
Ciudad de México, 7 de abril de 2025.- La importancia de Emilio Carballido (1925-2008) para la historia del teatro mexicano es tal que, durante al menos 70 años del siglo pasado, no hubo década en la que no tuviera un gran éxito en cartelera.
“Yo creo que no hay artista para la escena más longevo en ese sentido”, encomia el dramaturgo y director Luis Mario Moncada, titular de la Coordinación Nacional de Teatro del INBAL.
“Desde 1950, que estrenó su primera obra, hasta su muerte en 2008, no hubo década que no tuviera una obra que tuviera un impacto”.
Con ese banderazo inicial que representó Rosalba y los llaveros (1950), estrenada en el Palacio de Bellas Artes bajo la dirección Salvador Novo, la de Carballido es una de las carreras más prolíficas y significativas de su época.
Sin embargo, en el año en el que se cumple el centenario del nacimiento del autor, el teatro institucional ya acarrea una deuda que es necesario saldar.
“El teatro público en México no le ha hecho un montaje desde hace 20 años”, apunta Moncada en entrevista.
“Me parece que es extraño, porque siendo alguien que en vida tuvo una gran presencia, de pronto se frenó, y yo creo que las nuevas generaciones tendrían que conocer a ese Carballido del que tenemos una reminiscencia por el nombre, pero del que se conoce poco de su obra puesta en escena hoy en día”.
En su natal Córdoba, Veracruz, Carballido es celebrado todos los años en el festival que lleva su nombre, bajo la dirección de Héctor Herrera, depositario de su obra.
La capital también ha montado proyectos abarcadores recientes, como Historias de la Ciudad de México, en Microteatro México, donde se montaron una decena de las 52 obras de un solo acto que el autor dedicó al Distrito Federal de su época.
Ahora, no obstante, toca el turno de que la Coordinación Nacional de Teatro se sume a la conmemoración del centenario de Carballido con colaboraciones y un proyecto propio.
El 28 de mayo, en el mes del aniversario, el Teatro Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque recibirá una producción francesa de Te juro, Juana, que tengo ganas (1965), gestionada por Herrera, y que se presentará primero en Xalapa y luego en Córdoba.
Para octubre, el INBAL se encargará de montar un díptico de obras y un epílogo que nunca se han presentado simultáneamente, a pesar de que comparten personajes y una entrañable historia personal para su autor.
El punto de partida será La danza que sueña la tortuga, una de sus primeras piezas, de la década del 50, con una historia que ocurre en Veracruz.
Casi 15 años después, Carballido escribiría Un vals sin fin por el planeta, una suerte de precuela.
La decisión de montar ambas piezas, explica Moncada, también tiene que ver con confrontar al público contemporáneo con la dramaturgia de un joven Carballido que, con el paso de los años, ha llegado a ser encasillada como costumbrista.
“Había que confrontar con ese Carballido al que miramos con prejuicio, para ver realmente lo que en esa etapa efervescente, juvenil, qué era lo que él estaba estaba planteando”, considera.
Escritas en lo que los estudiosos de Carballido han descrito como un periodo de descubrimiento personal y de redescubrimiento de su natal Veracruz, ambas obras tienen en el personaje de Carlos a un espejo del autor.
“Un joven con ambición de poeta que está mirando la historia de unas tías solteronas”, define Moncada.
“Él es testigo, de alguna manera, de un drama familiar, aunque tratado en modo de comedia, de comedia de enredos, o de equivocaciones, más bien”.
Un autorretrato que, además, realiza una denuncia del machismo de la época a través de la historia de las dos tías que deciden partir hacia la Ciudad de México para huir del control patriarcal en Córdoba.
La danza que sueña la tortuga será producida por la Coordinación Nacional de Teatro, con un equipo aún por anunciar, y Un vals sin fin por el planeta se llevará a cabo con estudiantes de la Escuela Nacional de Arte Teatral.
El programa conmemorativo del INBAL cerrará con una versión escénica del cuento El alma dormida, que Carballido escribió 30 años después de la primera obra, de nuevo con los mismos personajes.
“Es una historia que, en realidad, a él lo acompañó toda su vida, porque fue testigo en su infancia y juventud de esa historia, y después como que le dio para recrearla en más de una ocasión”, señala Moncada.
Este cuento fue complicado de conseguir porque se publicó únicamente en una revista.
Además de tener estas tres obras de cartelera simultáneamente, el INBAL buscará realizar actividades para conmemorar los 50 años de Tramoya, publicación fundada por Carballido, y que aún persiste como un registro invaluable de la dramaturgia mexicana.
La mirada optimista
El centenario de Carballido será una oportunidad para poder reevaluar, con los ojos del presente, una obra que fue fundamental para que el teatro en México saliera de la tradición hispánica.
“Él representó un salto a la modernidad del teatro para México”, analiza Moncada.
Con influencias estadounidenses de autores como Tennessee Williams y Arthur Miller, además de la dramaturgia francesa, la obra de Carballido logró concretar una poética propia y una visión de la realidad nacional.
“Creo que se convierte en el principal expositor de la idiosincrasia nacional que estaba arribando precisamente a una nueva etapa, y lo podemos ver en obras en donde confronta, curiosamente, la visión de las grandes metrópolis con la de la provincia mexicana, que él toma como foco de atención mucho lo que pasa en su estado natal”, explica el también dramaturgo.
Esa nueva etapa a la que se refiere es la época del milagro mexicano, donde el desarrollo económico del País permeaba el ánimo nacional.
“Uno ve su teatro, o lo lee, y de alguna manera como que percibe esa mirada optimista en sus tratamientos, la manera en que aborda a los personajes, la mirada curiosa, que puede ser crítica, pero al mismo tiempo compasiva”, reflexiona.
“Digamos, al contrario de lo que va a pasar con generaciones posteriores en donde tú ves o aprecias el desencanto, una crítica a la que no se le ve salida”.
Además de que se note la constante evolución de su dramaturgia, Moncada espera que el público pueda desprejuiciarse sobre la obra temprana que ha sido tildada de costumbrista.
“En el costumbrismo generalmente hay como un relato o una visión pintoresca, en donde los personajes son esquemáticos y, a final de cuentas, él sí supera el análisis ya más profundo de personajes, tiene construcciones muy sólidas, personajes complejos, situaciones que van mucho más allá del costumbrismo”.
A partir de este mayo, la deuda que el teatro público tiene con Emilio Carballido podrá empezar a saldarse.
Texto e imagen: Agencia Reforma


