi casa, pero a ver, con miedo salí con mi hermano, mi cuñada y con otra hermana, nos unimos todos para venirnos y ahora andamos sufriendo hambre acá, sin dinero, sin nada”.

–El Gobierno dice que ya les mandó seguridad, ¿por qué no regresan a su pueblo?

–Sí, pero allá están ellos, no les hicieron nada yo creo, -dijo en referencia al grupo agresor.

–¿Tiene miedo de regresar?

–Sí, si tengo miedo.

–¿Hasta cuándo va a regresar?

–Como que ya no queremos, porque da bastante miedo, pero, también, ¿a dónde vamos a ir?, ya nos sitiaron todo; están para allá abajo, de aquel lado, por este lado y por éste lado también–, dijo señalando los cuatro puntos cardinales.

–O sea, ¿usted no se siente segura ni aquí, en este pueblo?.

–Pues no, además no tenemos familia aquí, nomás algunos de aquí que nos hacen el favor de estar afuerita de sus casas, así la vamos pasando, pero ya no queremos regresar por tanto miedo.

–¿Ante esta situación que está viviendo, que le pide al Gobierno?

–Que estemos seguros, que estemos más bien, según nos dicen que sí, pero quién sabe… quién sabe–, respondió en referencia a la respuesta indiferente de los funcionarios que llegaron ayer en Alcozacán.

Una zona devastada

Reyna fue una de las desplazadas que ayer les dijo a los funcionarios que encabezaron una asamblea, entre ellas la secretaria de Gobernación Rosa Icela Rodríguez y la gobernadora Evelyn Salgado que “tiene bastante miedo”. Dijo que los que atacaron su pueblo le quemaron su casa, su troje de maíz y todo lo que había adentro.

En Tula, de donde es Reyna, se observan algunas casas incineradas en su totalidad. En la entrada del pueblo un caballo yacía ayer tirado en uno de los patios muerto, tal vez por una bala perdida.

En otras casas del fondo, hay cerdos, pollos y perros en los patios en espera de sus dueños y de comida.

Entre llano incontenible, Lidia, de Xicotlán, una localidad que se encuentra a unos 500 metros de Tula, a orillas de la carretera Chilapa-Hueycantenango, dijo que su familia aguantó la balacera la tarde y noche del 6 de mayo, también al día siguiente, “y ya ni recuerdo qué día nos salimos en la noche, pero fue cuando escuchamos que ya venían más cerca tirando; se escuchaban disparos y explosiones, venían quemando el cerro y las casas, por eso nos espantamos mucho y mejor nos venimos para acá”.

Contó que los días que estaban encerrados en su casa, durante los ataques, no comieron porque no podían salir a cocinar en el bracero.

Después que se salieron con su madre enferma de diabetes y con los pies hinchados, no podía caminar, “veníamos muy despacio, a veces cayéndonos en las barrancas y en el monte, de noche”.

Lidia pidió a los funcionarios que llegaron ayer a Alcozacán que la saquen de aquí, “ya no queremos vivir en nuestro pueblo porque siempre ha pasado así, pero nunca nos habían sacado, hasta ahora que nos sacaron de nuestra casa, nos salimos sin nada, sin ropa, todo dejamos en nuestra casa y no sabemos si la quemaron o no”, contó entre sollozos.

Explicó que ella no puede salir sola de aquí por su madre enferma y que no pude caminar, “por eso quiero que nos ayuden, que nos saquen, que nos lleven a Chilpancingo, ya no queremos vivir en nuestro pueblo porque ya no podemos ir a comprar a Chilapa, ¿qué vamos a comer si regresamos ahí?

Sin embargo, un funcionario al que le pidió que le ayude a salir a Chilpancingo no le respondió, “nomás nos pidió nuestro nombre y nos anotó en una lista”. Agregó que otro le dijo que espere hasta el jueves de la próxima semana, “pero ¿cómo voy a esperar tanto tiempo si mi mamá está enferma y no la puedo sacar a curar porque le duelen sus pies?, no tenemos ropa, no tenemos donde bañarnos, no tenemos nada”.

Su pueblo, Xicotlán, se encuentra a orillas de la carretera Chilapa-Hueycantenango, a unos 20 minutos de Chilapa y a 10 de Alcozacán. Ahí todas las casas se encuentran cerradas y abandonadas después de los seis días de ataques del grupo delictivo.

Frente a la Comisaría municipal, donde el lunes se encontró un cadáver tras las balaceras y ataques con explosivos que lazaron con drones, hay solo dos patrullas de la Guardia Nacional que vigilan el pueblo.

En el tramo de la carretera Chilapa a Alcozacán, sólo otras dos patrullas de la Guardia Nacional se vieron en el entronque hacia la población de El Jagüey, y dos más se vieron en Colotepec, una comunidad bajo el control de Los Ardillos que está adelante de Tula y de donde en otras ocasiones han ocurrido ataques tanto a Tula como a Xicotlán.

A las dos de la tarde de ayer, a pesar de la presencia de la Guardia Nacional, los reporteros escucharon disparos a lo lejos, en los cerros que rodean a ambas localidades, lo que los obligó a salir de inmediato del lugar.

El grueso de militares, guardias nacionales y policías estatales, en cambio, acompañaron al convoy de funcionarios del gobierno federal que iban con la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez y la gobernadora Evelyn Salgado Pineda, quienes visitaron las comunidades de Alcozacán y Coatzingo.

Zacarías Cervantes