
Inspirado en proyectos similares del país, el joven Armando Valencia Peña impulsa la iniciativa para rescatar el mobiliario urbano abandonado y convertirlo en espacios comunitarios para los lectores
Acapulco, Guerrero, 19 de mayo de 2026. Bajo el nombre Biblioteca callejera y autogestiva, desde hace tres semanas varias casetas telefónicas que están ya en desuso y que aún son parte del mobiliario de la ciudad han sido intervenidas para darles otro sentido: ser un rincón para los amantes de los libros y la lectura.
Así lo indicó el joven Armando Valencia Peña, quien desarrolló dicho proyecto en la ciudad y que tomando como muestra otros similares en distintas ciudades del país a la fecha, cuenta con dos espacios listos y uno más en preparación, y en los que simplemente cualquiera puede ir a dejar un libro que ya no use y tomar otro de los ahí disponibles.
“Uno de los lugares donde yo iba a leer de chico era la biblioteca del Zócalo”, recordó quien se identifica como divulgador cultural, “yo viví a la vuelta del Zócalo, en la calle Lerdo de Tejada; ahí viví mi infancia y desde entonces mi gusto por leer y por la cultura en sí”.
De hecho, Valencia Peña está al frente del portal electrónico Qué Tal!, que se dedica a la divulgación de actividades culturales en Acapulco, principalmente, pero también se ha enfocado en desarrollar proyectos propios.
En ese sentido, recordó que trabajó en buscar espacios como cafeterías, librerías o cualquier otro espacio que donara un muro y pudiera, luego de contactar a artistas plásticos, exhibir obras en él.
“Entonces yo quería hacer otra cosa más, y se me ocurrió la biblioteca callejera”, por lo que tomando como inspiración un proyecto así llevado a cabo en Puebla, decidió trabajar algo similar para Acapulco.
“Ahí (en Puebla) está este movimiento, por todo el Centro Histórico, pero ya hay en varias partes de México; muchas casetas (telefónicas) están abandonadas al 100 por ciento y las pintan y todo, las rotulan y ahí se dejan los libros”.
Para el caso de Acapulco, explicó, “quería hacer (algo) un poquito más en forma, aunque no me quise meter a intervenirlas al 100 por ciento porque me di cuenta que las casetas, aunque ya no sirven por dentro, por fuera su publicidad sí, e imaginé que sí ha de haber alguien que va y las medio limpia y coloca la publicidad”.
Así es que empezó con la primera, ubicada en Las Hamacas, en la esquina de la avenida 5 de Mayo y Costera donde luego de limpiar su interior –aún tiene un teléfono de tarjeta, inservible ya– puso repisas con los libros que tenía a la mano.
Eso fue hace tres semanas, dijo, “puse cinco libros en esa caseta de los que yo tenía en mi biblioteca y con eso empecé”, y ahora opera una más sobre la avenida Farallón esquina Cañada de los Amates y próximamente otra en la glorieta de Costa Azul.
La mecánica “es de lo más simple posible: tengo un libro que ya leí y quiero compartir voy la caseta y lo dejo para que alguien más lo tome, si en esa caseta hay uno (un libro) que te interese lo puedes tomar, te lo llevas, teniendo en cuenta que terminas de leerlo y vas lo regresas para que siga haciendo camino”, añadió Valencia Peña, que además es arquitecto de profesión e invitó a la gente a sumarse al proyecto.
“Cuentos, novelas y hasta cómics han llevado y también se han llevado y así que ha habido interacción con la gente que le gustan esos géneros”, dijo, para celebrar que en estos días la gente ha respondido.
“Sí, la verdad sí estoy emocionado, esto es algo que yo no pensé que fuera tanto pero sí ha llegado a varios, a varias miradas de mucha gente que se ha sumado y sin ninguna mala intención”, por lo que invitó a la gente interesada en colaborar lo mismo con la limpieza y adecuación de las casetas como en la donación de acervos a acercarse a su portal electrónico, donde estarán publicándose las convocatorias.
Óscar Ricardo Muñoz Cano


