4 marzo,2024 2:19 pm

Vuelve Gabriel García Márquez con el lanzamiento póstumo de En agosto nos vemos

 

Ciudad de México, 4 de marzo de 2024. A 20 años de la publicación de su última novela, Gabriel García Márquez (1927-2014) se reencuentra este miércoles con sus lectores de todo el mundo con el lanzamiento póstumo de En agosto nos vemos (Planeta).

“Realmente parecía algo ya imposible. Pensábamos que lo que se publicó en vida de García Márquez era su obra entera, puesto que él había tomado las decisiones editoriales”, apunta en entrevista el escritor y crítico literario Geney Beltrán, para quien la aparición de esta obra ratifica el estatuto de autor clásico y universal del Nobel de Literatura colombiano.

“Esa condición de clásico vuelve importante cualquier escrito suyo que no se haya publicado en vida. No es sólo un interés documental o histórico, sino que es un interés literario”, agrega el coordinador ejecutivo de la Casa Estudio Cien Años de Soledad.

La undécima novela del autor de Cien años de soledad y El coronel no tiene quién le escriba narra la historia de Ana Magdalena Bach, una mujer casada que cada 16 de agosto visita la tumba de su madre en una isla del Caribe, y durante esos viajes mantiene varios encuentros eróticos con distintos amantes.

Su publicación se enmarca en el aniversario 97 del natalicio de García Márquez, y a un mes de cumplirse 10 años de su muerte, con cerca de 40 sellos realizando un lanzamiento global, algo igualmente inédito para una obra póstuma, considera Jaime Abello, director y cofundador de Fundación Gabo.

“Está destinado a ser un bestseller”, dice Abello a Reforma.

“Es, obviamente, un libro de Gabo, pero que ha sido autorizado por sus causahabientes, por sus herederos (sus hijos, Rodrigo y Gonzalo García Barcha), y no por él”, continúa. “Es una decisión que se tomó muy cuidadosamente y se desarrolló editorialmente con mucho cuidado”.

Los hijos del Nobel, quienes prologan la novela, eligieron al editor Cristóbal Pera, que ya había trabajado antes con el autor, para concretar la publicación de la obra en la que el Nobel trabajó desde 1999 y de la que publicó algunos capítulos en revistas, cuyos manuscritos permanecían en los archivos vendidos al Harry Ransom Center de la Universidad de Texas.

“Básicamente, partió del último manuscrito que había en el Ransom, más las notas, las correcciones adicionales que hizo (el autor) y que conservó en el computador su asistente. Y a partir de allí compuso un texto que es de García Márquez, que lo único que ha tenido es un proceso editorial como el de cualquier otro libro de cualquier otro autor”, refiere Abello.

“Yo pude reconocer en el manuscrito que ya esa obra estaba en un punto en el que sólo le faltaba un pulimiento”, resalta vía telefónica Gustavo Arango, académico colombiano autodenominado “abogado defensor” a favor de la publicación de este libro.

En realidad, Arango estima haber tenido una influencia definitiva en el hecho de que finalmente pudiera ver la luz esta novela inédita que parecía condenada por una lectura de la Agencia literaria Carmen Balcells, representante de García Márquez por más medio siglo, cuyo dictamen también se podía consultar en el archivo en Texas.

“Realmente la demeritaba un poco, y yo tengo la impresión de que esa fue la única opinión en la que se basó su familia para decidir que no la iban a publicar”, comparte Arango, estudioso de la vida y obra del Nobel, sobre aquel dictamen que consideraba a En agosto nos vemos como un cuento repetitivo y alargado.

“Y yo lo que pensaba era: ‘Pero, por Dios, repetitivo Cien años de soledad; repetitivo es El otoño del patriarca’. Ése es casi que el sello de García Márquez en muchas de sus obras, y es porque maneja una temporalidad muy caribeña, muy cíclica que a veces cuesta entender”.

A decir suyo, un artículo que publicó en 2022 destacando la importancia de publicarla habría sido el punto de partida para que la propia familia del autor lo reconsiderara; “digamos que en algo influí, y eso me llena de mucha satisfacción”, destaca.

