
Acapulco, Guerrero, a 19 de marzo de 2025.- Para Carlos Pietrasanta Gardel, mítico gerente de la también mítica discoteca Baby’O, Acapulco sigue siendo la Perla del Pacífico y aunque ha pasado el tiempo y las cosas han cambiado, vale la pena continuar trabajando por él.
“Si yo volviera a nacer haría lo mismo, no cambiaría absolutamente nada; he tenido muchísimos momentos maravillosos en Acapulco”, afirmó categórico el hombre de 73 años de edad y que ahora ve como resultado de su trabajo el reconocimiento público. Y le agrada.
En breve charla el pasado lunes por la noche, luego de una conferencia de prensa en el Amar Show Center para anunciar un homenaje en su honor el próximo sábado 29 de marzo en Sinfonía del Mar, el oriundo de la Ciudad de México compartió algunos fragmentos de su historia en el puerto, con el Baby’O, y que comienza cuando a mediados de los años setenta conoce a los entonces jóvenes empresarios Eduardo Césarman y Rafael Villafane.
Ellos habían inaugurado la discoteca un año antes, en 1976, recordó, “y yo, con el hermano de una cuñada, me dedicaba en ese entonces a vender cosas de piel que traíamos a Acapulco desde León.
“Un día coincidí con los dueños de la discoteca y les gustaron mucho unas bolsas que traíamos, unas de piel napa muy finas y muy caras y me encargaron unas cien para vender adentro del Baby’O, y aunque yo no pensé que las pudieran colocar, en una semana volaron”.
Y es que, a un año de inaugurada la discoteca ubicada sobre la avenida Costera, con su diseño de un amanecer en Acapulco al frente y sus letras enormes –ideas del arquitecto Joaquín Jurado– empezaba a convertirse en punto de referencia del puerto y al que comenzaban a acudir las luminarias de la época.
Fue así, añadió Gardel –como gusta que le llamen–, que hizo amistad con Césarman y Villafane al grado de que un buen día lo invitaron a trabajar con ellos en la discoteca y quedarse a vivir en Acapulco, “y yo me quedé feliz de la vida”.
Si bien no conocía este ramo, aceptó, “aunque estuve en un restaurante con un tío mío en la Zona Rosa de la Ciudad de México, tuve que aprender así, viendo cómo se hacía”, y sí, después de todo aprendió a convertirse en el mejor anfitrión de Acapulco.
El Acapulco dorado
Gardel no ocultó la melancolía por otros tiempos, pues afirmó que el Acapulco de entonces era otro.
“Sí, era otro Acapulco; a finales de los setenta, principios de los ochenta, el noventa, noventa y cinco por ciento de la clientela del Baby’O eran americanos y canadienses; era el turismo extranjero el que mayormente visitaba a Acapulco, el que llegaba en ese entonces en aviones de la Western (Airline), de la Eastern (Air Lines) que venían de Los Ángeles, de Nueva York, de Minnesota, de Chicago… Eran montonales de aviones los que venían”.
No era de extrañarse, por ejemplo, que en esas míticas fiestas de champagne o las posteriores, de pijamas, no se tocara música en español, “sólo puros éxitos mundiales”.
Con cupo para 700 personas, Baby’O compitió por su ambiente, por su calidad, por su exclusividad, con otros íconos mundiales de la vida nocturna, como Studio 54 de Nueva York, que dejó de existir en 1980.
“Me gusta mucho el ambiente y con todas las ganas aprendí viendo”, afirmó Gardel.
La continuidad de un ícono
A punto de cumplir años, el nacido el 3 de abril de 1951 reiteró su gusto por atender a la gente al grado de que compagina su labor como gerente de la discoteca con la de empresario, ya que desde hace algún tiempo posee un restaurante: La Parrilla de Gardel.
“Es en serio: me encanta atender a la gente, al turismo”, y si bien los tiempos han cambiado, la atención no debe hacerlo para mantener el prestigio de Acapulco.
“Ahora, el turismo que viene es distinto, ahora vivimos del turismo nacional, ya es raro que vengan extranjeros, ya que además no hay tantos vuelos como entonces, pero eso no quiere decir que hay que dejar de hacer las cosas”, llamando a compartir la historia de un ícono como lo es la discoteca.
“Es necesario que las nuevas generaciones reconozcan la importancia de lugares como el Baby’O; es necesario que los jóvenes conozcan su historia con la idea de darle continuidad no sólo a la discoteca sino a Acapulco”.
“Nada ha sido fácil, las cosas que han pasado son cosas de la vida”, dijo Gardel; seguir adelante luego de los dos incendios del Baby’O (en 1998 y 2021), de los huracanes Paulina (1997), Ingrid y Manuel (2013) así como Otis (2023) y John (2024), son muestra de resiliencia.
De hecho, destacó que la construcción de la discoteca que termina pareciéndose a un bunker al no tener ventanas ni muchas puertas, ha hecho que por ejemplo en el pasado huracán Otis apenas y hubiera reportado un agujero en la cabina causado por un tubo que voló por los aires.
“La reconstrucción inicia con cada quien desde su trinchera; tenemos que abonar entre todos, poner nuestro granito de arena porque solito el gobierno no va a poder” y aunque señaló que “aún no tenemos la infraestructura hotelera al cien por ciento, falta arreglar fachadas, carreteras y mucha iluminación en las calles, tenemos que trabajar nosotros, todos nosotros”.
Finalmente y sobre el homenaje que se le realizará el próximo sábado 29 de marzo en Sinfonía del Mar a partir de las 5 y media de la tarde contando con la presentación del cantante Claudio Yarto, del grupo Caló, y la presentación del performance Freddie, la leyenda, Gardel concluyó: “se siente muy padre que te reconozcan en vida; son 47 años de trabajo de los 48 que tiene la discoteca y se siente bien, muy bien”.
Texto: Óscar Ricardo Muñoz Cano / Foto: El Sur


