22 septiembre,2023 12:29 pm

Urgen mimos a reavivar “el arte del silencio”

 

Ciudad de México, 22 de septiembre de 2023. Habían quedado de verse a las 8:00 de la mañana, incapaces de saber que a las 7:17 un terremoto cimbraría a la Ciudad. Aún así, los miembros de la compañía Theater Frederik comenzaron a llegar uno a uno, salvo por el fundador y director, Frederik Vanmelle.

Un muy joven Humberto Ibarra había visto al artista plástico, actor y creador de teatro de origen belga un día antes, el 18 de septiembre de 1985, hace ya 38 años.

Al despedirse por la tarde, el alumno recién convertido en padre preguntó a su maestro cuándo conocería a la bebé.

“Y él sólo respondió: ‘Todo llega a su tiempo’. Lo más extraño es que al día siguiente él ya no estaba vivo”, cuenta en entrevista Ibarra, hoy mimo profesional y artista corporal, conmovido al evocar su último encuentro con Vanmelle, a quien rendirá homenaje, como cada septiembre, una vez más.

“Hacer este homenaje cada año es mantenerlo vivo, es decirle a las nuevas generaciones quién fue”, resalta el creador que a partir del mediodía de este sábado presentará dos espectáculos, a las 12:30 y 13:30 horas, en donde alguna vez se erigiera el edificio al cruce de Bruselas y Liverpool, en la Colonia Juárez, cuyo derrumbe cobró las vidas de Vanmelle y de su compañero Paul Demeyere.

Esto se llevará a cabo, además, como parte de la celebración por el Día Internacional del Mimo, que se conmemora cada 22 de septiembre en recuerdo del fallecimiento de Marcel Marceau (1923-2007), el exponente más reconocido a nivel mundial de lo que él mismo denominó “el arte del silencio”, y de quien este año se recuerda el centenario de su natalicio.

Para este día, a las 16:00 horas, Ibarra ofrecerá en el Faro Cosmos (Calzada México-Tacuba S/N, Colonia Tlaxpana) la primera clase masiva de mimo en la CDMX, acompañado por Mimo Dago y por Alaide Ibarra, aquella bebé a quien Vanmelle ya no conoció.

“Es un experimento con la intención de difundir y fomentar el arte del mimo, ese arte universal”, dice el artista, quien a sus inicios en los 80 actuara con el nombre de Mimo Kabuki.

La clase masiva, realizada con apoyo de la Secretaría de Cultura capitalina, y que a su vez estará dedicada al fallecido mimo Máximo Medina -que enseñaba en dicho Faro-, servirá para mostrar la realidad de una forma artística plagada de clichés y concepciones equivocadas. Por ejemplo, la cara blanca y la camisa a rayas.

“No fue su culpa, pero Marceau, al maquillarse de blanco, todo mundo creyó que tenías que tener la cara blanca para poder ser mimo”, apunta Ibarra sobre el francés que más mediatizara este arte.

“Marceau hace que esto sea más accesible para la gente. Lo hace mediático, lo hace fácil, lo hace incluso barato”, agrega el creador mexicano, sin obviar la influencia de Charles Chaplin, el mimo más popular del cine mudo. “Él ya se había inspirado en el trabajo de Chaplin, en temas de Chaplin; ‘Bip’ (su célebre personaje) es, de alguna manera, las creaciones de Chaplin para el cine”.

El maquillaje blanco, que pese a no ser intrínseco a este arte aún varios creadores continúan asidos a él, parece nutrir otra falsa creencia: la indiferenciación con una labor como la que realiza el payaso.

“(En el imaginario colectivo), quien se maquilla y te hace reír, pues es un payaso, es un cómico”, apunta, por su parte, Dagoberto Rivas, o Mimo Dago.

“La pantomima debe ser más dramática, más expresiva, más a contar historias, a involucrar a la sociedad en un replanteamiento de lo que está viviendo, de lo que observa”, añade. “Siempre he comentado que la pantomima es contar historias con el arte del gesto, nada más”.

Finalmente, otro de los prejuicios más grandes en torno al mimo es que su acto se basa en el mutismo total y una gesticulación más cercana al lenguaje de señas y a los juegos de mímica, en ocasiones imitando a la gente en plena calle de forma burlona.

“Llamémosle mimo a una forma ilimitada de comunicación corporal. El mimo clásico utiliza únicamente su cuerpo en el espacio vacío. El mimo contemporáneo hace uso de todos los elementos a su alrededor, vestuarios, objetos que prolonguen el movimiento de su cuerpo, efectos especiales, iluminación, música, sonidos guturales, la voz e incluso la palabra”, detalla Ibarra.

“El mimo contemporáneo se confunde con el clown, con el actor, con el bailarín. Es decir, los límites se disuelven”, remarca sobre lo que considera se ha vuelto un arte interdisciplinario. “El mimo es universal; el mimo puede estar en las calles con dignidad, con profesionalismo, con respeto. Y el mimo, sobre todo, puede transformar”.

