2 septiembre,2025 6:14 am

Sheinbaum: nuevos retos, viejas formas

EDITORIAL

 

En un intento de síntesis de sus primeros once meses de gobierno, la presidenta Claudia Sheinbaum dijo en su mensaje en Palacio Nacional este lunes: “Vamos bien y vamos a ir mejor”.

En esa fórmula y en su discurso, la mandataria evitó entrar en matices o exponer los grandes atrasos del país. Por el contrario, adoptó un tono en el que todo parece progreso y la gestión oficial es impecable.

Si bien son saldos que no pueden computarse íntegramente a la cuenta de este gobierno, México vive una economía que apenas crece, con desigualdades aún estremecedoras a contracorriente de la disminución de la pobreza y una violencia que parece indetenible, pese a los severos golpes dados al crimen organizado tras seis años de una política de pasividad gubernamental.

Los rezagos que Sheinbaum recibió en esos terrenos eran de peso. Cualquier esfuerzo para revertirlos, por muy importantes que sean, todavía son menores si se comparan con las metas deseables.

El cambio de gobierno se produjo sin las crisis económicas que sacudieron al país en otros relevos sexenales. La medición de las desigualdades y de la violencia indican tendencias positivas y es notable el impacto de una de las decisiones más trascendentes en la historia reciente del país: el aumento del salario mínimo, adoptado en la administración anterior.

Pero poco favor se hace la presidenta a sí misma, a su gobierno y a su movimiento, cuando rechaza ubicar esos avances dentro de las realidades del país, que representan todavía retos mayúsculos. Un elemental ejercicio de transparencia obliga al contraste, no a la proclama triunfalista.

El discurso de Sheinbaum fue un mensaje político en Palacio Nacional, ante unos centenares de invitados, en la fecha en la que debe presentar al Congreso de la Unión un informe del estado de la administración pública.

De esa manera mantuvo un ritual autoritario, adoptado en el pasado para evitar que el jefe de Estado quedara sujeto a los vaivenes del debate en las cámaras legislativas, a medida que la pluralidad nacional cambió las reglas del juego parlamentario.

Mal servicio le hace Sheinbaum a su reiterada oferta de democracia, al prolongar esa práctica obsoleta. Es en el Congreso, ante las distintas expresiones políticas, donde la presidenta tiene que informar, por ley y por esencia republicana. Aunque haya gritos o interpelaciones como los había cuando su movimiento estaba en la oposición.

En su mensaje, la presidenta recurrió también a una fórmula que debiera ya estar en desuso y que salta a la vista en Guerrero.

Sheinbaum citó la inauguración del Marinabús como parte de los proyectos que ha impulsado su gobierno para la recuperación de Acapulco tras los huracanes. Pero los hechos muestran que ese servicio no opera en la realidad, no existe el muelle en la terminal de Puerto Marqués y las obras respectivas están paralizadas por los marquesanos, los primeros afectados por las mismas y que protestan así para exigir información sobre el nuevo sistema de transporte.

Inaugurar obras en proceso, sólo para buscar la foto y el registro, parecía una práctica del viejo priismo, pero parece ya una costumbre de la 4T. Así ocurrió con las distintas etapas del Tren Maya o la refinería Olmeca en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Sheinbaum acaba de inaugurar en Acapulco sólo un sector del nuevo hospital del ISSSTE. Antes inauguró el hospital de Tlapa, para el cual, reconoció días después, las autoridades no habían podido contratar los médicos especialistas que se necesitan.

La propia presidenta prometió en Acapulco que el 90 por ciento del Jardín del Puerto –otra de las obras de la recuperación post huracanes– sería de áreas verdes. Pero el proyecto realmente existente destina la mayor parte del espacio a locales comerciales. Quieren hacer un negocio donde la sociedad reclama un espacio familiar de paz y esparcimiento.

Detrás del Marinabús y el Jardín del Puerto está la Marina, un cuerpo que, junto al Ejército, son instituciones de creciente injerencia en la vida civil, sin precedente en la historia nacional. Es notable que decisiones de una corporación militar resulten en obras públicas levantadas sin consulta a la población directamente afectada o incluso ajenas al interés social.

En un sector del río Papagayo, la protesta popular de los vecinos de los Bienes Comunales de Cacahuatepec ha paralizado en distintos momentos las obras de construcción de tres pozos radiales destinados a mejorar el abasto de agua de Acapulco, otra vertiente del esfuerzo de rehabilitación de la ciudad encabezado por la presidenta Sheinbaum. Pero los vecinos exigen que antes les garanticen a ellos mismos el suministro de agua que nunca han tenido en pueblos del Acapulco rural carentes de los servicios básicos, una tarea pendiente de los gobiernos municipales que se han sucedido en este siglo, la mayoría postulados por la izquierda.

La presidenta Sheinbaum ha visitado la ciudad ocho veces en estos 11 meses, un número que no alcanzaron sus antecesores en sus seis años en el cargo. Ello demuestra su interés por impulsar la recuperación de Acapulco tras los devastadores huracanes que afectaron a todos los sectores de la ciudad y cuyos efectos en la economía y la vida cotidiana de los acapulqueños siguen presentes.

Pero la compulsión de ofrecer resultados no debiera llevar a un discurso en el que falta el reconocimiento de una realidad y de las capacidades del Estado para enfrentarla con formas efectivamente democráticas.

Con las herramientas que puede tener este gobierno, y su declarada voluntad de cambio y corrección social, es posible afrontar los retos nacionales y locales en sus actuales dimensiones. Pero no será posible hacerlo con el cultivo de las viejas formas, sino con un nuevo discurso y nuevas prácticas políticas que alienten la participación de la sociedad en los asuntos públicos.

No todo es una cuestión de elecciones y de popularidad. Sin el concurso de la gente en cada una de las cuestiones que la afectan no es creíble un discurso que hable de transformación.