16 abril,2026 10:08 am

Un espacio en la Facultad de Música de la UNAM donde la composición se escribe con algoritmos

El Laboratorio de Informática Musical e Informática Electroacústica se consolida como el epicentro de la creación sonora basada en código y datos

Ciudad de México, 16 de abril de 2026. En la Facultad de Música (FaM) de la UNAM existe un espacio donde conviven el arte sonoro y la tecnología de punta: el Laboratorio de Informática Musical e Informática Electroacústica (LIMME).

Ahí, compositores e investigadores no trabajan con partituras ni instrumentos convencionales sino con código, datos y algoritmos.

En sus inicios, este laboratorio fue el más grande de música electrónica del país.

Sus primeros estudiantes, hace 25 años, llegaron atraídos por la novedad. Hoy, en cambio, es un requisito para los estudiantes de composición.

Su fundador y director Pablo Silva ve con satisfacción que el panorama de la música electrónica se ha expandido.

Los primeros intentos datan de 1948, en París. Pierre Schaeffer (1910-1995), ingeniero de sonido de la Radio France grababa sonidos cotidianos, como trenes, trompos e instrumentos percutidos, y los manipulaba en el estudio. El resultado no era música en el sentido tradicional sino algo nuevo que él llamó “música concreta”.

Han pasado 80 años y ya puede hablarse de cierta tradición. Las computadoras son ya un medio de “expresión, proceso e integración”.

Después de 25 años, el proyecto goza de una etapa dorada, “o al menos plateada”, caracterizada por una gran actividad, inquietud creativa y nuevas ideas.

“Ya no somos nada más un área de didáctica, somos un área de investigación y de creación”, celebra Silva, en entrevista conjunta con Jorge David García, docente en el LIMME.

Lograda la madurez, el Laboratorio persigue una mayor difusión fuera de los muros de la FaM al establecer alianzas con festivales y grupos de trabajo, además de colaboraciones con instituciones como la Escuela Superior de Música del INBAL y el Conservatorio Nacional de Música.

“Estamos en esa pregunta: ¿Cómo se enfrenta la UNAM a los cambios artísticos que ha habido y cómo puede contribuir de una manera más articulada incluso con otras instancias de la UNAM como Casa del Lago?; ahora tenemos una instalación en San Ildefonso y próximamente tendremos un concierto en el MUAC”, agrega García.

Al final, remarca, en la FaM se forman profesionales de la tecnología musical que ejercen en distintos puntos, aunque no siempre se les asocia con la facultad.

“Es un poco también desarticular esa atomización”, plantea García, compositor y musicólogo.

En la próxima renovación del plan de estudios, anticipa Silva, se busca integrar más directamente el trabajo con la imagen, instalaciones, artes visuales y proyectos interactivos.

“Y sobre todo establecer relaciones con grupos de trabajo avanzados en las artes digitales, el arte sonoro y el cine digital en México”, formula el pianista y compositor.

Habla también de retomar los contactos internacionales para fortalecer la presencia del Laboratorio a nivel global y generar alianzas con otros equipos dedicados a las artes digitales, el arte sonoro y el cine.

La mitad de la planta del LIMME corresponde a egresados de su doctorado. Otros se dedican de lleno a la música electroacústica, unos más a la producción musical.

“Empezamos a pasar la estafeta”, responde García.

El mundo no es el mismo que cuando se fundó el Laboratorio, en el 2000. La investigación sobre la inteligencia artificial en la música es un ejemplo.

“En nuestro posgrado se está estudiando mucho, es una investigación pionera”, asegura García.

Lo ejemplifica con el trabajo de Otto Castro, egresado del doctorado en Tecnología musical del LIMME, con inteligencia sonora aplicada a paisajes latinoamericanos.

O Aarón Escobar, creador de un sistema de improvisación con la computadora anclado en lo latinoamericano, o Emilia Bahamonde, quien produjo un modelo de experimentación y producción basado en el pensamiento andino.

De modo que el LIMME, en sus 25 años, se replantea, según García: “¿Por qué se hacen las cosas de una sola manera cuando hay muchas formas de hacer? ¿Por qué siempre los mismos modelos?”.

Otra transformación es la colaboración que como, dice el académico, “se ha instalado”: Permite articular la necesidad de trabajar en colaboración, en lugar de que cada quien se enfoque sólo en su clase, su obra, sus estudiantes o su producción individual.

Erika P. Bucio / Agencia Reforma