11 octubre,2025 4:25 am

Se suman decenas de miles de hectáreas más a la protección ambiental en la Montaña baja y la Cañada

Petatlán, Atlixtac, Guerrero, a 11 de octubre de 2025.- La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) entregó siete certificados de Áreas Destinadas Voluntariamente a la Conservación, a igual número de comunidades que se suman a seis núcleos agrarios certificados antes, y que en conjunto integran la Unión de Ejidos y Comunidades de Montaña Baja y la Cañada, que representa una superficie superior a 83 mil 500 hectáreas.

En la matutina reunión no se pudo hacer la declaratoria oficial del Corredor Biocultural, por la ausencia irrespetuosa de Pedro Álvarez Icaza, titular de la Conanp, quien sin embargo envío saludos en un audio musicalizado a la manera introductoria de los valses de quinceañeras.

Con la presencia de más de 300 comuneros y ejidatarios de la unión, además de comunidades y organizaciones invitadas como los artesanos mezcaleros de  Zanzekan Tinemi de la zona centro, represantada por Rogelio Alquisiras Burgos; la Universidad Campesina, representada por Carlos García Jiménez, con fuerte presencia en Costa Grande, y muchas más, se confirma lo que en entrevista con El Sur dijo Valeriano Abelino Bautista, presidente de la joven Unión de Ejidos y Comunidades y autoridad de la comunidad anfitriona, “por usos y costumbres, nosotros siempre hemos cuidado las plantas y los animalitos, por eso están así de cuidados nuestros bosques”, y por eso considera es que obtuvieron la certificación sus áreas.

En la reunión se entregaron siete certificados que amparan más de 31 mil 400 hectáreas, de las 42 mil que constituyen el Corredor Biocultural, dentro de la propiedad social mayor de los 13 núcleos, de 83 mil 500 hectáreas.

A la reunión acudieron diversas dependencias de la administración pública federal y estatal, como el Instituto Nacional de Pueblos Indígenas (INPI), cuyo delegado estatal, Manuel Vásquez Quintero, dijo a la asamblea que respetaba la autonomía con que las comunidades se daban esa forma de organización y que hoy más que nunca “hay que hacer valer los derechos constitucionales vigentes”, al tiempo que invitó a participar “con igual interés, en el proceso de consulta, para reglamentar los derechos indígenas reconocidos en la constitución”.

Protagonista central del trabajo de convencimiento, capacitación, deliberación asambleística y demás, Javier Bailón Miranda aseguró en entrevista, que detrás de la constitución de la organización social y de la demorada declaratoria de Corredor Biocultural, hay “una década de trabajo”, siempre en ánimo constructivo con las instituciones públicas, a pesar de algunos desencuentros.

En ese lapso “hemos diagnosticado el problema ambiental”, incluidos incendios y contaminación del río Tlapaneco, lo que llevó a la conclusión de que se requiere una estructura regional intercomunitaria.

Aseguró que han sido múltiples asambleas informativas en comunidades, de discusión y acuerdos, que esperan continuar en un clima corresponsable con las instancias oficiales, porque por encima de todo, está el imperativo de emprender acciones climáticas que contribuyan realmente a paliar los efectos del cambio climático.

Durante la reunión se leyó un documento oficial de la organización, muy cuidado en su elaboración y firmado por autoridades de los 13 núcleos agrarios, donde precisaron su disposición “propositiva e innovadora”, alineada con las políticas de “nuestra presidenta Claudia Sheimbaum”.

En el mismo texto se describió la región, destacando la producción de mamey en Alpoyeca y Huamuxtitlan; el patrimonio hídrico y los bosques de pino, encino y otros, además de la fauna que alberga el Corredor Biocultural, donde se han encontrado “cinco de los seis felinos que existen en México: tigrillo, yahuaruti, lince, ocelote y puma”.

Además de la declaratoria que haría el funcionario ausente, el corredor queda delimitado como una fracción de la masa territorial de las 13 comunidades y ejidos de los municipios de Tlapa, Huamuxtitlán, Chilapa, Atlixtac, Cualac y Alpoyeca, donde viven 150 comunidades y decenas de miles de indígenas.

Texto y foto: Martín Equihua