
La familia Torres y Cordero fundó la fábrica hace 40 años. La técnica originaria de China que llegó al país en el siglo XIX la aprendió en los libros de manera autodidacta.
Ciudad de México, 31 de octubre de 2018. En la periferia de Xochimilco las calles están cubiertas de polvo pero la inscripción que dice “Papel picado” frente a la casa de la familia Torres y Cordero indica que desde aquí, entre vendedores de neumáticos y talleres mecánicos, México se inunda de color.
Para el Día de Muertos el país se cubre de papel picado, un papel de seda labrado con el que se hacen guirnaldas. Desde hace cuatro décadas esta familia lo produce en su fábrica artesanal situado al sur de Ciudad de México.
Alberto Torres y Cordero, de 81 años, desliza la mano sobre un papel azul Francia. “Cuando yo estudiaba para ser maestro, un profesor nos dio papel y tijera. El (hecho de) que ahora trabaje con papel se lo debo a eso”, afirma.

Los mexicanos decoran con papel picado las calles o casas para distintas celebraciones. En especial para estos días, cuando se honra a los difuntos en un homenaje colorido que quedó reflejado en Coco (2017), ganadora del Oscar a la Mejor Película de Animación.
Torres y Cordero fundó la fábrica hace 40 años. Fue autodidacta: aprendió en los libros la técnica, que tiene su origen en China y llegó a México en el siglo XIX.
Su fascinación por el trabajo con papel fue tanta que decidió dejar su profesión de maestro para dedicarse sólo a eso. Junto con su esposa Bernardina Alfaro López estableció un negocio que ahora tiene clientes de todo el mundo.
Las fronteras entre la casa familiar y la fábrica se difuminan. Mientras en el piso superior se elaboran papeles, abajo llaman a comer.
Una de sus hijas se ocupa ahora de manejar el día a día del negocio. Los otros siete hijos optaron por diferentes carreras, como ingeniería o biología.
Entre los 25 empleados de la fábrica hay también sobrinos y sobrinas que trabajan como “picadores”. En el taller se oye un golpeteo suave y constante. Aquí todavía se hacen los diseños a mano, con martillo y cincel.
Guadalupe Herrera es “picadora” desde hace más de 10 años. “Según el grado de dificultad de un diseño necesito alrededor de una hora para 90 papeles”, dice. En una semana la fábrica confecciona en total unos 5 mil ejemplares.
Como en otros rubros, la producción ya se hace también en fábricas industriales. La familia no puede seguir el ritmo de la producción en masa, pero Alberto Torres y Cordeno no se preocupa por el futuro de su negocio.
“Podemos atender a los clientes individualmente. Por eso las fábricas con diseños estándar no son competencia para nosotros”, explica.
Ellos pueden plasmar en el papel cualquier pedido: desde calaveras brindando a símbolos nacionales de otros países para festejos en sus embajadas.
Texto y foto: DPA
