23 septiembre,2025 5:27 am

Visitan vecinos de la calle Niño Artillero en La Libertad sus casas, pero no las habitan

Unas 20 familias peregrinan todos los días para cuidar sus pertenencias que no han podido sacar y que temen les sean robadas, desde el impacto del huracán John hace un año

Acapulco, Guerrero, 23 de septiembre de 2025. Al final de la calle Niño Artillero, en la parte alta de la colonia La Libertad, el tiempo se detuvo en septiembre de 2024, la destrucción que dejó el huracán John sigue presente, el paisaje no ha cambiado, sólo se agregan letreros que identifican la tragedia que viven unas 20 familias que peregrinan todos los días a sus casas para cuidar sus pertenencias que no han podido sacar y que temen les sean robadas.

Las aguas mansas que escurren por la calle Niño Artillero son las mismas que hace un año aumentaron su caudal por las lluvias del huracán John arrastraron piedras, arena, lodo y arrasaron con dos viviendas, quebraron otras cuatro, bloquearon el paso a muchas más y obligaron a unas 80 personas a abandonar sus casas.

Lo que fue el acceso a las viviendas, una calle pavimentada, es ahora una barranca, no hay camino, sólo brechas por donde los vecinos se aferran a las casas que construyeron durante 40 años y que con cinco días de lluvia el huracán John pretende desterrarlos.

Del domingo 22 al jueves 26 de septiembre de 2024 el huracán John causó lluvias intensas en Acapulco, causó inundaciones en las partes bajas y deslizamientos de tierra en las laderas, el arrastre de tierra, arena y piedras también acabó con la vida de varias personas.

En La Libertad, en la parte alta hubo dos muertos durante el huracán, Melquiades, de quien las vecinas se disculparon por no recordar sus apellidos y Manuela Ochoa, su casas fueron arrasadas por la corriente del arroyo y días después del huracán murió Ninfa Abarca, su casa fue destruida por el huracán y como padecía de la presión los vecinos suponen que la impresión por el desastre fue lo que le ocasionó la muerte.

El lugar de la tragedia está perfectamente delimitado, desde la miscelánea Marilú, antes conocida como El Manguito, hasta donde estaba casa de Melquiades, como referencia del sitio quedan los árboles de mango que el vecino había sembrado, su casa desapareció con la crecida del arroyo y se bloqueó el paso a las demás casas.

El olvido

En una visita a la zona afectada, a un año del paso del huracán John se pudo ver que lo único nuevo que hay en la zona es una placa que pusieron hace dos días afuera de una tienda, a unos 50 metros de donde sigue la destrucción causada por John, en la placa se lee: “deslizamiento de tierra huracán John sep-2024. Cada lluvia puede reactivar el deslizamiento. Ten un plan de emergencia”, la placa tiene un código QR que no lleva a ningún sitio, al escanearlo con el teléfono sólo aparece el número 3.

En la zona también están los anuncios de “zona de alto riesgo” algunos en mantas y otros escritos en piedras o paredes.

Las enormes rocas que obstaculizan lo que fue la calle de acceso a las viviendas siguen el mismo lugar, las plantas del lugar reverdecen y los vecinos caminan entre las piedras para poder llegar a sus casas, las cuales aún conservan manchas de lodo en las paredes y otras quebradas, derribadas o fracturadas.

Una vecina de la calle Niño Artillero resumió lo que sucede “estamos en el olvido” porque ninguna autoridad se ha acercado a ellos para decirles si los van a reubicar, si van a hacer limpieza para que puedan regresar a sus casas o qué va a pasar con ellos.

Los vecinos tienen dos problemas, siguen recibiendo recibos del cobro de agua y luz porque no todos dieron de baja los servicios después de que pasó el huracán John y pagan renta y no saben si los van a reubicar.

Francisca Morales dijo que pagó mil 800 pesos a la CAPAMA para que le dieran de baja el servicio porque acudió a las oficinas a explicar que por las afectaciones del huracán no habitaba su casa y le dijeron que debía pagar esa cantidad pese que no tenían adeudos.

Contaron que una vecina carga una lista de 60 personas que piden la reubicación. pero los vecinos que se conocen saben que no son tantos por lo que propusieron que se haga una revisión de quienes son los afectados.

Este lunes en una visita a la calle Niño Artillero se contaron 22 casas en condición de semi abandono, no las habitan pero las visitan.

En las casas se pudo ver que hay muebles, juguetes, sus moradores no están pero ahí siguen sus pertenencias.

Las señoras Olga y Francis contaron cómo han transcurrido sus días desde hace un año, primero salieron abruptamente de sus casas por el deslizamiento de tierra, después se fueron al refugio, luego a rentar y después al olvido.

Francisca Morales Marino contó que ella visita su casa en la mañana y en tarde, tiene 35 años de vivir en esa calle, pero otros vecinos, como son personas mayores es mucho riesgo caminar entre piedras y no visitan las casas y otros acuden tres veces a la semana, pero todos van a ver como están las casas.

“Ya no vivo aquí, nomás vengo a ver como está y me voy a donde estoy rentando porque no sabemos de la reubicación, de nada. No sabemos si nos van a reubicar o si vamos a quedar fijos”.

Indicó que de su casa sólo pudo sacar el refrigerador y todos sus muebles se quedaron en la vivienda.

Recordó que unos meses después del huracán llegaron a la zona afectada funcionarios de la Comisión Nacional de Vivienda (Conavi) “con unas hojas azules” tomaron nombres y datos de cuántas personas vivían en las casas afectadas pero no han vuelto.

Agregó que algunos de los afectados están con los pagos de servicios de agua vencidos y andan en gestiones para que el Ayuntamiento les cancele el adeudo porque no habitan las casas, ella sigue pagando predial, “voy en regla”, pero una vecina les dijo que si las reubican les van a quitar las escrituras de sus casas.

Olga Rosales pidió que arreglen el acceso para poder llegar a su casa con facilidad, contó que tiene 40 años de vivir en la calle Niño Artillero, se dedicaba a la venta de chilate y tamales, pero con el camino destrozado no puede subir los garrafones con agua.

Contó que su casa no la derribó el arroyo, pero quedó muy lastimada y truena, tiene miedo de que se caiga, en el terreno también construyó una casa de dos niveles su hija y con la reubicación no sabe qué va a suceder porque no quiere perder la inversión que hizo su hija en la construcción.

Narró que hay otras piedras en el cerro que también pueden ser arrastradas por las lluvias.

Se quejó de que la renta de 2 mil pesos “es cara” y ella perdió su trabajo porque en el espacio que rentaba no podía hacer tamales ni chilate y ahora su casa es un lugar de visita donde va a regar sus plantas.

El señor Federico Cuenca contó que la tierra que se acumuló frente a su casa, en la miscelánea Marilú, sacaron muchos carros con tierra y se la llevó una empresa privada que requería la tierra para un proyecto de construcción y los vecinos rentaron maquinaria para mover la tierra y poder despejar la calle; por parte del Ayuntamiento sólo se llevaron seis camiones con tierra.

Daniel Velázquez/ Foto: Carlos Carbajal