15 julio,2026 4:41 am

Sólo un pequeño de 5 años egresó del kínder en una comunidad de Cochoapa El Grande

Chilpancingo, Guerrero, a 15 de julio de 2026.- Javier Solano Téllez, de 5 años de edad, es el único alumno que egresó del centro preescolar comunitario Niños Héroes, del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe) y durante el ciclo escolar tuvo clases bajo la sombra de un árbol de mango, en la comunidad Barrio del Carmen, ubicada en Cochoapa El Grande.

Barrio del Carmen es una comunidad mixteca adscrita a El Coyul, que cuenta con el preescolar y la primaria Lázaro Cárdenas, que también opera con el modelo comunitario del Conafe, y sólo dos profesores: Rosa María Primo Matías y Jorge Barrera Mateo.

Rosa María de 27 años, originaria de El Coyul, viaja siete horas para llegar a la Universidad Pedagógica Nacional de Tlapa, los sábados y domingos; de lunes a viernes da clases a los alumnos del preescolar, así como a los de primero y segundo grado de primaria.

En entrevista con El Sur, la maestra contó que pertenece a la Coordinación del Conafe de Ometepec, donde pidió ser asignada a Barrio del Carmen, al igual que Jorge Barrera, quien también es originario de El Coyul. Ambos reciben un pago mensual de 5 mil pesos.

Sin embargo, “nos hacen falta aulas, este ciclo escolar las clases las tomamos en el patio de la primaria, bajo la sombra de un árbol de mango, hace años que hace falta la infraestructura en la comunidad”.

Tanto la primaria como el preescolar son multigrado, es decir, que los alumnos comparten clases, pero las enseñanzas se ajustan a su nivel. Al no contar con una amplia matrícula, tampoco tienen las instalaciones adecuadas.

El preescolar contaba con un salón de madera que lleva tiempo sin mantenimiento y representa un riesgo, mientras que la primaria tiene un salón de clases y una biblioteca, que también sirve como bodega.

Rosa María intentó adaptar la bodega para el preescolar, pero “no es un espacio adecuado, porque es muy angosto. Una vez decidí trabajar ahí, pero los niños decían ‘no, maestra, hace mucho calor’, por las cosas que se guardan”, por ello, decidió instalar en el patio, bajo la sombra del árbol de mango, mesas y sillas para los alumnos.

Para el siguiente ciclo escolar, la situación podría cambiar, pues con el programa La Escuela es Nuestra se logró la construcción de un aula para el preescolar, que no ha sido terminada.

Javier tenía un compañero en su mismo grado, que no terminó el preescolar porque tuvo que mudarse de la comunidad, “por motivos familiares”, al igual que otro alumno de sexto grado de primaria, que también hubiera sido el único egresado.

De acuerdo con Rosa María, son varios los factores que influyen en la baja matrícula, pero los principales son la falta de maestros, de infraestructura y la migración de los mismos pobladores.

En comunidades como Barrio del Carmen deberían trabajar maestros rurales, pero éstos de manera extraña, no se adaptan a la vida rural, donde hasta la comida es muy diferente a la de las ciudades, “por eso se dan de baja o piden su cambio. Llega un maestro y a los dos meses, tres semanas, pide su cambio”.

“Yo decidí trabajar ahí porque los maestros que vienen de lejos dicen que está muy retirado, que es mucho gasto. Entonces, si los maestros rurales no apoyan a la comunidad, yo puedo prestar mis servicios para apoyar a la educación de los niños”, expresó.

Rosa María camina unos 20 minutos desde El Coyul a Barrio del Carmen, en cambio Javier camina una hora, desde su casa en la colonia de Tierra Colorada hasta la escuela. A veces, ambos coincidían en la ruta y llegaban juntos.

 

La clausura

 

El pasado 1 de julio, Rosa María les pidió ayuda a sus colegas de El Coyul para comprar globos, telas, flores y adornos para la clausura de Javier. “No hicimos la gran cosa”, dijo, aunque la ceremonia sencilla se volvió viral en redes sociales luego de que el profesor bilingüe Alejandro Guadalupe Felicito compartió dos videos del evento en su página de Facebook Vivencias con Ale.

Ese día, Rosa María llegó a las 8 de la mañana con sus colegas, para decorar el patio de la primaria, donde se hizo la ceremonia. También ayudaron al alumno a vestirse y peinarse, pues consideró que era importante que tuviera todo lo que disfruta un grupo completo.

Javier bailó un vals con dos de sus compañeras, que vistieron huipiles. Su madrina de clausura lo acompañó a recoger sus documentos y después, ahí mismo, la familia Solano Téllez ofreció una comida para festejar el logro del menor y el fin del curso.

Rosa María recordó que la familia de Javier le agradeció que no dejara solo al niño, a pesar de ser el único, mientras que el pequeño la abrazó y le dijo: “Yo voy a regresar el lunes, maestra”, lo que la hizo reír.

“Él pensaba que después de la clausura iba a volver a clases, de manera normal, pero le dije ‘no, ya te vas a la primaria con tu hermano, vas a tener tu propio salón, ya no vas a estar aquí en la sombra’. Aunque se divirtiera mucho abajo del árbol, él quiere tener un aula, a los niños les atrae mucho el pizarrón, porque cuando el maestro sale, pueden dibujar”, contó.

Para los alumnos del preescolar, la promesa de recibir pronto su propio salón es esperanzadora, pero Rosa María y los padres de familia quieren que tengan también un patio cercado, con área de juegos y una impresora, para poder imprimir los ejercicios que ahora la maestra dibuja a mano, en hojas que paga con sus propios ingresos.

A pesar de que los videos originales de la clausura de Javier llegaron a más de 5 millones de vistas, ningún funcionario ni dependencia del gobierno estatal ni municipal contactaron a los maestros o su familia, para ofrecer apoyo para los alumnos de la comunidad.

Texto: Alina Navarrete Fernández