
Chilpancingo, Guerrero, 24 de junio de 2020. “Nadie te prepara para ver fallecer en una guardia a cinco, seis, siete personas”, señala un enfermero del ISSSTE de Acapulco que padeció síndrome de ansiedad postraumática, después de superar el Covid-19, y planteó la necesidad de un programa de salud mental en los sistemas de salud federal y estatal durante la pandemia, para el personal de atención médica.
El enfermero que llamaremos Javier, por protección de sus datos personales, aclaró que llegó a un consultorio privado de un siquiatra con taquicardia, respiración agitada, problemas de insomnio y de reflujo que no cesaba, pese a los medicamentos que tomó para la gastritis, un malestar que mantenía controlado antes de la cuarentena.
El especialista le confirmó que no era el primero. Ya ha recibido a muchos pacientes que sobrevivieron al nuevo coronavirus, porque para las personas enfrentan mucho estrés con esta enfermedad.
Javier recordó que por la contingencia sanitarias todas las consultas en el sector público están canceladas, sólo se mantienen las atenciones de urgencia, por lo tanto, tampoco hay servicios de siquiatría. Agregó que la salud mental de los trabajadores, tampoco es un tema prioritario en el sector salud.
Conocedor del sector, dijo que sabe de enfermeras en el IMSS que al regresar al servicio después de estar en cuarentena por el Covid-19, se han vomitado sobre el uniforme de seguridad y no recibieron contención emocional. Estimó que el trato a sus trabajadores es un poco mejor en el ISSSTE, al menos en el acceso a medicamentos.
Consultado luego de que recibió los resultados de la segunda tomografía de tórax, con siete kilos menos desde que identificó que era posible portador del virus, esta semana finalmente le informaron que superó lo peor del coronavirus, y recibió una extensión de incapacidad laboral.
“Ahora deberían crear un departamento de salud mental en el trabajo, nosotros desde que empezamos con esta carrera, hemos visto mucha gente fallecer, pero nada comparado con esto. Ver fallecer en una guardia a cinco, seis o siete personas…. Hemos visto fallecer gente, pero nada te prepara”.
Por el trascendido de los decesos, confirmó que muchas personas ya no van a los hospitales, se atienden con medicamento de similares, en consultorios particulares, sin prueba, “hay quienes mueren en sus casas”y ninguno entra a la estadística ni siquiera como sospechosos.
Incluso, estimó que a pesar de que él tuvo todos los síntomas, recibió tratamiento de coronavirus y fue atendido en el sector, no será un caso positivo en la estadística de la Secretaría de Salud federal, porque su diagnóstico fue enfermedad pulmonar generalizada, posible Covid-19.
Después de esta experiencia, consideró que la vida y la muerte en los pacientes de coronavirus, aún con enfermedades crónicas, depende de que las personas tengan bajo control con medicación las otras enfermedades, porque sí hay medicinas para el coronavirus.
Incluso, dijo que ya ha visto que personas surten recetas en farmacias: antibióticos para limitar procesos infecciones en neumonías fuertes, retrovirales, ivermectrina –que se recomienda en casos de tener muchos los piojos, porque inhibe el virus.
Además de la dexametasona, que la Secretaría de Salud acaba de incluir en hospitales públicos, y que se está recetando a pacientes críticos que no quieren ir a los hospitales. Además del paracetamol para la fiebre y el dolor de articulaciones, porque no afectan tanto el hígado. Todos son medicamentos controlados.
Javier precisó que no se contagió en el servicio, fue de manera externa, por un familiar que sí labora en un área Covid. Aclaró que dejó de ir a trabajar tan pronto lo supo, para evitar contagios entre sus compañeros.
“Tuve síntomas leves: diarrea, un poco de fiebre, lo que sí me dio fue mucha tos y tuve ocho días con dificultad respiratoria. Me dieron 14 días de incapacidad, medicamentos antivirales, antobióticos y paracetamol”.
Texto: Lourdes Chávez / Foto: Carlos Alberto Carbajal-Archivo


