
El colectivo de Chilpancingo estrenará instalaciones con la obra Flores rojas, que trata sobre el cultivo de amapola en la sierra del estado
Chilpancingo, Guerrero, 27 de agosto de 2020. El Grupo Cultural De La Mancha, una organización de artistas y promotores de la cultura, estuvo a punto de desaparecer debido a la falta de ingresos derivada de la epidemia de Covid-19l, informó su director Irving Marcelo.
Sin embargo, ayer presentó sus nuevas instalaciones, un “corral de comedia”, dijo el artista aclamado en Almagro, España, Cuauhtémoc Astudillo, respecto a este espacio rústico para montar obras de teatro, con la iluminación, sonido y la acústica necesaria para un buen espectáculo.
Si bien es un gran logro que un grupo de artistas se haga de un espacio para la creación y difusión del arte, ayer citaron a conferencia para otra cosa: presentar la nueva obra del joven dramaturgo de Chilapa, José Uriel García Solís, Flores rojas.
La pieza escénica trata un tema que le concierne a todos los guerrerenses en cuanto a que el estado es el segundo principal productor de amapola, lo que se tradujo anteriormente en una gran capacidad económica de los productores y acaparadores, y ahora en una ola de violencia debido a la caída del precio de la goma de opio y la cruenta disputa de grupos criminales para hacerse del control de las zonas productoras.
Pero, dice el creador y director de la obra, “nuestra intención no es la denuncia, es la empatía con las vidas que están. Sucede eso, ¿sabes?, en ocasiones (las víctimas) son estadísticas, son números, son cifras y se les olvida (a quienes estigmatizan) que son humanos, como tú, como yo”.
La conferencia de prensa de ayer pareciera ser un ensayo de la presentación programada para el sábado y domingo, cuando presentarán la obra para 20 espectadores presenciales y se transmitirá mediante la plataforma digital Zoom.
El productor de la puesta en escena, Irving Marcelo consideró que el grupo cultural, “no murió (en la crisis de la pandemia) gracias a una convocatoria del Centro Cultural Helénico llamada Espacios Culturales Independientes en Resiliencia”.
Informó que la Secretaría de Cultura federal seleccionó en todo el país a 91 centros culturales independientes del país, y De La Mancha fue el único beneficiario en el estado.
Los recursos federales permitieron al grupo cultural “generar una obra y las condiciones para continuar con este proyecto en lo que resta del año”.
Eso sería el cómo se financió Flores Rojas, pero, ¿de qué se trata?
El dramaturgo José Uriel relató, respecto al proceso creativo, que los integrantes de De La Mancha ya tenían trabajo con niños en la sierra de Filo de Caballos, y él ha trabajado temas de violencia, desplazamiento y desaparición forzada, y ambas experiencias se conjuntaron.
“De La Mancha acudió en 2016 y 2017 a Filo de Caballos y a partir de esa experiencia fuimos dialogando, yo he trabajado temas difíciles para jóvenes audiencias: la pobreza, la marginación, desplazamientos forzados, migración, el duelo, la muerte, la vida, han sido algunos tópicos que he investigado. Con esta suma de experiencias, de diálogos generamos este proceso creativo.
“Íbamos escribiendo las escenas, las montábamos, si no funcionaba el lenguaje poético las quitábamos, porque oye, la realidad es ya bastante dura, buscamos que lo que sea compartido sea a partir de la metáfora, buscamos la sensibilización, como artistas es nuestra función. La poética por sí misma nos permite sensibilizar. Es lo que te regala el teatro, generar empatía”.
En la obra, adelantó, “el espectador va a encontrar historias de vida que necesitan ser contadas, que necesitan ser vistas, generar empatía es la tarea”.
–¿Se puede humanizar el tema de la violencia, de la pobreza, la marginación, desplazamientos forzados?
–Creo que la historia de un humano puede humanizar a otro humano, nuestra intención no es la denuncia, es la empatía con las vidas que están. Sucede eso, ¿sabes?, en ocasiones (las víctimas) son estadísticas, son números, son cifras y se les olvida que son humanos, como tú, como yo. Nosotros vamos por eso, crear una ventanita y a partir de ese lugar acompañar a estos niños y que ellos nos enseñen lo que nos tengan que enseñar.
“La obra es compleja por los temas que rodean a la historia, la trama es el desplazamiento forzado, la desaparición forzada, una disputa entre bandos policiacos y células propias del narco, que no son nuestro tema central, sino cómo los niños confrontan esos problemas, cómo los van superando”.
“Es un espejo de la realidad y es lo que nos llamaba la atención porque (los campesinos productores de amapola) luego son estadísticas, son números, y nos preguntamos, ¿qué sucede con ellos?, ¿cuáles son sus sueños, sus aspiraciones, sus deseos, sus miedos? ¿Cómo confrontan la ausencia, cómo confrontan el dolor, el duelo?”.
Dijo que busca generar empatía para “esas otras realidades que conviven en el estado y que son estigmatizadas”.
Texto: Rosendo Betancourt Radilla / Foto: Jesús Eduardo Guerrero


