14 julio,2026 5:45 am

Sin modelos exteriores a la historia

 

Federico Vite

 

La razón por la que suelo detenerme en autores que pasan la prueba del tiempo es simple: descifrar cómo eligieron la estructura de sus novelas. ¿Por qué es importante una estructura? Para enfatizar rasgos de estilo, expandir el universo interno del autor y, por supuesto, para confirmar el dominio del oficio. Hablo de continentes, gracias a los cuales se yerguen personajes, sobre escenarios, que actúan entre sí de manera sui generis. Pienso en ello con recurrencia y elijo, de las referencias que poseo, ejemplos que años atrás me parecieron poco atractivos. Usted dirá, ¡qué necedad volver al pasado! Pero a veces es una forma de retomar la sabiduría no aceptada en su momento. Justo para capitalizar mi omisión, releí L’amant (Francia, Les éditions de minuit, 1984, 141 páginas), de Marguerite Duras.
Recordemos que L’amant recibió el premio Goncourt ese año, vendió muchísimos ejemplares y atrajo la atención inmediata de los directores de cine. A los tres primeros meses de haber sido publicada, la novela en cuestión ya había vendido cien mil ejemplares. ¿Por qué? Bueno, tal vez el lector prefiguraba un escándalo al estilo Lolita (1955), pero basta con echarle un ojo para entender que la comparación no es precisa ni adecuada. Lo de El amante se cuece aparte, lejos de Nabokov.
Duras concedió una entrevista al programa Apostrophes –conducido por Bernard Pivout– a finales de septiembre de 1984. El libro ya circulaba por toda Francia y por las zonas francófonas de Europa. Durante la conversación, la escritora confesó que esta novela nació de una experiencia real. Es decir, habla con naturalidad de una relación apasionada con un hombre asiático. Ella tenía quince años; él veintisiete, y se sentía arrobada por aquel tipo. “Me encantaba su riqueza, su cuerpo, su atracción era tan fuerte, pero terminó”.
Las respuestas son parcas, sin emoción evidente, pero concisas. Como si diera sólo la información precisa para que el espectador lograra entender un proceso mayúsculo que no sólo tiene que ver con la literatura sino con la vida. “Supe que sería mi amante; yo era muy pobre y tenía una vida difícil. Estaba asombrada por todo el estilo de vida de este multimillonario. Me sentía sorprendida y atraída, por supuesto, por el dinero”.
L’amant posee una sobriedad que nunca se pierde durante toda la historia, lo mismo habla del cuerpo como del dinero, de la vergüenza y el dolor de estar fuera de la vida de un hombre rico, alguien a quien su familia reprende por estar con una campesina. Duras no cae en cursilería ni melodrama, se mantiene en el tono inicial del relato: “Un día, ya era vieja, en el vestíbulo de un salón público un hombre vino hacia mí. Se presentó y me dijo: ‘Te conozco desde siempre. Todo el mundo dice que eras hermosa cuando eras joven; he venido a decirte que para mí eres aún más hermosa ahora’”.
La ficción signa que ella tiene dieciocho años; el veinticinco. Es decir, se estandariza legalmente la unión para no generar suspicacias de ningún tipo en el lector, pero en la entrevista se dan otros datos, los de no ficción. También se confiesan aspectos que tienen que ver de manera directa con la novela: “Cuando un muchacho se tiró al agua para suicidarse, yo estaba allí. Era más de medianoche. El barco se detuvo, pero fue demasiado tarde. El cadáver se había perdido. Este hecho (el lanzamiento del joven suicida), me hizo recordar a mi amante. Sin duda lo amaba”.
En la novela, la imagen de ese recuerdo es igual: “Había gente jugando cartas en el bar de primera clase; entre los jugadores había un joven y, en un momento dado, sin decir una palabra, dejó las cartas sobre la mesa y salió del bar, corrió por la cubierta y se lanzó al mar”. Este hecho brusco, sin aparente conexión, es lo que permite cerrar la llave del recuerdo con el que enfoca su vida la narradora y con el que cierra la historia. Encapsula el tiempo. Este recurso sirve para traer a la mente de la narradora la dulzura de ese amante y el explosivo duelo de la separación. Yo me pregunto, ¿por qué copiar la realidad así? Bueno, es una experiencia muy fuerte que ningún entramado novedoso podría superar y esto tiene que ver con la prosa de frases cortas, imágenes precisas y emociones templadas que elabora muy bien Duras para crear un ritmo de ensueño. En un solo trazo, el lector conoce información de los personajes y se conmueve. Eso no lo logra cualquier autor. Me da la impresión que la autora encontró el nervio del relato y sólo a eso se sometió, describir los hechos, sin atiborrar de paja la historia, ni mucho menos llenarla de artificios. Es una estructura con saltos en el tiempo, sin variaciones en el tono, pero con un gran registro de emociones. No hay otra forma de contar esta historia, porque la emoción contenida de la prosa brinda una capacidad expresiva inmejorable. No hay una tensión en el cómo, sino en el qué. La historia se erige gracias a la manera en la que la narradora revisa su pasado y con el ejercicio sostenido de la memoria pone en movimiento las piezas de una emoción fría que a menudo conmueve al lector. No hay una estructura novedosa, pero sí una expresión escrita entrañable y diáfana.
En la entrevista con Pivout, Duras explica el motivo por el que este libro tiene esta estructura. “Escribir no es seguir moldes. Lo hice con libertad, sin moldes, con una intención original. Pensé que debía trabajar mucho y trabajaba mucho, muy duro, como todos los hombres me decían que yo debía hacerlo, pero ahora escribo muy rápido y poco, ya no escribo durante muchas horas, pero creo que si hay progreso en la literatura entonces tendríamos que hablar de la libertad”.
La respuesta me satisface y me regocija. Abre un rango de reflexión relacionado con la pertinencia de estructuras complejas en las novelas. “Cuando uno escribe no debe pensar en modelos exteriores a la historia. Cuando escribo intento salir de mí misma, me acuerdo de lo que hay en torno a mí, de algunas personas, pero soy yo el objeto de la escritura, a los otros los ignoro, estoy en el mundo con las personas. Pero nunca he querido acusar a las personas de mis desgracias, de mi infancia o de mi situación. Fui pobre, trabajé mucho, pero ahora sólo pienso que escribir está relacionado con salir de mí misma. Cuando hablo de mí, en el fondo, soy una generalidad, porque nos parecemos, pero yo hablo sólo de mí misma y eso les hace pensar (a los lectores) que hablo de mucha gente, pero no, sólo hablo de mí”.
No es una respuesta sino una clase magistral. Ayuda a comprender que a veces no es necesario pensar en la innovación ni en la vanguardia, sino en la certeza de que la historia a narrar es en sí misma poderosa. La congruencia de quien enuncia lo importante, sin pirotecnia, es ejemplar.

* La traducción de las frases entre comillas es mía.

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