
Ciudad de México, 3 de octubre de 2023. En medio de la emergencia sanitaria, con sus restricciones de movilidad y las experiencias limitadas a las pantallas, el anhelo de salir al mundo a vivir detonó valiosas ideas y proyectos.
“Gran parte de ese tiempo de la pandemia fue fértil para pensar: ‘Si pudiéramos volver a lo que acabamos de perder, ¿qué cosa haríamos diferente?'”, apunta en entrevista remota Nicholas Olney, presidente de la galería neoyorquina Kasmin, una de las de mayor peso a nivel global.
Y la respuesta a la que llegaron él y su colega Boris Vervoordt, experimentadas figuras del mundo del arte ambos, sobresale hoy en el paisaje de la costa oaxaqueña como una maravilla arquitectónica minimalista cuyo objeto es innovar el espacio expositivo y dotar de otro valor la experiencia de hacer y apreciar el arte.
Se trata de Meridiano, un nuevo complejo artístico y escultórico en medio de la vegetación costera de Puerto Escondido, que abrió sus puertas en febrero de este año de la mano de la artista plástica surcoreana Kimsooja, y que actualmente alberga una muestra del creador argentino Gabriel Chaile.
“Esto nació de ese deseo de todas las cosas que nos hacían falta: la oportunidad de hacer un peregrinaje; esta capacidad de tener una experiencia real y auténtica que no está mediada por la tecnología, y un lugar para reunirse en dónde ver algo nuevo”, apunta Olney, quien gestiona junto con Vervoordt el espacio ubicado a la altura del kilómetro 113 de la Carretera Federal que va de Salina Cruz a Pinotepa Nacional.
“Es un modelo nuevo y es un lugar totalmente diferente”, destaca el presidente de Kasmin.
Y es que, lejos de ser una mera galería de arte más, el nuevo espacio diseñado por el aclamado arquitecto Tatsuro Miki y por Axel Vervoordt en realidad desafía el modelo galerístico tradicional, esto a partir de propiciar un casi indiferenciado vínculo con el ambiente natural.
“Es un espacio para concebir y mostrar el trabajo en la naturaleza de muchas maneras. Se trata de salir de las paredes blancas que normalmente tenemos en una galería contemporánea”, refrenda Olney.
“Estar fuera del entorno urbano y fuera del entorno comercial estándar es una gran parte del espíritu del lugar”, agrega, y de ahí parte de los motivos por lo cual esto no se ha erigido en Ciudad de México u otra urbe.
Arquitectónicamente, Meridiano destaca por su estructura de prisma trapezoidal donde se integran una plaza abierta y una sala rectangular cubierta con un óculo que hace del firmamento oaxaqueño un elemento permanentemente presente en cada intervención en el sitio.
Este diseño posibilita una asombrosa calidad de la luz en el recinto, mismo que carece deliberadamente de iluminación artificial y cuyos limpios bordes recuerdan a Olney aspectos de la arquitectura mexicana moderna, “casi como un espacio de Barragán”, ilustra el profesional del arte.
“Lo que Axel siempre intenta crear es un espacio que sea bastante atemporal, y no intenta ocultar el hecho de que es contemporáneo, pero quiere hacer algo que se integre en el paisaje natural lo más pronto posible”, agrega.
Guardando las proporciones entre cada espacio, acaso cierta inspiración para Meridiano proviene de Casa Wabi, fundada y gestionada por el artista Bosco Sodi –con quien suelen colaborar Olney y Vervoordt–, también en Puerto Escondido.
Algo que se aprecia en esta flexible vocación del nuevo recinto como espacio expositivo apto para obra plástica y piezas performáticas, como el fuego ceremonial con que Kimsooja lo inauguró, así como estudio para residencias artísticas y creación in situ, tal cual Chaile ejecutó la instalación escultórica de la actual muestra Nada me quita lo naco.
“Creo que cuando cambias de entorno a veces también bajas la guardia o te vuelves más abierto a diferentes experiencias; (…) tal vez tus sentidos estén más sintonizados”, estima Olney, sin ser omiso sobre la ambivalencia de la creación artística en este paraíso mexicano.
“Puerto Escondido es un lugar muy hermoso. Pero también es desafiante hacer trabajo de estudio, ya que hacia el final de la temporada de lluvias hace bastante calor y humedad; estás expuesto a los elementos. Así que presenta oportunidades y desafíos, pero de ahí puede surgir el nuevo arte y la creatividad”.
Hace unos días, como parte de la activación de la escultura de Chaile, quien hizo numerosas amistades tras su estancia en Meridiano, sirvieron cochinita pibil e invitaron a gente de la localidad para celebrar en conjunto.
Un gesto que da cuenta de la manifiesta intención de los gestores de este nuevo espacio por volverlo parte de esa comunidad en crecimiento, y trascender como una institución cultural que atraiga públicos hacia el trabajo de artistas de diferentes rincones del planeta, interconectados casi por líneas meridianas.
“Estamos realmente interesados en que sea local y tenga artistas de las Américas, pero también que sea un lugar de intercambio internacional”, subraya Olney.

Un símbolo de resistencia
Tras su llegada a Puerto Escondido para la inauguración de Meridiano, el artista Gabriel Chaile, reconocido por sus grandes esculturas antropomorfas hechas de arcilla y adobe, sintió una fuerte conexión con la tradición alfarera local.
Esto a tal grado, que el creador oriundo de Tucumán, Argentina, terminó por invitar a artesanos locales a trabajar con él en la pieza que da nombre a su exposición en el nuevo espacio expositivo en la costa oaxaqueña, Nada me quita lo naco.
El resultado de ello es una chimenea bicromática tan alta que atraviesa el óculo rectangular del sitio, conjugando distintos sentidos y referencias como usualmente hace el argentino con sus vasijas, ollas y hornos de barro, los cuales encarnan un símbolo de resistencia a los legados coloniales de erosión y opresión.
“Son muchas cosas diferentes a la vez, por eso se siente casi como una metamorfosis de un instrumento musical, de una figura, de un jarrón, de una chimenea”, expresa Nicholas Olney, cofundador de Meridiano.
“Son todas estas cosas juntas, y me encanta que Gabriel tomó la decisión de que sobresaliera por la parte superior del techo; es como una figura anidada dentro de otra”, continúa. “Entonces, tienes esta sensación de un útero o un hogar o una cueva, y luego el cielo arriba”.
Chaile, que recientemente ha expuesto en espacios como la Bienal de Venecia, revistió esta escultura de adobe preparado por Felipe Cruz y su familia, quienes suelen realizar tejas artesanales con arcillas de Agua Zarca, poblado cercano a Puerto Escondido, detalla la curadora, gestora y artista argentina Andrei Fernández en un texto elaborado con motivo de esta muestra.
Difundido en Argentina por las telenovelas mexicanas, el uso del término “naco” no es realmente distinto en el país sudamericano que aquí, generalmente enunciado de forma despectiva como adjetivo para referir a alguien torpe, grotesco, ignorante, de mal gusto o rural.
Mas Chaile lo recupera para el título de su instalación por hacer también referencia a una persona indígena.
“Sabemos lo que hace visible que una misma palabra sea usada para nombrar a un indígena nativo y que por extensión se use para señalar a alguien como torpe e ignorante. Ante el desprecio podemos reaccionar con orgullo, y al silenciamiento transformarlo en grito como a la presencia en monumento”, escribe Fernández.
Nada me quita lo naco permanecerá expuesta en el recinto de Puerto Escondido hasta mediados de enero próximo.
Texto y fotos: Agencia Reforma


