8 junio,2026 7:57 am

Su convicción lo llevó a la CETEG y a luchar por justicia, dice maestro herido

 

Chilpancingo, Guerrero, a 8 de junio de 2026.- Octavio Romero Jerónimo soñaba con ser maestro, su convicción lo llevó a integrarse a la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación en Guerrero (CETEG) a protestar por la derogación de la Ley del ISSSTE de 2007 y la reforma educativa, pero resultó herido el pasado 1 de junio en Ciudad de México, en lo que considera fue una “agresión directa”.

Octavio Romero nació en Chilpancingo, la capital, el 2 de junio de 1976, su madre tenía una tienda cerca de la Escuela Benemérita y Centenaria Normal Ignacio Manuel Altamirano en la colonia Jardines del Sur, debido a la cercanía con esa institución formadora de docentes y la convivencia de los normalistas con su familia, no consideró estudiar ninguna otra profesión. Quería ser maestro.

En entrevista con El Sur, contó que en la normal estudió la Licenciatura en Educación Primaria y fue integrante del comité estudiantil que luchó para que los egresados obtuvieran su plaza. Desde entonces se comprometió con la lucha magisterial.

Su primer trabajo fue como maestro en la primaria de la comunidad Santa Rosa de Lima, en la sierra de Chilpancingo. Años después, se sumó a la CETEG y participó en la lucha magisterial por obtener los 90 días de aguinaldo.

“Mi formación fue como normalista, como maestro he estado en las filas de la CETEG, he vivido diferentes tipos de gobierno. Ha sido una lucha constante para la defensa de los derechos laborales”, expresó.

En la CETEG formó parte del Comité Ejecutivo Seccional Democrático, en distintos periodos. En la actualidad es integrante de la Comisión de Finanzas y se desempeña como director de la primaria 30 de Abril, ubicada en la colonia Ampliación Independencia, cuyas instalaciones fueron robadas en noviembre pasado.

Para Octavio Romero, el actual gobierno federal tiene “un sesgo muy particular en tratar de resolver los problemas laborales, pensamos que iba a haber una atención diferente o una solución diferente, pero estamos viendo un retraso”.

Reconoció con decepción que “tenía esperanzas” en el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, aunque nunca promovió el voto a su favor ni de ningún otro partido.

Puntualizó que la presidenta prometió en su campaña, no sólo a Guerrero sino al magisterio nacional, que “una vez que llegara al poder iba a echar abajo la Ley del ISSSTE, lo hizo, está grabado, se comprometió. No sólo nosotros los maestros, sino el pueblo confió en un gobierno diferente”.

La agresión

El pasado 1 de junio, un contingente de la CETEG se sumó a la huelga convocada por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en Ciudad de México, para exigir a la presidenta que cumpla con su promesa.

La CNTE determinó que la CETEG iría al frente y, por lo tanto, la avanzada que coordina Octavio Romero fue abriendo paso, para que el magisterio disidente lograra instalarse en el zócalo capitalino.

“No esperábamos que nos recibieran con gases lacrimógenos, con balas de goma. A mí me dispararon directamente, me apuntaron”, recordó.

Octavio Romero necesitó cinco puntadas en la mejilla izquierda, luego de que una bala de goma se la reventara. No fue un petardo lanzado por sus compañeros, como afirma el gobierno federal, fueron las armas que portaban los antimotines.

Sin embargo, tuvo que esperar más de 6 horas antes de ser atendido en un hospital, se supone que de “primer nivel” en Ciudad de México, donde no había material de curación básico, algo “tan sencillo que se supone deben tener”.

Mientras que su compañero, el maestro Proceso Columbio González González, quien perdió un ojo luego de ser herido en los mismos hechos, sigue internado.

Octavio Romero subrayó que la agresión fue “directa”, que los maestros no iban con otro objetivo más que el de tomar el zócalo capitalino, pweo no lo lograron y el costo fue alto.

No obstante, para Octavio Romero la lucha sigue, pues después de recibir la atención médica decidió quedarse en Ciudad de México, para seguir apoyando al movimiento del magisterio disidente, que exige una jubilación digna, no sólo para los maestros sino para todos los derechohabientes del ISSSTE.

“Hoy requerimos toda la fuerza para echar abajo esta reforma y que este mundial no sea un distractor. No es para nosotros, es para los funcionarios, para los empresarios, no hay un maestro que pueda comprar un boleto, porque los precios están elevadísimos”, concluyó.

Alina Navarrete Fernández