5 enero,2024 9:43 am

Sobrevive niña de 12 años arrastrada por el huracán Otis en La Mira pero contrae tétanos

La madre se encuentra sin trabajo y vivienda propia, y ha gastado alrededor de 70 mil pesos, prestados, para comprar los medicamentos especializados que requiere su hija

Acapulco, Guerrero, 5 de enero de 2024. Andrea García, una niña de 12 años que es vecina de la colonia La Mira, fue arrastrada de su casa hacia el exterior por los fuertes vientos del huracán Otis y sobrevivió, pero días después se lastimó el pie con una lámina en la calle y se enfermó de tétanos, por lo que estuvo más de un mes y medio en terapia intensiva en el hospital de El Quemado.

El diagnóstico era de 80 por ciento de probabilidad de morir y su mamá Yesenia, sin trabajo y vivienda propia, ha gastado alrededor de 70 mil pesos, prestados, para comprar los medicamentos especializados que requiere Andrea y que incluso traen de otros estados porque en Guerrero no hay. Ha dejado de comer por varios días para costear la hospitalización que aún continúa.

El 24 de octubre Yesenia Hernández López empaquetaba sus pertenencias y la de sus dos hijos, Luisa Andrea García Hernández y Santiago García Hernández, de 10 años, para mudarse de la casa de su mamá en la calle 18 de Julio, de la colonia La Mira, cerca del Fortín, a un cuarto en Aguas Blancas.

Anocheció y empezó el huracán Otis, “pensé que nada más era una lluvia, pero luego empezó el aire fuerte, mis hijos se espantaron y traté de ponerles música cristiana para que no escucharan el ruido del viento”, contó Yesenia en el estacionamiento del hospital de El Quemado.

Estaban en el segundo piso de la casa que la joven madre soltera acondicionó con tarimas para vivir ahí con sus hijos y su hermana. La intensidad del aire aumentó y Yesenia sostenía la puerta con sus brazos mientras que Andrea y Santiago agarraban otra tarima del lado opuesto del cuarto donde se refugiaron.

“En eso vino un viento y se llevó la tabla y como mis hijos la estaban agarrando, así que también se los llevó a ellos, cayeron los dos hacia abajo”, recordó Yesenia mientras se le humedecían los ojos al paso de las imágenes que evocaba y trataba de narrar con palabras; “cada vez que lo hablo como que me duele más, siento más feo, más ganas de llorar, es algo que a nadie le deseo”.

Salió corriendo para buscarlos, pero no pudo avanzar mucho, “el aire me regresaba”, y alumbró en el callejón donde se suponía que cayeron, pero había muchas ramas tiradas y los vientos tampoco dejaban ver.

En la calle el viento la revolcó y hasta le quitó su ropa, y siguió y pasó el tiempo y no los vio. Y es que Andrea no se soltó de la tarima, salió disparada a seis metros de distancia de su casa y cayó encima de una piedra y luego le cayó sobre ella otra tarima.

Santiago se agarró de una rama, pero ésta se quebró y cayó y se fracturó un brazo. Andrea le gritó a su hermano y se empezó a guiar por su voz para irlo a rescatar. Intentaron subir el callejón, pero casi les caía encima un poste de luz, y sólo podían avanzar cuando disminuía la velocidad del viento.

Yesenia no recuerda bien qué hora era cuando dejó ver a sus hijos y cuando los encontró, sólo indicó como referencia que bajó la intensidad del viento y de repente escuchó la voz de sus hijos, “mami, mami… y yo creí que me estaba volviendo loca”.

“No me importa haber perdido mis cosas porque perdí todo, dónde vivir, pero lo que más me daba satisfacción es que mis hijos estaban bien, nada más me importaban ellos”, dijo Yesenia entre lágrimas y sollozos.

Un garaje sirvió de refugio para los vecinos de La Mira, que como Yesenia, perdieron sus viviendas. Como en todo Acapulco, la basura tapizó las calles de esta colonia, una de las históricas del municipio, y pocos días después del meteoro Andrea se hizo una herida en un dedo del pie con el filo de una lámina que estaba tirada.

Su mamá le curó la herida y no presentó ningún síntoma hasta el 21 de noviembre, desde ese día Andrea tuvo dolores en el cuello y el estómago, “cuando le toqué el cuello se puso tieso y empezó a gritar”.

Eran las 9 de noche y no había transporte y Yesenia tampoco tenía dinero para pagar uno, entonces se saltó la barda de un vecino taxista y le pidió que le ayudará, a lo cual accedió, “el taxi todavía no lo he pagado”, mencionó como un reflejo de la extrema pobreza en la que vive.

Llegaron al hospital de El Quemado, pero los doctores no sabían qué era y aun así Yesenia tuvo que desembolsar 5 mil pesos en ese primer día. Andrea fue intubada al segundo día de hospitalización, una enfermera le soltó “de sopetón” que era tétanos y un doctor le dijo que la probabilidad de fallecimiento era de 80 por ciento, que “tenía que estar preparada para eso”.

Yesenia consideró que su hija se aferró a su vida porque, aunque “gritaba, le pegaba la contracción y se alzaba”, su salud mejoró. No precisó el nombre de los medicamentos, son tantos, dijo, pero resaltó que incluso los tienen que buscar en otros estados porque no hay en Guerrero. En promedio gasta unos 3 mil pesos al día y suman “prácticamente” 70 mil pesos, indicó.

“He andado sin comer días, caminando, pidiendo limosna también, pidiendo para mi pasaje, andar sin agua, cargar a mi hijo dos días sin comer, nomás con algo para llevarla”, resumió Yesenia el periplo de los últimos dos meses.

A principios de diciembre, Santiago tuvo alta temperatura corporal y pensó que también era tétanos, pero sanó; Yesenia también se enfermó en las mismas fechas, pero no se atendió por falta de recursos, sólo dejó de ir dos semanas al hospital de El Quemado; una trabajadora social le recriminó que abandonó a su hija.

Yesenia compartió su testimonio este martes, cuando su hija saldría de terapia intensiva después de un mes y medio, y una semana posterior a que la desentubaran. El nosocomio, integrado al sistema del IMSS Bienestar, no tiene un espacio en el exterior dónde platicar, los pocos árboles que dan sombra están colmados de familiares que esperan noticias de sus pacientes.

Aunque era un día con al menos una noticia buena, Yesenia no pudo evitar la preocupación en su voz: “yo todavía estoy viendo la salida, no sé si van a cobrar, cómo le voy a hacer para sostenerlos en casa porque prácticamente no tengo a nadie y del gobierno tampoco he recibido nada, yo no me logré a censar porque ya estaba por irme de la casa”. Bueno, no tiene ni una televisión para sus hijos, destacó.

Sin un techo propio, ni una casa y tampoco un trabajo, Yesenia tiene que además pelear por sus hijos porque la familia de su esposo, que murió en 2017 por un infarto en Tijuana a los 28 años, no le han regresado los documentos de Santiago y Andrea cuando vivieron con ellos en Ayutla, y no pudo inscribirlos a la escuela, él a quinto de primaria, ella a primero de secundaria.

Yesenia Hernández López tiene 27 años, quiso emprender algunos negocios, pero no resultaron como esperaba. Hace piñatas en diciembre y vende perfumes. Alrededor de su cuello cuelga un listón que carga la foto de Andrea.

“Mis hijos son lo único que me mantiene en pie, pero en sí no sé cómo le he hecho, la verdad, porque me la he visto tan difícil todo este tiempo que parece que es un sueño e intento despertar porque me he sentido muy sola”.

Texto: Ramón Gracida Gómez