
“Si es posible, que sea mejor que la novela anterior”, dice el autor cubano en la charla transmitida por internet Cómo escribir una novela, ofrecida la noche del martes en la Casa Estudio Cien Años de Soledad de la Cdmx. Se nota el oficio de periodista de Padura en las investigaciones que hace para escribir, dice Juan Villoro, quien fungió como anfitrión
Acapulco, Guerrero, 27 de febrero de 2025. El escritor y periodista cubano Leonardo Padura, conocido por las novelas policiacas del detective Mario Conde y por la novela El hombre que amaba a los perros –sobre el asesinato del revolucionario ruso del siglo pasado León Trotsky–, aseguró que la novela es un género abierto aceptando que en ella caben lo mismo la ficción, el reportaje y hasta la exploración autobiográfica.
Por ello, durante la charla –y posterior sesión de preguntas– Cómo escribir una novela que ofreció la noche del martes en la Casa Estudio Cien Años de Soledad, de la Ciudad de México, invitó a quienes deseen escribir una “a olvidarse un poco de los límites escolásticos”.
Uno debe tratar de hacer lo que es capaz de hacer y que puede hacer, dijo el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015 y ganador de la Medalla Carlos Fuentes en el marco de la Feria Internacional de Guadalajara 2020, ante el grupo reunido en la casa donde Gabriel García Márquez escribió su obra más popular, y ante quienes siguieron la trasmisión por Internet; “si (al final) se considera novela o no por determinado crítico, es posterior; el hecho creativo uno tiene que asumirlo y si se llena ese texto (la novela) de realidad pues bienvenida sea la realidad porque la realidad alimenta la literatura, indiscutiblemente”.
Además, señaló que “el único método posible y válido para aprender a escribir es leer, es ver cómo los otros escriben una novela, sobre todo cómo se han escrito las buenas novelas y, luego, intentarlo cada uno con las herramientas de que disponga”.
Tras iniciar la charla y revelar que él nunca asistió a algún taller de novela, comentando que ninguno resolverá el problema de cómo escribir una más allá de ofrecer algunas herramientas, a lo largo de la misma recordó su gran deseo por escribir, sus primeros intentos de hacerlo a principios de los años ochenta, y destacó a autores como Emmanuel Carrère, Richard Ford, Raymond Chandler, Truman Capote o Leila Guerrero, y ofreció algunos ejemplos de sus 14 novelas.
Luego de comentar en algún momento que “como no debe haber dos novelas iguales, no hay, ni debe haber, dos novelistas iguales, y cada uno debe descubrir por sí mismo el novelista que es, o que quiere ser” compartió una veintena de puntos que consideró imprescindibles para la construcción de una novela; la idea, la intención, el argumento, los personajes con sus conflictos, punto de vista (la persona narrativa), el tiempo verbal y el tono (el estilo) de la novela, algunos de ellos.
Sobre el último, el tono, el nacido en La Habana en 1955, abundó en que siendo la conjunción de elementos, “es el sello que distingue a una novela, el que imprime el creador individual al texto y lo convierte en una obra de arte”.
La estructura, el tempo narrativo (la velocidad de la narración), el clímax de la novela, la continuidad de la escritura, la profesionalización de la escritura y la disciplina así como la disposición mental del escritor otros de los puntos.
A ellos se sumarían la necesidad de tener un lector crítico que lea el trabajo antes de enviar al editor y tener claro al lector modelo al que le gustaría llegar
Finalmente enunció puntos como la experiencia, la incapacidad del escritor para saber cuándo está terminada la novela y sobre todo que una novela tiene que crear un mundo y que su escritura debe representar un reto, un desafío.
“(Hay que) escribir la mejor novela que uno sea capaz de escribir en el momento en el que la escriba (…) Y, si es posible, que sea mejor que la novela anterior, que sea distinta, que toque otras cuerdas de la sensibilidad y la condición humana, que busque y practique estrategias narrativas, estilísticas y estructurales, incluso conceptuales nuevas”, recomendó.
Previamente, el escritor Juan Villoro, director de proyectos de la casa estudio y que acompañó a Padura durante la charla, destacó que este es “un escritor múltiple, un escritor que es muy conocido por su serie de novelas policiacas protagonizadas por Mario Conde y, por supuesto, por El Hombre que Amaba a los Perros, la novela sobre el asesinato de León Trotsky, pero una de las cosas más interesantes a mi modo de ver de su trayectoria es la capacidad de abordar con talento distintos géneros”.
Luego de resaltar que Padura se formó como periodista añadió que “creo que no ha abandonado nunca esas enseñanzas, se nota en las investigaciones que hace para sus novelas”.
Regresa el escritor a Coyoacán, la “escena del crimen”
Como un detective que sigue obsesionado por un caso del pasado, el escritor Leonardo Padura volvió el pasado sábado a la escena del crimen, a la Alcaldía Coyoacán, apenas a un kilómetro de donde un golpe seco de piolet terminó con la vida del revolucionario León Trotsky en 1940.
Este curioso escenario, sugerido por el periodista Javier Lafuente, resultó del agrado del novelista cubano, quien ese día ofreció una charla con motivo de los 15 años de la publicación del que, muy probablemente, es su libro más celebrado: El Hombre que Amaba a los Perros (Tusquets).
