28 noviembre,2024 4:54 am

Sufren indígenas y afromexicanas violencia intrafamiliar e institucional, denuncian en conversatorio del INPI

 

Chilpancingo, Guerrero, a 28 de noviembre de 2024.- En el conversatorio Violencia de Género en las experiencias de las mujeres indígenas y afromexicanas, dos ponentes indígenas y una afromexicana denunciaron no sólo la violencia intrafamiliar y en los ámbitos donde se desenvuelven como activistas, sino la institucional que les pone obstáculos para que se desarrollen como profesionistas.

El encuentro se realizó en un salón del Palacio de la Cultura, ubicado en el zócalo de la capital y fue organizado por la Oficina de Representación del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas (INPI) con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres que se celebró el 25 de noviembre.

Las ponentes fueron la comisariada de Bienes Comunales de Cuanacaxtitlán, municipio de San Luis Acatlán, la ñu ssavi Asunción Ramos Ponce; la coordinadora propietaria de la zona me’phaa del Concejo Municipal Comunitario de Ayutla, Inés Gatica Dircio, y la defensora de los derechos de las mujeres Afromexicanas, Ana María Morales Mayoral.

Asunción Ramos Ponce, quien también fue integrante de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC), habló de las violencias que sufren las mujeres de las comunidades indígenas, mismas con las que tuvo contacto a partir de su participación en esa institución comunitaria.

“Los detenidos que llegaban para ser reeducados eran acusados algunos por errores graves otros por errores menores, pero la mayoría por ejercer violencia física y verbal contra sus mujeres”, dijo.

Contó que a pesar de que fue respetada por sus compañeros de la CRAC y la apoya su esposo, se enteró de la grave situación de violencia que se vive en las comunidades indígenas de la Costa Chica y la Montaña por los casos que tuvo que atender, además, como promotora de salud de Cuanacaxtitlán.

Ana María Morales Mayoral, defensora afromexicana, narró su experiencia: “Cuando viví en Acapulco me sentía y me veía igual que todos; con el mismo color de piel y de cabello, pero qué pasó cuando me mudé a otra ciudad para estudiar la secundaria, fueron los tres años con más violencia que viví”.

Contó que entonces sufría casi a diario discriminación de sus propios compañeros, desde los múltiples apodos que le impusieron, como Marimar, La Negra Tomasa, o le exigían que se sentara hasta atrás del salón porque con su cabello no los dejaba ver.

“Esos son los momentos más difíciles porque no sabes qué hacer, no sabes a quién acudir y lo que haces es hacerte invisible para que te dejen de atacar o no ser objeto de burlas”.

Explicó que tuvo que cambiar para agradarles a sus compañeros y una de las cosas que hizo fue que se amarró y se peinó bien su “hermoso” cabello, a pesar de que ahora sabe que ese no era el problema, sino que el problema eran sus compañeros que no la dejaban integrarse.

Contó que después de la secundaria tuvo que dejar de estudiar dos años, temerosa de la violencia que volvería a sufrir a esa edad y en el siguiente nivel escolar, a pesar de que “ama a la escuela”. Agregó que para continuar sus estudios tuvo que regresar a Acapulco.

Pero indicó que aún ahora sigue sufriendo los microrracismos que padecen todas las mujeres afromexicanas, “que son palabras y actitudes que nosotras normalizamos como personas afrodescendientes, como cuando se burlan y te dicen: ‘ríete para que salgas en la foto, para qué te pones bronceador si ya estás bien bronceada, es que las costeñas son bien arrechas’, o cuando te dicen, ‘¿oyes con esas caderotas y no pudiste parir un hijo?’”.

Añadió que lo más grave es cuando les niegan un trabajo por su color de piel o de cabello.

Inés Gatica Dircio, igual que la ponente anterior, contó que ha sufrido maltrato por ser indígena Me’phaa, pero en su caso doblemente por ser madre soltera.

Añadió que por ser madre soltera se vio en la necesidad de salir de su comunidad, El Camalote, municipio de Ayutla, para buscar trabajo y mantener a sus hijos.

A través de una traductora, explicó que ha sufrido la discriminación en todas las ciudades a donde ha ido a buscar empleo, incluso, ahora en sus actividades como coordinadora de la zona Me’phaa, en el Consejo Comunitario de Ayutla, ha sido discriminada por no hablar bien el español.

“A pesar de que yo como me’phaa soy una mujer importante y el trabajo que tengo no lo gané gratis, fue a través de la lucha y del apoyo que he dado a las comunidades, por eso estoy aquí y quiero levantar la voz  y decir que también nosotras las mujeres indígenas sabemos y tenemos la capacidad de dirigir”.

Una de las asistentes, al final del conversatorio, denunció que las indígenas y afromexicanas no sólo sufren violencia en sus casas con sus parejas, o donde se desenvuelven como activistas, sino también por las instituciones que les niegan espacios para desempeñarse como profe-sionistas o para expresarse.

El delegado del INPI, Manuel Vázquez Quintero, informó que con la reforma en materia indígena se plantea una nueva relación del Estado mexicano con los pueblos indígenas y afromexicanos.

Explicó que el objetivo es, sobre todo, garantizar los derechos de las mujeres indígenas y afromexicanas y agregó que espacios como este abren la posibilidad de que se vayan abriendo espacios.

Texto: Zacarías Cervantes / Foto: Jesús Eduardo Guerrero