22 noviembre,2021 8:15 am

Se suma el arzobispo a la propuesta de que el gobierno dialogue con el narco

Es una opción para llegar a la justicia y “tal vez valga la pena considerarlo y discutirlo, en busca de mejores resultados”, dice Leopoldo González. El sentir de los ciudadanos sobre la violencia es “ya basta de todo esto”, justifica

Acapulco, Guerrero, 22 de noviembre de 2021. El arzobispo de Acapulco, Leopoldo González González, llamó a considerar el diálogo entre autoridades y victimarios, como una opción para llegar a la justicia. “Tal vez valga la pena considerarlo y discutirlo, en busca de mejores resultados”.

En su comunicado quincenal, el arzobispo se refirió a la violencia que afecta al país, al estado y al municipio, donde dijo que el sentir de los ciudadanos es “ya basta de todo esto”.

Indicó que una opción para lograr la paz es mediante la justicia restaurativa, la cual, explicó “supone el diálogo entre la autoridad y las personas que han cometido crímenes y delitos. No se trata de un arreglo en lo oscuro, sino transparente y público, legal (busca la solución de fondo de la violencia y la inseguridad), busca el beneficio de la sociedad, viendo por la víctima y rescatando a aquella persona de su conducta criminal”.

El arzobispo de Acapulco es el segundo obispo del estado que aboga porque las autoridades recurran al diálogo con los grupos delictivos del narcotráfico para que cese la violencia en la entidad. El primero fue el obispo de la diócesis Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel, quien también ha insistido desde hace años en el diálogo con los delincuentes para detener la violencia en el estado.

El mensaje del arzobispo ocurre luego de que la violencia en el estado va en aumento.

Leopoldo González les dijo a las víctimas de la violencia: “Quiero expresar una palabra de cercanía y de consuelo a quienes han sido víctimas de estas violencias, decirles que a muchos nos duele y nos indigna lo que les han hecho. Pedimos a Dios el eterno descanso para sus seres queridos asesinados o ejecutados, y la liberación para quienes se encuentran desaparecidos”.

También se refirió a que “las extorsiones y el cobro de piso, la destrucción de negocios y pertenencias para intimidar, son una dolorosa sangría que socava la esperanza y el deseo de trabajar”.

El problema de la violencia y la inseguridad en el municipio y en el estado, reflexionó el arzobispo, “es un mal con raíces de largo tiempo atrás, abonadas por la impunidad”, y para erradicarlo es necesaria la participación de todos.

El arzobispo señala que las autoridades tienen el deber irrenunciable de realizar una investigación ante un crimen o delito, para conocer la verdad, procurar la restauración del daño y asegurar que el victimario no cometa el delito otra vez.

Agregó que el estado tiene la capacidad de emplear la fuerza pública, en caso de un delincuente no se someta ante las autoridades, “la autoridad ha de emplear la fuerza necesaria para reducirlo, y sólo esa fuerza”; tener claro que no es la muerte de la persona lo que interesa, sino la defensa de la vida propia o la de otra persona.

Monseñor insistió en la necesidad de que todos los ciudadanos asuman su responsabilidad en el combate a la violencia y a la inseguridad. “La autoridad no puede ella sola erradicar la violencia. Todos los ciudadanos hemos de comprometernos a no meterla a nuestro hogar y excluirla de nuestro quehacer diario en la sociedad, pero también expresar y hacer sentir a quienes perpetraron un crimen o cometen el delito, que rechazamos la fechoría que cometieron. Que no quede la apariencia de que en un crimen, sólo quienes lo sufrieron directamente han sido afectados”.

La violencia, señala, es un problema de salud pública. Desde “verla desde esa perspectiva implica reconocer que el esfuerzo por erradicarla debe ser multidimensional, que se requiere un diagnóstico interdisciplinar que identifique los principales factores de riesgo sobre los que hay que intervenir y que es necesaria la cooperación de todos los sectores públicos y sociales, para abordar el problema de la violencia mediante la acción colectiva, con estrategias diversas adoptadas por todos, cada quien, según el ámbito de la propia competencia”.

A los sacerdotes les convocó a buscar el diálogo con todas las personas, para llamar a la conversión o al menos buscar el bien posible.

Texto: Daniel Velázquez

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