22 agosto,2026 5:22 am

Un cínico de apellido Rocha

DE NORTE A SUR

Silber Meza

 

Se tiene que ser muy cínico, definido por la Real Academia Española como el que “actúa con falsedad o desvergüenza descaradas”, para animarse a actuar como lo hizo Rubén Rocha Moya este viernes 21 de agosto, día en que regresó a tomar posesión formal de su cargo de gobernador de Sinaloa.

Antes de las nueve de la mañana, tiempo de Sinaloa, Rubén Rocha Moya soltó una carta en sus redes sociales en la que informó que ya había regresado a sus funciones como gobernador, lo que acaparó la principal discusión pública en el país.

Esto es una parte de lo que escribió: “Después de 112 días de investigación, como la propia Fiscalía General de la República lo ha informado ya, en conferencia de prensa ante los medios de comunicación, que no existen los mínimos elementos de prueba que sustenten nuestra participación en conducta penal alguna, o sea no he cometido ningún delito, conforme al marco constitucional y legal de nuestro país. Soy ajeno e inocente de las patrañas que se han urdido en mi contra por personeros de la ultraderecha para dañar, como hoy se sabe a plenitud, al movimiento político de izquierda en el que milito y cuyos principios asumo y represento por completo. Hoy regreso al ejercicio de mi responsabilidad como gobernador de Sinaloa con la frente limpia y en alto, y con la fuerza de la verdad de nuestro lado”.

Regresó al cargo un gobernador acusado de narcotráfico por el gobierno de Estados Unidos; está pedida su detención con fines de extradición. El gobierno de Claudia Sheinbaum lo ha protegido, no lo ha investigado realmente, le dejó que colocara a una persona de sus confianzas como gobernadora interina y no se metió con la enorme corrupción señalada a los hijos de Rocha. Aun así, nada de esto fue suficiente para Rocha Moya y decidió volver al cargo.

La primera pregunta que se nos vino a la mente a muchos fue: ¿la presidenta Sheinbaum está de acuerdo o Rocha lo hizo sin su permiso? Y luego: ¿para qué regresar formalmente si ya mandaba en las sombras?, ¿cómo alguien puede gobernar un estado con esa desconfianza pública?

Pero en pocas horas nos dimos cuenta de que en Palacio Nacional no estaban de acuerdo con la decisión del gobernador de Sinaloa. Primero la Segob emitió un mensaje donde deslinda al gobierno federal del sinaloense y le recuerda que nadie lo ha exonerado, que tiene investigaciones abiertas: “La Secretaría de Gobernación informa que la decisión del doctor Rubén Rocha Moya de reincorporarse a sus funciones como gobernador del estado de Sinaloa, responde exclusivamente a una determinación de carácter personal. En su momento, la Fiscalía General de la República informó que mantiene abiertas carpetas de investigación relacionadas con las 10 personas señaladas por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, entre ellas el gobernador de Sinaloa”.

Después, su partido hace lo mismo en un comunicado, donde dice que “Morena se deslinda de esa decisión”.

Más tarde, Ricardo Monreal, el poderoso líder de la mayoría legislativa en la Cámara de Diputados, grabó un video para recomendarle reconsiderar su decisión y reflexionar sobre su regreso. Este mensaje es duro porque Monreal ha sido uno de los principales apoyos de Rocha Moya. Al mismo tiempo, el zacatecano respalda a la presidenta Claudia Sheinbaum, un mensaje que parece necesario para mostrar que el tema ya tiene bandos: Claudia o Rubén.

¿Por qué estamos en este escenario, si parecía que se tenía cierto control sobre el tema, un control que apuntaba a la impunidad total y a la conveniencia política para Rocha Moya?

Para mí es inevitable pensar, primero, en el retiro de visa a Andy López Beltrán, como un aumento en la apuesta de cacería estadunidense; segundo, en la reunión que Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y gente de todas la confianzas de Sheinbaum, tuvo en Argentina con el director de la DEA, Terrance Cole; tercero, casi al mismo tiempo, la detención de una persona que había permanecido impune por dos años sin explicación alguna: Fausto Corrales, el chofer y testigo clave que llevó a Héctor Melesio Cuén –enemigo político del ahora otra vez gobernador en funciones– al lugar donde lo mataron. Y cuarto, se da el regreso de Rocha Moya.

Desde mi punto de vista, la detención de Fausto rompió un pacto inicial y eso generó una enorme desconfianza de Rocha Moya, que habría decidido regresar al gobierno sin el apoyo del gobierno federal y ahora Morena entera ha decidido verlo como un apestado.

A esta serie todavía le quedan varias temporadas, pero lo más probable es que a Rubén Rocha Moya se le haya acabado la póliza de impunidad.