14 agosto,2021 10:29 am

Sorprende el espectáculo de video en el Zócalo de la Cdmx por la caída de Tenochtitlan

Se aglomeran niños, jóvenes y adultos para admirar el show sobre la maqueta del Templo Mayor

Ciudad de México, 14 de agosto de 2021. Aunque la espera fue tortuosa, entre la lluvia y la aglomeración bajo una carpa sin sana distancia, la proyección en la maqueta del Templo Mayor arrancó expresiones de asombro y vítores espontáneos de la audiencia en el Zócalo.

Desde la fundación mitológica de Tenochtitlan hasta su caída hace 500 años, el videomapping (proyección de video sobre edificaciones) logró que niños, jóvenes y adultos tuvieran un acercamiento lúdico, aunque a ratos severo, a la historia de la antigua ciudad mexica.

Quizá ningún momento fue mejor recibido como cuando, en una sección sobre la cosmogonía mexica, ante los ojos atónitos de los niños, Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, descendió reptando por las escalinatas del Templo Mayor.

Escenas de batallas, proezas mitológicas y la mítica fundación de la ciudad ante la señal del águila devorando la serpiente, se muestran a través de animaciones inéditas, imágenes de códices y grandes obras del muralismo mexicano.

Sin embargo, previo a la función, que duró 15 minutos, una petición en la bocinas de mantener la sana distancia recibió una rechifla generalizada ante la imposibilidad de cumplir con la recomendación, por el hacinamiento en la carpa.

Quizá los que mejor disfrutaron del espectáculo fueron quienes se mantuvieron afuera, buscando mejores ángulos para presenciarlo y, ellos sí, pudiendo esparcirse por todo el Zócalo.

Como no podía ser distinto, tomando en cuenta los actos públicos que el gobierno de la Ciudad de México ha llevado a cabo en anticipación a esta conmemoración, algunas de sus batallas históricas se filtraron en el guión de la proyección.

“La Noche Triste, dijeron los conquistadores; la Noche Victoriosa, decimos nosotros”, se narra cuando Cortés es derrotado, en referencia al cambio de nomenclatura propuesto por la administración de Claudia Sheinbaum Pardo.

Y si bien es cierto que, de día y a medio Zócalo, la maqueta ha resultado motivo de burla por su hechura, de noche pareció cumplir su cometido.

Al terminar la primera función, de entre los espectadores apretujados bajo la carpa, alguien gritó “¡Viva México!” y el aplauso fue colectivo.

La proyección se repetirá en las próximas noches.

“Del fondo de la tierra”

Pasado el mediodía, nubes dispersas de copal ascienden desde el suelo; los guerreros águila y jaguar se pasean con sus inmensos penachos, las sahumadoras ofrendan limpias y los huehueteros, incesantes, guían los pasos de todos con el batir de sus tambores.

El Zócalo se ha convertido en un tlalmanalli gigante, un altar en el que todos los pueblos caben, desde los yaquis de Sonora hasta los lacandones de Chiapas, quienes hasta ahí han llegado para conmemorar, no la caída de hace 500 años, sino, en sus palabras, la defensa heroica de hace cinco siglos de la Gran Tenochtitlan.

Para Zianya Beni, danzanta del Calpulli Topiltzin, hay cosas que el corazón siente que sólo pueden decirse cantando, por eso prefiere entonar cuando las palabras a secas parecieran no ser suficientes.

“Es algo invisible”, dice mientras intenta describir la sensación que le produce ver que se juntaran en la plancha tantos nietos de Moctezuma y de Hernán Cortés para danzar sobre las piedras que sepultaron a otras piedras.

“Yo te lo podría resumir en un cantito”, resuelve por fin Zianya Beni, y entona: “Renace la fuerza desde bien adentro; / la sangre de mis venas, invoco a mis ancestros; / el fuego de la tierra, invoco a mis ancestros; / del fondo de la tierra, invoco a mis ancestros”.

A 500 años de que los ejércitos de Cortés asolaran a Tenochtitlan, cualquiera que haya paseado por el Centro sabe que es cierto, que, como dice el canto, los ancestros se encuentran precisamente en el fondo de la tierra.

Basta con caminar unos minutos desde el Zócalo y asomarse a esa insólita ventana que, desde hace apenas 43 años, devolvió a nivel de suelo, para que todos puedan verlo, los vestigios del Templo Mayor.

Ya lo advierte, por ejemplo, el arqueólogo Leonardo López Luján: apenas conocemos el 0.1 por ciento de los 13.5 kilómetros cuadrados que habría tenido la isla de Tenochtitlan, todavía bajo tierra.

Es 13 de agosto y la convocatoria, coordinada por el Tlahtokan Mexica del Valle de Anáhuac, a través de un comité de Danza de la Unidad, ha logrado que diversos calpullis –escuelas de tradición conchera– provenientes de toda la República se reúnan para conmemorar la fecha.

En un espacio del Zócalo, marcada sobre el suelo, una cancha de ullamaliztli, el juego de pelota mexica, convoca a un grupo de muchachos que golpean una pelota de hule con la cadera.

“Poco a poco nos hemos juntado y, la verdad, es mucho más la convicción, porque no nos contratan ni nada, lo hacemos por diversión, pero a la vez entendemos que es algo muy importante espiritualmente”, explica Omar Hernández.

En otro lado, con una sonrisa serena, el Abuelo Iztlitecutli Tekpatl, fundador del Centro de Investigación Anahuaca de Sabiduría Ancestral, celebra la reunión, pero piensa que no se ha hecho lo suficiente.

“Hay un desconocimiento total de nuestra raíz. Aun entre los que estamos aquí, hay mucha gente que desconoce demasiado. Entonces invitamos al gobierno a que, si quiere que se retome nuestra raíz, empiece con los niños”, declara.

Hay en el centro de todo hay un reclamo añejo y un llamado a la dignidad.

Mientras los danzantes se mueven en círculos, como si se tratara de muchos cuerpos con un corazón compartido, de unas bocinas se proclama una arenga. “Hoy recordamos el 13 de agosto de 1521, momento en que inició el cambio del rumbo de la historia de nuestros pueblos. Nuestros abuelos se enfrentaron con sus arcos y flechas, con armas con puntas de obsidiana y escudos de madera; se enfrentaron a seres de otro mundo que traían por delante la ambición, el egoísmo, la codicia, la mentira y el odio”.

Texto: Francisco Morales / Agencia Reforma