
Acapulco, Guerrero, 4 de noviembre de 2023. “El viento del huracán parecía que hablaba” cuando llegó a playa Bonfil, dice la propietaria del Restaurante Arrullo del Mar, Teresa Olea Castañón, quien perdió el techo de su restaurante y las palapas ubicadas en la playa que ahora está ocupada por el mar.
En playa Bonfil, ubicada en la zona Diamante de Acapulco, hay 40 restaurantes, no hubo uno solo que se salvara del impacto del huracán Otis categoría 5, los techos y las estructuras de madera cedieron, y la playa desapareció. Ahora hay un gran bordo de dos metros de altura donde las olas rompen.
Ahí aún hay escombro y basura amontonada que poco a poco los propios restauranteros y trabajadores han ido juntando, a diez días del impacto del huracán que anegó por completo la zona.
La tía Tere como la conocen sus vecinos y clientes, cuenta que no le fue tan mal, porque con el huracán Calvin, en 1993, su restaurante desapareció y ahora, a sus 78 años, aun tiene fuerzas para levantarlo una vez más: “Me da tristeza porque ya estoy grande”.
Antes de abrir su establecimiento por 18 años trabajó en el restaurante Scashe-Marriott, donde aprendió a de forma empírica la alta cocina y la gastronomía internacional.
Su pequeño restaurante, que tiene 40 años funcionando, perdió la madera donde se sostenían las palapas, además de mesas y sillas. Parte de su cocina de paredes de madera está a punto de colapsar debido a que el oleaje sigue alto.
La estructura de su cabaña principal de unos seis metros cuadrados aguantó el embate de los vientos, pero parte del techo voló por los aires. Sorprendida, dice que el armado aguantó a pesar de tque se construyó hace siete años, por eso ahora buscará a la misma persona que se lo hizo para que lo reconstruya.
Por ahora dice que la parte que voló será cubierta con una lona, para comenzar a vender en el restaurante sopes, pescadillas, “lo que nos vayan trayendo en pago”.
Dijo que en los días posteriores al huracán regaló el pescado que tenía en los refrigeradores porque se iba a dañar, otro poco lo cocinó para comer con sus hijos.
Ahora se quedó sin despensa, pero dice que algunas personas le han llevado verduras como jitomate, pan blanco, huevos, frijoles, y chile verde.
La tía Tere expresó que espera que “para diciembre pasemos aunque sea media navidad contentos, no completa, media. Sí porque ahorita está duro pararnos en dos meses”.
La mujer dijo que por el momento se mantiene de su pensión de trabajo, y a completa con la pensión universal que le da el gobierno federal, y confió que llegará una buena ayuda del presidente Andrés Manuel López Obrador porque ya fue censada.
Dijo que lo que le preocupa son los pagos de los permisos de la zona federal y las licencias de funcionamiento que lo hace en un solo pago para todo el año, pues implica pagar hasta 12 mil pesos.
Por su parte el integrante del Comité de restauranteros de Playa Bonfil, Sergio Mejia Vargas informó que los 40 restaurantes y 20 pequeños hoteles que hay en esa playa resultaron con afectaciones en un cien por ciento de su estructura. “Los 40 restaurantes fuimos afectados por este huracán Otis que destrozó Acapulco”.
El propietario del restaurante Gaviotas 2, dijo que en esa playa no hubo nadie que perdiera la vida por el impacto del huracán. Comentó que la gran mayoría de los propietarios ha comenzado los trabajos de limpieza de sus restaurantes y han sacado de las playas las maderas y troncos que tenían en la zona de playa para reutilizarlo.
Urgió a las autoridades apoyarlos con camiones y maquinaria pesada para poder limpiar y sacar los escombros y basura que han sacado de sus negocios “que ya se active un plan”.
Después ver la valoración y cuantificación de los daños, y un plan de reactivación de los restaurantes, confió que la próxima semana poder abrir y comenzar a atender a visitantes: “el gobierno debe de actuar ya para reactivar la economía de Acapulco”.
Texto y foto: Jacob Morales Antonio