Desde un templete dispuesto en el pórtico del Palacio de Cortés, Padura (La Habana, 1955) recordó que fue en 1989 cuando visitó por primera vez la casa donde Trotsky fue asesinado, pero que la novela venía rondándole por la cabeza desde tiempo atrás.
“Creo que El Hombre que Amaba a los Perros surge de una acumulación, una acumulación de obsesiones que se me fueron presentando a lo largo de los años”, expuso ante una carpa atiborrada de lectores con sus ejemplares en mano, en respuesta al periodista que condujo la conversación.
Descrita por Lafuente como “muchas novelas en una”, la de Padura está narrada desde la perspectiva de un personaje ficticio, el aspirante a escritor Iván Cárdenas, quien rememora el encuentro que tuvo décadas atrás con un enigmático sujeto y sus dos perros espléndidos, mismo que habría de revelarle detalles insólitos sobre la vida del comunista español Ramón Mercader, el asesino de Trotsky.
“Esto es una cosa que todavía me impresiona: el hecho de cómo la historia puede salir de los libros, entrar en la realidad, y tocarlo a uno en el hombro”, narró Padura en la charla organizada por Grupo Planeta y la Alcaldía Coyoacán.
“Cuando supe que Ramón Mercader había vivido, entre los años 74 y 78 en La Habana, que yo pude haberme encontrado con Ramón Mercader paseando por La Habana con esos dos maravillosos galgos rusos que tenía, fue un elemento que me despertó el interés, y fue entonces que empecé a entender y a conocer algunos aspectos que estaban relacionados con la historia de Trotsky y de Mercader”, abundó.
Aquella revelación fue el inicio de una pesquisa de larga duración, tanto en libros inconseguibles como en archivos desclasificados, que siempre estuvo al servicio de la intención que Padura tenía para la novela.
“Yo pretendí, y creo que es lo que hice, escribir una novela para hablar de la perversión de un proceso utópico. Un proceso que prometió, intentó, filosofó, sobre la creación de la sociedad de los iguales, esa sociedad donde todos íbamos a vivir con el máximo de libertad y en el máximo de democracia, con el máximo de posibilidades”, expuso.
“Y cómo ese proyecto que se trató de poner en práctica, pues se pervirtió muy rápidamente, y encuentra un punto en el que ya esa perversión no tiene retroceso”, agregó.
Para ello, Padura asegura que era necesario que fuera un escritor cubano quien pusiera esa historia en papel, pues el 80 por ciento de la información del libro era conseguible, pero no el resto.
“A un novelista mexicano, argentino, español, con capacidad para escribir un libro, de mi generación, con intereses, con acceso a esta información, le faltaría conocimiento, que es el conocimiento personal de lo que es vivir en un país de sistema socialista”, declaró sobre el 20 por ciento restante.
Desde Cuba, donde nunca ha dejado de residir, Padura reconstruyó por sus medios la vida de Trotsky, a quien en todos los países de influencia soviética se trataba como a un traidor, y la de Ramón Mercader, un elusivo agente de Stalin cuya historia todavía tiene huecos insalvables y que pasó por la vida con varios nombres falsos.
Iván Cárdenas, por otro lado, es un reflejo del destino que pudo acaecerle al escritor que lo creó.
“El personaje más real de los tres es el personaje de ficción, es el personaje de Iván, este escritor que conoce a ese señor ‘Ramón López’ y, a partir de ese conocimiento y de las conversaciones que tienen, va construyendo esta historia”, contó el escritor.
“Iván pudo haber sido yo: es la experiencia de haber vivido en una sociedad como la nuestra, una sociedad donde, por ejemplo, el conocimiento de Trotsky estaba en ese sector de las ignorancias programadas, las ignorancias que estaban establecidas”, se comparó con el personaje que fue apartado de la vida pública por el gobierno.
Publicado hace 15 años, pero comenzado a escribir desde hace 20, El Hombre que Amaba a los Perros es un libro que Padura todavía estima vigente.
Por un lado, existen todavía los personajes como Ramón Mercader, que cometen crímenes a partir de una ideología recalcitrante, y también están los proyectos utópicos que han fallado, además de las amenazas contemporáneas como el sentimiento antiinmigrante azuzado de Donald Trump en Estados Unidos.
Una condición que hizo que Padura recordara el diálogo que sostienen dos personajes de la película Los Lunes al Sol, de Fernando León: “Coño, pues resulta que todo lo que nos habían dicho sobre el socialismo era mentira, y todo lo que nos habían dicho sobre el capitalismo era verdad”.
“De alguna manera tiene que haber una manera, otra mirada, otra posibilidad, otra intención con respecto a las sociedades que estamos viviendo, ésa es la utopía que nos debe esperar en el siglo 21, creo yo, sin cometer los errores que se cometió en el intento de práctica de la utopía en el siglo 20”.
Aunque hubo algunos llamados de inconformidad ante la imposibilidad de recibir preguntas del público, prácticamente todos los presentes hicieron fila para que el autor firmara sus ejemplares. (Angela Janayna Mendoza Parada / Agencia Reforma / Ciudad de México).
Texto: Óscar Ricardo Muñoz Cano


