26 diciembre,2017 2:11 pm

Un monumento para las locas

Federico Vite.

Algún día también haré un monumento en honor a las locas de mi vida, una estatua de tinta, simpática, gozosa, amable, una serie de anécdotas que revelen el verdadero poder de las ninfas que gracias a su confusión contaminaron todo un ecosistema emocional, todo un anhelo, que para bien o para mal era idílico. Quiero una estatua literaria digna de Imposible salir de la tierra (Almadía, México, 2016, 148 páginas), de la narradora chilena Alejandra Costamagna.

Las mujeres de Costamagna, más que apasionadas, son realmente delirantes. No tienen la expresividad poética de Lucía Berlín, claro, pero sí la hondura sicológica impuesta por John Cheever, quien nos enseñó que es posible hablar enfáticamente del daño describiendo hechos imprudentes, acciones que muestran poco a poco la dimensión de los abismos emocionales.

Imposible salir de la tierra reúne 11 cuentos. Todos ellos liderados por el pulso femenino; a ratos, como el relato Cachipún (una variante del juego Piedra, papel y tijera), los textos parecen una maqueta diseñada para la franca provocación, alimento para los puritanos. En Cachipún descubrimos a dos hermanas que mantienen relaciones sexuales con el padrastro y el hermano para quedar bien con un macho, quien para variar las engaña. Pero aparte de la provocación, encontramos cuentos emotivos y de gran manufactura técnica, por ejemplo, Imposible salir de la tierra, Gorilas en el congo, Nadie nunca se acostumbra, La epidemia de Traiguén y Are you ready? Estructuras que se caracterizan por la intensidad de las acciones, por el punto de vista del narrador y por la progresión dramática de los hechos. Son cuentos que trabajan las dos historias (ese caballito de batalla que nos ha explicado muy bien Ricardo Piglia), evitan los finales sorpresivos, casi en su totalidad, salvo por La epidemia de Traiguén y Gorilas en el Congo, donde se notan los resabios de la tradición latinoamericana del siglo pasado, discursos que fincan su poder en la revelación final de un dato que cierra de forma contundente la historia.

El texto Imposible salir de la tierra da cuenta del conflicto vital de dos hermanas, quienes lidian con la noción de la muerte. Una de ellas parece encaminarse al suicidio; la otra intenta huir de los brazos de una enfermedad. Es ejemplar el uso de la elipsis en esta historia. Recorta el cuerpo del relato y abre algunos senderos narrativos que parecen motivos ciegos, distractores, pero que al final descubrimos como las bisagras de una ventana que ofrece múltiples perspectivas al núcleo del cuento: cómo salir de esta tierra.

Las mujeres de este libro enfrentan situaciones emocionales que afectan las relaciones domésticas y laborales. Se trata de mujeres chilenas que viven desde el anhelo. Quieren algo, o a alguien, pero no saben cómo obtenerlo. Por ejemplo, La epidemia de Traiguén, es la historia de Victoria Melis, una mujer con un carácter inestable y ansiosa, quien mantiene un affaire con su patrón. Finalmente, Victoria es rechazada por su jefe y, como un intento desesperado por rescatar una relación amorosa, persigue a su hombre hasta Japón. El reencuentro es absurdo e inquietante.

Varios de los cuentos tienen referencias (frases o datos) niponas. La autora hace que el lector sostenga durante todo el volumen una cercanía con Japón; los cuentos arañan esa orilla del mundo, desdoblan el drama en esa geografía.

La narrativa de Alejandra Costamagna apuesta por el absurdo. Quizá la mejor manera de definir el presente. Teóricamente nos enfrentamos a textos de corte realista que empiezan a trastocarse cuando aparecen los esperpentos que motivan las historias. Son cuentos que fundamentan, por contexto, aspectos costumbristas, prácticas comunes de personajes extravagantes, esquizoides y desorientados; aunque los textos poseen una estructura tradicional (inicio, desarrollo, conflicto, desenlace y final), el tema de las unidades narrativas, la pasión desmedida, pone en crisis esas estructuras y propicia una nueva forma de organizar el discurso.

El cuento que condensa la propuesta estilística y temática es Imposible salir de la tierra. Justamente la final de ese texto, la autora señala: “Sueña que es un pescado azul de cola pálida y fabulosamente larga, una cola de metros, de kilómetros, con la que se desplaza como si volara, como si no estuviera en el agua sino en el aire, y nada o vuela y atraviesa una laguna o una galaxia y no llega y no llega nunca al otro lado”. Esta es la forma en la que Costamagna nos recuerda que no es posible, que no se puede tocar el afuera, que la otredad es utópica. La tesis que formula ese cauce de energía femenina nos revela el título del libro que hoy comento. Es imposible salir de la Tierra y eso duele.

Costamagna apuesta por historias que se intensifican cuando describe las rarezas, lo extraño de sus protagonistas. No hay prisa por consumar cada hecho. Los acciones van encausadas a exacerbar la pasión, eso es lo importante: azuzar.

El universo interno de la escritora es un catálogo de manías, de locuras que existen bajo las aguas tranquilas por las que navegan algunas locas ejemplares. Digamos que al abrir las páginas de Imposible salir de la tierra el lector descubre un mundo a punto de quebrarse, como si caminara sobre la pátina de un río congelado.

La mujeres de Costamagna expresan vulnerabilidad, confusión y desequilibrio emocionales, son inseguras, necias, empecinadas en ser víctimas. La autora pone la lupa sobre las pasiones. Al tiempo que revela los motores de la fragilidad humana nos muestra que las posibilidades narrativas de la feminidad no se reducen al amor; es más, no se reducen el punto de vista de la mujer, sino al asombro femenino de ver el mundo y tocarlo de esa forma: enfermizamente femenino, saludablemente femenino. Que tengan un buen martes.