 

Un arte en riesgo de extinción

Ibarra se autodenomina “un mimo loco” que está muy preocupado por la existencia de su gremio.

“Estamos desapareciendo”, clama el creador nacido en la Ciudad de México, en 1966, para quien esta forma de arte, en la que suma 40 años de carrera -pese al rechazo inicial de su familia-, constituye la base de cualquier actividad escénica en tanto se centra en el control y autoconciencia del propio cuerpo.

“Se están perdiendo los espacios (…) y en los tabuladores, en el programa de apoyo de lo que antes era el Fonca, no existe el mimo”, prosigue. “Existe circo, clown, cabaret; pero no existe mimo. Estamos desapareciendo, de verdad”.

Quizá parte del problema, pondera, sea que actualmente no existe en México una escuela tal cual de mimos, lo cual genera una grieta en la posibilidad de formación; “y, entonces, también estamos llenos de seudónimos que tomaron un taller una semana y ya creen que son mimos”, desaprueba.

“Desgraciadamente, lo hacen por trabajo, por dinero”, aduce Mimo Dago, un “mimo de plaza” con 33 años de trabajo en la hoy Alcaldía Tlalpan, sin que los esporádicos gritos de “maricón” por ir maquillado y otros ataques en el barrio minaran su vocación.

“Pero he visto a algunos personajes en los semáforos que son excelentes, como ese tipo de mimo de calle, de cara blanca, haciendo graciosadas”, reconoce quien sabe de primera mano, quizá como la mayoría de los mimos de este País, lo que es subsistir únicamente de lo que aporta la gente al pasar el sombrero o “la copa”.

Haciendo un repaso, por ejemplo, de cómo se perfeccionaron en este quehacer tanto Ibarra como Mimo Dago, no pareciera que esa ausencia de una escuela formal fuera un impedimento, pues ambos tuvieron oportunidad de aprender con varios profesores, en compañías, talleres y demás oportunidades en el terreno de las artes escénicas.

“Pero los mimos de los años 80 (cuando hubo un gran auge de este arte) han ido desapareciendo porque se han estado muriendo. Hay muy pocos mimos ya en el País, en realidad”, lamenta Dago, también nacido en Ciudad de México, en 1969.

Entre esos fallecimientos se enlista a Fernando Leal, Jorge Wagner, el cubano Ramón Díaz o el mencionado Max Medina. Y algunos de los profesores que aún viven, como Ricardo Leal o Sigfrido Aguilar, se encuentran en el interior de la República.

“Alaide va a comenzar a dar clases en Faro Cosmos, que es este lugar bonito y además dedicado especialmente a artes circenses y demás; va a comenzar lunes y viernes. Ésa es una opción”, dice Ibarra sobre su hija, profesionalizada en Montreal y Suiza, que de muy pequeña en realidad decía querer ser bióloga marina.

“Yo estaré en algunos otros Faros. Por el momento es lo que hay”, continúa. “Lamentablemente, hay más de una persona que dice dar clases, y pues no tiene la preparación”.

Un mapa de estos creadores está trazado en Mimos de México, libro coordinado por Ibarra y publicado en 2018 a manera de homenaje para Juan Gabriel Moreno, maestro de Ibarra hoy retirado.

“Ahí hay más de 40 mimos. Pero no están todos los que son ni todos los que están son (mimos)”, comenta Ibarra sobre el volumen ilustrado en el que aparecen figuras como Nora Manneck, Alberto Stanley, Pethusso y Rafael Pimentel, además de las agrupaciones Imaginerías y La Reina Coja, y, por supuesto, Ibarra y Dago.

“Hay más de un gol que me metieron; a lo mejor el libro tendría que resumirse a 10”, sostiene el coordinador del libro, con un juicio severo, casi intransigente, respecto a lo que significa ser un mimo de verdad.

Al final, y con esa misma severidad aplicada en la autocrítica, Ibarra reconoce que los mimos también son culpables del desinterés que los tiene al borde de desaparecer.

“Mira, nosotros somos los principales promotores de nuestra extinción al no tener unas propuestas dignas para el público. Ésa es mi opinión muy personal. Nosotros somos los causantes de esa agonía.

“Lo más importante es que yo mimo me comprometa conmigo y pueda cautivar, enamorar, atrapar, cortejar al público sediento, como cortejas a la chica que te gusta”, enfatiza. “A mí me gusta el público, me gusta poder llegar a la gente, me gusta contarle historias”.

Intentando paliar la situación, un nuevo espacio llamado Hermosas Locuras abrirá la noche de este sábado a las 20:00 horas en Atlixco 75, en la Colonia Condesa, con el espectáculo Mimo Trova, de Ibarra, quien hace un llamado a todos los creadores silentes a ser parte de los “Jueves de mimos”, que inaugurará Mimo Dago el 28 de septiembre.

Los interesados pueden ponerse en contacto a través de la dirección de correo [email protected], o vía telefónica, al 4425541424.

 

Texto y foto: Agencia Reforma