23 noviembre,2023 11:53 am

Un viaje al México del siglo 19 desde las crónicas

 

Ciudad de México, 23 de noviembre de 2023. La crónica es memoria colectiva, y tener memoria es fundamental para una sociedad que desea reconocerse”, advierte Miguel Ángel Castro, coordinador de la antología Crónicas periodísticas del siglo XIX, publicada por la UNAM.

De Manuel Gutiérrez Nájera e Ignacio Manuel Altamirano a Luis G. Urbina, Ángel de Campo y Federico Gamboa, entre otros, la obra incluye crónicas reconocidas por los estudiosos como emblemáticas y otras que, por primera vez, salen de las páginas de los periódicos donde se publicaron.

Temas como la coquetería –“incompatible con la virtud”, dice un cronista anónimo–, la lotería –“nada hay más inocente, lícito y útil”, escribe José Justo Gómez, conde la Cortina–, las salutaciones y cumplidos, los viajes, los paseos, la escasez o asuntos como los impuestos al vicio desarrollan cronistas recuperados en esta obra, que abarca textos publicados entre 1805 y 1910.

“Esta antología es un proyecto que surge precisamente de impartir un curso en la Facultad de Filosofía y Letras sobre la crónica del siglo 19, porque considero que es un género que puede funcionar como fuente para los estudios históricos, pero que también, en su evolución, llegó al ámbito de la literatura. El curso se llama Crónica Periodística: Historia, Prensa y Literatura”, detalla Castro en entrevista.

“La idea principal”, explica, “fue acercar en un primer momento este género a los estudiantes, porque estoy convencido que es un género muy deleitable y al mismo tiempo informativo, que enriquece nuestro conocimiento de la vida cotidiana”.

Las crónicas modernistas y realistas de fin de siglo son verdaderas piezas literarias, que trascendieron las páginas de los periódicos donde fueron publicadas, destaca el especialista en bibliografía del siglo 19.

“Casi podría decirle”, añade, “que no hubo en un momento dado un escritor de finales del siglo 19, por ejemplo del Porfiriato, que no colaborara en un periódico”.

“Nuestros escritores del siglo 19 están interesados en la descripción de costumbres por dos razones. La primera, porque hablar de las costumbres era invitar a mejorarlas, hacer ciudadanos, acercarlos a la noción de civilización que se aspiraba desde el siglo 18 con la Ilustración.

“Entonces, a lo largo del siglo 19, la misión de la prensa en buena medida era formar ciudadanos y el género de la crónica, como yo sostengo en esta antología, tiene antecedentes en los cuadros de costumbres, en pinturas o en grabados, eran una forma de disfrutar lo inmediato”, expone.

El cuadro de costumbres que empezó a publicarse en las revistas mexicanas de la primera mitad del siglo 19 pronto adquirió popularidad en el gusto de los lectores, apunta Castro.

“Los editores de los periódicos se dan cuenta y poco a poco van abriendo espacios para que haya un cronista, que es generalmente un escritor. Porque los escritores en nuestra prensa del siglo 19 estaban ahí; la literatura mexicana del 19 no se entiende si no se va a los periódicos. Ahí publicaban los poetas, los novelistas, los críticos de literatura”.

La estructura de la obra en cinco partes –un prólogo, un “vestíbulo” con cuatro crónicas fundamentales y las demás repartidas en tres periodos– permite al lector seguir la evolución del género e interpretar la circunstancia histórica en que fueron publicadas las crónicas. Estas se acompañan de comentarios sucintos de estudiantes de licenciatura que colaboraron en el proyecto.

En un primer momento, señala el investigador, los lectores consultaban la crónica de espectáculos, interesados en cómo había transcurrido una función de teatro o de ópera y cuál era la opinión de un crítico.

“El cronista teatral en la primera mitad del siglo 19 abre espacios y es acompañado por otros cronistas como –creo es que el ejemplo más importante– Guillermo Prieto, quien sale a caminar y a describir lo que pasa durante un domingo y de esa manera también va junto con el que habla de teatro y el que empieza a hablar de lo que pasa un domingo o a lo largo de la semana y crean un lector interesado en enterarse, pero también en tener una lectura amigable, amena”.

Así, la crónica se instala, hacia el Porfiriato, en el gusto de la gente, al grado de convertir el domingo, cuando se publicaban, en el día de lectura, porque era el único descanso en la semana, una tradición que, observa Castro, continuaron por ejemplo los suplementos dominicales en siglos posteriores.

El género se instaló no solo en el gusto de los lectores sino en las primeras planas de los periódicos, porque todos procuraban tener sus cronistas, entre los que figuraban mujeres como Fanny Nataly de Testa “Titania” o Victoria González “Abeja”.

Las crónicas permiten conocer el pasado, pero también pueden contribuir a relacionarse con el presente, considera Castro, quien invita a sus alumnos a consultar los periódicos originales y luego a visitar los lugares descritos en ellos.

“Hay alumnos míos que ya no conocen el Centro Histórico, no conocen ni siquiera las colonias que todavía hace 20 años más o menos conocíamos todos. De repente se acercan por alguna razón a la Condesa, a la Juárez, pero ni siquiera el Centro Histórico conocen con detalle, porque viven en Ecatepec, en Ciudad Nezahualcóyotl, en los alrededores de la Ciudad y en el transporte público tardan a veces una o dos horas en llegar”.

Los invita a comparar su tiempo con el de ayer, a recorrer los lugares que detallaron los cronistas y a mirar las costumbres, los tipos o comida, como una forma de acercarse a la Ciudad.

“Creo que la misión del historiador es invitar a visitar el pasado, a reconstruirlo. La amenidad y las propias crónicas que hemos escogido invitan a hacerlo, por lo menos esa es mi apuesta: que la crónica en sí misma sea una invitación a ese viaje”.

 

Túnel del tiempo

La antología Crónicas periodísticas del siglo XIX, se acompaña de un sitio hospedado en el Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM (http://sigloxix.iib.unam.mx) para ver los periódicos donde se publicaron originalmente las crónicas.

Así, las crónicas se muestran en su versión original, tal como aparecieron en las planas de los periódicos y en otra versión, editada, que actualiza su ortografía.

El libro incorpora en la solapa un código QR, para que los lectores entren directamente al sitio que ha dispuesto el Instituto de Investigaciones Bibliográficas.

“Verán la página, la tipografía, si viene a un lado una noticia importante o no, si hay anuncios, y de esa manera lograr también el efecto de una primera lectura, porque antes de estas facilidades que nos da la tecnología, cuando uno empezaba a leer crónicas era muy difícil ir a la hemeroteca para que le prestaran el periódico.

“Uno se valía de los libros donde ya habían sido editadas las crónicas, por ejemplo de Gutiérrez Nájera, de Zarco, de Guillermo Prieto o de Altamirano. Era una lectura digamos de nuestros días y no era tan fácil hacer el viaje al momento y ver los periódicos de la época. Ahora, aprovechando la tecnología, podemos hacerlo”

Este sitio permitirá, además, la incorporación sistemática de crónicas y recibirá comentarios de los lectores.

 

Las crónicas se dividen en tres periodos:

– 1805-1848

– 1849-1880

– 1880-1910

 

Texto y foto: Agencia Reforma