“Y, bueno, incluso no siendo su mejor novela, es un buen cierre para su conjunto. Pero, además, una novela mediana de García Márquez sigue siendo una novela muy superior en el ámbito de la literatura latinoamericana”, argumenta Arango, elogiando el estilo transparente y depurado de esta obra.

“Es una novela que no va a decepcionar”, asegura, “donde está García Márquez en un nivel de gran maestría, a pesar de las dificultades que todos sabemos que estaba viviendo para escribir (en sus últimos años)”.

Sobre todo, Arango remarca la importancia de cerrar la obra del autor originario de Aracataca con esta historia luego de la crítica tan severa en contra de Memoria de mis putas tristes (2004), su última entrega de ficción.

“Ahí la literatura un poco se pierde porque es un tema demasiado complicado: un hombre de 90 años que se compra una noche con una niña. Eso es difícil de aceptar, y eso no es García Márquez en general. Cerrar una obra como la de él con ese episodio un poco sórdido me parece que no era un buen cierre”, opina Arango.

“Mientras que aquí (en En agosto nos vemos) hay una dignificación de la mujer que yo creo que es más él porque siempre fue un hombre, un autor, una persona muy respetuosa, y siempre puso en una situación muy digna a la mujer. Y es un poco frustrante ver que muchos lo estaban descalificando simplemente como un machista perverso. Por eso es que me parece que esta novela representa un cierre mucho más digno”.

 

Un “shock” fílmico

Aunado al impacto que previsiblemente tendrá la publicación de la novela inédita de García Márquez, se suma el lanzamiento este mismo año de la adaptación televisiva de Cien años de soledad, en Netflix.

“Eso también va a renovar el interés en el autor”, percibe Abello.

Claro que no todo el mundo está de acuerdo con tal adaptación; el propio Arango se ha propuesto que no la verá, apelando al propio rechazo que en su momento llegó a manifestar el autor.

“Una de las razones que daba es que, en el momento en que las personas ven el rostro de un actor en un personaje, inmediatamente queda fija esa imagen. Cuando no existe la versión audiovisual, no existe la película o el programa de televisión, cada uno se imagina a Aureliano Buendía como su abuelito, a Úrsula Iguarán como su abuelita, y él (García Márquez) decía: ‘Ninguno de nosotros tiene un abuelito que se parezca a Robert Redford’.

“Y es lo que ha pasado un poco con El amor en los tiempos del cólera; yo ya no soy capaz de leer esa novela sin pensar en Javier Bardem”, lamenta el autor, quien además refiere las dificultades para llevar la obra de García Márquez a las pantallas: “Aunque digan que es muy visual, el lenguaje, lo verbal, es muy difícil de visualizar en el cine”.

Es, compara a su vez Beltrán, “ponerse con Sansón a las patadas”, en tanto cada lector se ha hecho su propio Macondo mental donde habitan los personajes de la familia Buendía.

“Y presentar esa traducción al lenguaje cinematográfico o televisivo es un shock. Creo que va a ser un shock entre lo que uno tiene en la cabeza y lo que encontraremos”, predice.

Finalmente, Beltrán pondera aquella negativa inicial de García Márquez hacia las adaptaciones, aunque al final dejó abierta la puerta a sus hijos para que ellos tomaran la decisión.

“Quizás también faltaba que asumiéramos la posibilidad de que se adaptara a una serie; yo me pregunto, si hace 30 años hubiera habido este auge de las series televisivas, y alguien le hubiera dicho a Gabo: ‘Mira, no una película, pero sí una serie de 10 o 15 capítulos’, capaz que Gabo lo hubiera considerado llamativamente si hubiera visto él Breaking Bad o Los Soprano. Pero es sólo especulación mia”.

 

ASÍ LO DIJO

Geney Beltrán, escritor: “La aparición de esta novela tiene una gran ventaja, y es que nos va a permitir conocer una parcela más de la sensibilidad y de la imaginación de García Márquez”.

 

Texto y foto: Agencia Reforma