
Ciudad de México, 8 de octubre de 2025. Para poder ingresar al Pabellón de Lituania en la Bienal de Venecia del 2019, el público debía abandonar la zona de espacios estables de exhibición, caminar hacia el distrito Castello, adentrarse en una calle alejada del turismo y hacer una fila que podía llegar a durar hasta tres horas.
De manera inusual para este mediático encuentro internacional de arte contemporáneo, cundió velozmente el rumor de que la pieza más impresionante de aquella edición se encontraba en una zona periférica de la muestra.
No era para menos. Al ingresar al inmueble, los visitantes llegaban a un primer piso y al asomarse hacia el patio central desde un barandal, contemplaban una playa de tamaño real, con bañistas despreocupados y en calma que interpretaban un aria coral a viva voz.
La pieza, una ópera-performance titulada Sun & Sea (Sol y mar), llegaría a hacerse en ese año con el León de Oro, el máximo premio de la bienal para un pabellón nacional, y a iniciar una existencia nómada que esta semana la llevará a estrenarse en el Festival Internacional Cervantino (FIC).
“En ese momento, era difícil para nosotras entender qué estaba pasando, porque era realmente inesperado”, recordó en entrevista la compositora Lina Lapelyte, creadora de la pieza junto con la directora escénica Rugile Barzdiukaite y la libretista Vaiva Grainyte.
“Éramos tres artistas que realmente no tenían mucho apoyo, ni antecedentes con grandes galerías, ni mucho reconocimiento en el mundo del arte”, agregó sobre el éxito súbito e inesperado.
Aunque en el programa de la obra cada una recibe el crédito por un aspecto específico de la misma, el trío de artistas ha desarrollado una colaboración que prescinde de los roles establecidos.
“Hemos desarrollado un método de trabajo que es muy horizontal y que no depende de jerarquías”, señaló Barzdiukaite.
“Comenzamos a trabajar juntas, no cuando el texto está terminado, o cuando la música ya está compuesta, sino cuando el proyecto es todavía una idea y tratamos de desarrollar cada elemento simultáneamente; nuestra meta es lograr esa sensación no jerarquizada de que todos los elementos juegan un rol equivalente en la pieza”, abundó.
Cada una con una trayectoria en sus respectivas disciplinas, el trío se unió por primera vez en 2013 para crear la pieza Have a Good Day! (¡Que tenga un buen día!), descrita como una “ópera para 10 cajeras, un supermercado y piano”.
Todavía con funciones este año, la ópera muestra la vida interior de las cajeras de un supermercado, con sus dramas y tribulaciones secretas, detrás de las interacciones mecánicas y artificiales que ocurren cotidianamente en su lugar de trabajo.
Además de probar que la ópera es un género ideal para la colaboración entre las tres, esta primera creación colectiva ya adelantaba uno de los temas fundamentales de Sun & Sea: la turbulencia que se gesta por debajo de la normalidad aparente.
“Tenía esta idea de una playa vista desde arriba, donde las personas son como bichos, o pequeñas criaturas, vistas desde arriba”, relató la directora escénica.
“Esta imagen nos parecía intrigante a las tres y, a la vez, teníamos la intuición de que estas pequeñas criaturas están vistas desde la perspectiva del sol y que son muy frágiles, como lo es el cuerpo humano, y que ese cuerpo en el que yacen en la playa, el cuerpo planetario, también es frágil”.
Fue entonces evidente para las artistas que la ópera debía tratar sobre el cambio climático, con un enfoque ecológico, donde la playa se convierte en un modelo de la sociedad a escala.
“En la playa, sentíamos que cada uno se vuelve igual bajo el mismo cielo y el sol es invitante, pero, por otro lado, también es un peligro, porque el planeta es un objeto quemándose que es afectado por el cambio climático”, apuntó la compositora.
La pieza, que ha sido montada en espacios arquitectónicos sumamente distintos, ahora llegará al patio de la Casa de la Cultura de Guanajuato, una vieja vecindad y luego mueblería, que recibirá 30 toneladas de arena para convertirse en una playa.
En las funciones del Cervantino, que se llevarán a cabo del 11 al 14 de octubre, el público llegará a una escena más que reconocible: las parejas asoleándose, los niños jugando pelota o construyendo castillos de arena, las personas sumergidas en sus celulares o en sus libros vacacionales.
“Queríamos tener este pequeño modelo de una sociedad en la playa, donde todos son iguales bajo el sol, sin importar si se trata de un hombre de negocios rico y adicto al trabajo, o una madre con su hijo, o un filósofo, o alguien que es casi una figura mitológica”, refirió Barzdiukaite.
“Todos tienen el mismo sol y están rodeados por el mismo mar, y se unen para cantar a coro”.
La composición musical, aunque indudablemente una ópera, busca ser cercana y reconocible.
“Un poco como la música pop”, explicó Lapelyte. “Es música que creo que también funciona como un personaje. Cada cantante tiene su propia línea musical que representa de lo que están hablando, pero también a ellos mismos”.
Así, cada uno canta de sus vidas y sus problemas particulares, pero en cada historia, subrepticiamente, comienzan a revelarse los efectos del cambio climático: el calor agobiante, los desastres naturales, las estaciones difusas, los vuelos retrasados, las bolsas del supermercado que danzan junto a las medusas, las quemaduras de piel.
“El principal desafío desde el mero principio era asegurarse de que la pieza no fuera moralista o que emitiera juicios, sino que se plantara en el mismo suelo que la audiencia, que no se pusiera por encima”, comentó la directora de escena.
Así, como ocurre a todos en la vida diaria, la placidez de lo cotidiano entraña un peligro que no deja de acechar y que, día tras día, se acentúa por el consumismo que ignora al cambio climático.
Con una duración total de una hora, Sun & Sea presenta cuatro funciones consecutivas por día, de las 14:00 a las 17:00 horas, con entrada libre.
Ya de camino al Cervantino, las artistas llegarán para supervisar el montaje –que siempre se hace con arena del lugar que después se devuelve a su sitio de origen– y para trabajar con un coro de artistas locales que formará parte de la ópera.
Cada iteración de la obra, desde Venecia hasta Guanajuato, siempre resulta en una experiencia única.
“A veces tenemos locaciones enormes, espectaculares, de hasta 400 personas en la audiencia, y a veces tenemos locaciones muy pequeñas para menos de 100 personas”, detalló Barzdiukaite.
“Son aspectos distintos que siempre se conjugan de bellas maneras. Quizá en una escala pequeña, como la que tendremos aquí en México, se vuelve más íntimo, puedes ver los rostros de los cantantes muy bien”, concluyó.
Una nueva playa en Guanajuato que, detrás de su máscara veraniega, alerta sobre la fragilidad de la vida humana en un planeta que se está quemando.
Francisco Morales/ Agencia Reforma


