
Los mexicanos están más exhaustos que sus pares de países desarrollados como Estados Unidos y China, señala la institución, que relaciona el problema con la violencia que se vive en los centros de trabajo, la falta de equidad de género, así como el abuso y el acoso laboral
Ciudad de México, 17 de abril de 2023. México es uno de los países con el porcentaje más alto de fatiga laboral crónica, incluso antes de la pandemia de Covid-19, con al menos el 75 por ciento de la población económicamente activa que sufre esta condición, de acuerdo con datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).
“Más de 40 por ciento de quienes realizan labores de escritorio se sienten exhaustos”, refirió la experta en desarrollo humano, Patricia Lozano Luviano.
Entre los países que registran porcentajes altos de fatiga laboral también se encuentra China, con 73 por ciento, y Estados Unidos, con el 59.
Este síndrome, explicó, se considera una enfermedad sicosocial, en la que influyen factores laborales u organizacionales, así como personales o individuales.
En países de América Latina, como México, hay bajos salarios, falta de pago y prestaciones, además de la necesidad de contar con múltiples empleos para subsistir, y recurrir a empleos donde las personas son violentadas, y en los que tienen que recorrer grandes distancias entre su vivienda y el centro laboral.
Eso, sin contar la falta de equidad de género y los casos de abuso y acoso laboral.
La terapeuta detalló que el síndrome tiene tres componentes: cansancio o agotamiento emocional, despersonalización y el abandono de la realización personal.
El llamado burnout tiene diferentes niveles: leve, consistente en quejas vagas, cansancio moderado, pesimismo, aislamiento o desconfianza; grave, cuando el trabajador comienza a presentar bajos niveles de entusiasmo, automedicación, ausentismo, aversión o fobia al trabajo, así como abuso del alcohol o drogas, porque no se soporta la situación.
En casos más extremos, el empleado colapsa, y comienza a presentar cuadros siquiátricos, lo que, en algunos casos, los lleva al suicidio.
Luviano alertó que es necesario la búsqueda de ayuda profesional antes de caer en este punto.
Recordó que al inicio, los investigadores del tema se enfocaron en el personal de salud, pues este sector, desde su formación académica, está expuesto a jornadas exhaustivas alentadas por una cultura organizacional disfuncional, que ha normalizado la falta de sueño y alimentación para enfocarse en su trabajo.
Sin embargo, ese fenómeno no sólo se da en ese ámbito.
Se debe observar la cultura de cada organización y determinar si respeta horarios de descanso y espacios personales.
“Esto último genera estrés y una carga emocional que posteriormente se convierten en enfermedades físicas y mentales que se unen unas a otras y se agravan.
“Ello sucede porque el cuerpo y la mente ignoran que no se trata de emergencias reales; se segregan sustancias bioquímicas que producen diferentes padecimientos y pueden presentarse también adicciones al café, las redes sociales, videojuegos o a las pantallas que “usamos de manera compulsiva”, resaltó la especialista.
Como en las familias, existen instituciones y organizaciones disfuncionales desde el punto de vista sicológico que son eficientes en su ramo, pero enferman a su personal, puntualizó.
Texto: Natalia Vitela / Agencia Reforma


