28 octubre,2017 10:07 am

Trabajar como periodista en la Montaña se ha vuelto un riesgo, asegura Luis Daniel Nava en un foro

 

El corresponsal de El Sur en Chilapa comparte su experiencia con otros cuatro periodistas del país, uno de ellos de Baja California Sur y otro de Tamaulipas, que en los últimos meses han visto cómo se ha incrementado el riesgo de su trabajo en sus lugares de origen

Vania Pigeonutt / Corresponsalía

Ciudad de México.- En un contexto de aumento de las agresiones contra periodistas, el reportero Luis Daniel Nava Jiménez asistió a una reunión con organizaciones que dan seguimiento a casos de riesgo en la prensa: Artículo 19 y el Centro Nacional de Comunicación Social (Cencos), para contar su experiencia en Chilapa de Álvarez, municipio de la Montaña baja, donde trabajar se ha vuelto riesgoso.

Luis Daniel compartió su experiencia con otros cuatro periodistas del país, uno de ellos de Baja California Sur y otro de Tamaulipas, que en los últimos meses han visto cómo se ha incrementado el riesgo de su trabajo en sus lugares de origen; el otro colega no pudo mencionar ni de dónde vino porque su condición se lo impide.

Nava dijo que hay zonas del país donde por la inseguridad y violencia se han vuelto sistemáticos los ataques contra periodistas, activistas, defensores de derechos humanos; y en su caso, dirigentes sociales y funcionarios públicos; en Chilapa han sido asesinados tan sólo en los últimos dos años cuatro miembros de ese Ayuntamiento, matado a dos aspirantes a cargos de elección popular y recién a Ranferi Hernández, ex presidente del PRD en Guerrero.

“Compartimos experiencias, llegamos a la conclusión de que en varias zonas del país, como en Guerrero, se han vuelto sistemáticos los ataques a colegas para inhibir su labor”, dijo en entrevista.

El corresponsal de El Sur en Chilapa compartió que sus compañeros contaron que ya hay “zonas de silencio, hay reporteros que han sufrido ataques contra su integridad física y amenazas. Hay poco respaldo de algunos dueños de los medios de comunicación; en general, corresponsales de medios nacionales que son desplazados no reciben apoyo para empezar una nueva vida en otro lugar”.

En su caso compartió que esta necesidad llevó a varios periodistas de Guerrero a agruparse en la Asociación de Periodistas del Estado de Guerrero (APEG) que tan sólo de enero a octubre ha registrado 27 agresiones contra 35 periodistas, uno de ellos fue asesinado en la región de la Tierra Caliente, Cecilio Pineda Birto.

Luis Daniel compartió a las dos organizaciones, que se comprometieron a dar seguimiento y a hacer estas reuniones periódicas para medir y analizar los riesgos de quienes expusieron sus casos, que en Guerrero se han registrado ataques con mayor énfasis en la Costa Grande, Zihuatanejo; en la zona Centro, Montaña y Tierra Caliente.

“En mi caso en la Montaña baja nos tenemos que desenvolver en una zona de conflicto entre grupos, una zona de alta incidencia de homicidios, desplazados, desaparecidos, autoridades que en muchas de las ocasiones son las mismas; ahorita hay más de 600 escuelas cerradas a causa de los efectos de la inseguridad”.

Compartió que los cuatro reporteros que siguen trabajando notas diariamente en Chilapa han tomado medidas, como analizar las zonas a donde se dirigen, no cubren casi nunca la zona rural, que es donde más enfrentamientos hay; “ha habido casos de autocensura y desplazamiento de compañeros”.

Recordó el caso de mayo de 2015, cuando por la irrupción de civiles armados, les quitaron sus equipos de trabajo y los intimidaron. Ello, pese a que Chilapa “es una zona prácticamente militarizada, donde se han anunciado al menos tres operativos importantes, luego de 2015. El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, anunció una zona militar y no hay información, no hay visos de nada para construir”.

Luis Daniel, un reportero de 32 años que lleva al menos ocho en la profesión, consideró que algunas veces sí ha pensado en abandonarla, pero “es lo que elegimos y en este contexto tenemos que trabajar, lo tenemos que hacer porque alguien lo tiene que hacer. Es un compromiso con la sociedad”.

En la reunión, las organizaciones registraron los datos de los cinco periodistas “con diferentes situaciones de riesgo, lo que se está viviendo en Guerrero está viviéndose en Tamaulipas, en otras ciudades del norte; en Tijuana, nada más que con diferentes matices: quizá en el norte del país hay una situación más complicada. Es muy difícil laborar en una zona de conflicto no declarado, que no sea reconocido por el estado”.

Dijo que en Chilapa, de 12 años para acá, han cambiado mucho las coberturas “antes de salir a reportear, tenemos que hacer un pequeño estudio, valorar si acudir o no, si hay condiciones o no, aun cuando haya presencia policiaca, ya no podemos. Ya no se cubre la nota roja, los hechos de ese tipo, se ha evitado salir a zonas a la periferia de la ciudad, se ha evitado salir a la zona rural por los mismos hechos”.

Aclaró que “no es que haya una amenaza en contra de nosotros, o una amenaza específicamente, pero todo lo que pasa nos pone en riesgo, ya no hay margen de movilidad. La sociedad no tiene garantías de seguridad en Chilapa”.

Nava compartió que emocionalmente le ha afectado la situación, físicamente, pero nunca se ha bloqueado al escribir una nota, porque es su obligación como ciudadano. Le han afectado los efectos de la violencia entre grupos del crimen organizado, pero enfatizó que la mayoría de las agresiones registradas vienen por parte de servidores públicos y miembros de corporaciones policiacas.

Al igual que los artesanos, que han visto una disminución de ventas hasta en un 30 por ciento, han ido desapareciendo los medios impresos locales que había en Chilapa y los casos de agresiones contra la prensa son cada vez más frecuentes. El último en la cobertura de una fiesta patronal, donde el alcalde priista Jesús Parra impidió a Nava, la cobertura junto con otro colega, por no considerarlo profesional.

Durante su charla dieron opciones para que la situación de riesgo no los rebase, y en su caso propuso continuar trabajando, tejiendo redes de solidaridad y apoyo nacional, para que se conozcan los casos, pero sobre todo la sociedad sepa que también los periodistas están al acecho de varios frentes, no sólo la delincuencia.