10 julio,2026 4:10 am

Toda una vida vendiendo en la playa podría terminar por el precio del permiso de Fonatur

Acapulco, Guerrero, a 10 de julio de 2026.- Eulogia Carachuri García tiene 84 años y lleva toda una vida vendiendo dulces y frituras desde playa Dominguillo a la Tamarindos. En 2014, su hijo de 22 años, quien se dedicaba a la venta de ostiones, desapareció. En su canasto trae una fotografía de él, que la acompaña todo el tiempo.

La abuela, quien llegó al mediodía a la playa Dominguillo, apenas se puede sostener de pie, con un bastón. Vive sola en la colonia Izazaga, una colonia de alta marginación y alta incidencia delictiva, cerca de la subestación eléctrica de El Quemado, en la periferia.

El martes pasado, como pudo llegó a la reunión que convocó Fonatur en la cancha del Malecón, donde se le informó que como vendedora de la zona federal tendrá que pagar un permiso de mil 800 pesos cada cuatro meses, para poder seguir vendiendo sus productos.

La mujer cada bimestre espera con impaciencia el llamado para acudir a cobrar su pensión universal de 6 mil 200 pesos, del gobierno federal, para poder surtir las bolsas de dulces, frituras, cigarros y chicles que ofrece a los visitantes. De jueves a domingo, va a la playa a vender.

Hay días en que logra vender hasta 100 pesos, pero cuando no logra vender, no saca ni para el pasaje y tiene que pedir prestado a a otros trabajadores de la playa que ya la conocen. Para llegar a la Costera desde su colonia hay que pagar 60 pesos de viaje redondo.

Dice que en la reunión del martes uno de los funcionarios le prometió que le darían el permiso. Pero tiene preocupación de no poder seguir vendiendo en la playa, la única actividad que la mantiene con aliento.

Sentada bajo la sombra de una palapa, con mucho cuidado y sin prisa, la mujer arregla su canasto de dulces y frituras, que deja encargada con algunos de los prestadores de mobiliario de playa.

De repente muestra una fotografía de su único hijo, Jesús Antonio Carachuri. El joven tenía 22 años cuando desapareció en 2014, en la playa. Se dedicaba a vender ostiones que iba a traer a Puerto Marqués y después revendía a un costado de la estatua de El Narciso, a los vendedores que recorren la playa ofreciendo los bivalvos a los visitantes.

A su hijo le llora en silencio. No supo decir si había una denuncia del caso. Pero dice que como ha podido ha ayudado a sus dos nietas, criadas por su mamá. En la playa, los prestadores de servicios turísticos indicaron que así como ella, hay muchos adultos mayores hombres y mujeres, que viven solos y que dependen de la venta de la playa.

Luego de la entrevista, la mujer se retira a paso lento, con su canasto de dulces y frituras sostenido con el antebrazo, en la otra se apoya de un bastón que se hunde en la arena.

Este proceso de regularización de los vendedores de playas forma parte del ordenamiento de la Zona Federal Marítimo Terrestre por parte de Fonatur, e implementar el nuevo modelo de gestión de limpieza, orden, mantenimiento y equipamiento.

Pero ni organismo federal, ni el gobierno del estado o el Ayuntamiento han presentado algún proyecto alterno para las personas que serán expulsadas de las playas en este proceso o aquellas, como doña Eulogia, que no cuenten con el dinero suficiente para pagar el permiso de cada cuatro meses.

Texto: Jacob Morales Antonio / Foto: Jesús Trigo