
Acapulco, Guerrero, 14 de enero de 2020. El techo de un cuarto de la primaria Francisco Pérez Ríos que se habilitaba como aula se desplomó, mientras los alumnos esperaban tener un salón de clases, debido a que estudian en la biblioteca porque está inhabilitado uno de los salones.
El salón fue inhabilitado después del sismo de 2017, siendo una de las tres aulas del plantel que resultaron con daños por el movimiento telúrico.
El director de la primaria, Rafael Alcaraz Dircio, explicó que este lunes cuando llegaron los alumnos a la escuela ya se había desplomado la losa del cuarto que estaban habilitando y que era ocupado como bodega, por lo que se llamó a las autoridades de Protección Civil ante el riesgo que representa para los alumnos de ese plantel educativo.
El docente expuso que los padres de familia se organizaron para ponerle techo a uno de los cuartos que se ocupaban de bodega y que estaba cubierto con lámina, para habilitarlo como aula y que fuera usado por los alumnos de primer año, que están tomando clases en la biblioteca.
Explicó que después del sismo de 2017, en la revisión de Protección Civil estatal se determinó que había daños en tres aulas; sin embargo, no les dieron un dictamen al respecto, les dijeron que no tenían problema, pero en una revisión que solicitaron a especialistas arquitectos e ingenieros, éstos recomendaron no utilizar uno de los tres salones dañados.
Por ello faltaban espacios para todos los 398 alumnos que estudian en ese plantel. Se tienen 15 aulas, pero son insuficientes, pues les sigue faltando un salón para un grupo de 25 estudiantes.
“El que estaba trabajando no hizo bien sus cálculos y ese fue el problema”, dijo el director respecto a la obra que estaban realizando en el salón, y agregó fue el propio albañil el que decidió hacer movimientos para que el techo colapsara.
Este lunes, los padres de familia y el director pensaron en retirar el escombro del techo, sin embargo, Protección Civil les dijo que tenían que esperar el dictamen, por lo que hoy entregará un escrito a la dependencia, para que se agilice el trámite y sacar el techo caído, evitando el riesgo para los alumnos.
“Nosotros buscábamos precisamente mejores condiciones para los alumnos. Nunca imaginamos lo que iba a pasar, aunque sí se pensó que antes de que se trasladara a los niños íbamos a pedir a ingenieros y arquitectos que revisaran la construcción, para estar seguros de que era adecuada para los alumnos”, manifestó.
Agregó que los padres de familia ya habían contratado los servicios de un ingeniero y un arquitecto para revisar la obra, que llevaba un avance del 60 por ciento.
Consideró que lo afortunado es que no pasó de pérdidas económicas para la escuela, que haya sido cuando no había estudiantes, para no haber percances que lamentar.
Texto: Mariana Labastida / Foto: Carlos Alberto Carbajal


