
Emigran a Tijuana o a Los Cabos “porque ya no hay nada”, informan.
Campo Morado, Heliodoro Castillo (Tlacotepec), Guerrero, 17 de abril de 2019. La señora Evangelina es la tendera de Campo Morado, desde hace más de un año sus ventas han bajado a causa de la caída en el precio de la goma opio, “la gente ya no tiene para comprar” y ahora tiene que fiar.
“Nosotros sentimos esto que destruyen (los plantíos de amapola) y todo, lo sentimos y a veces lo alegamos porque es la única entrada de dinero, la única porque no tenemos nada, no hay ningún apoyo, nada” comenta mientras atiende a un cliente.
Evangelina Dimas González, es la dueña de la tienda principal de Campo Morado, municipio de Heliodoro Castillo, orgullosa cuenta que hasta hace dos años era una “tienda grande” donde varias comunidades llegaban para abastecerse.
“Ya no es vida, antes venían a comprar de Pueblo Viejo, Tejamanil, El Frio, Capulines, Renacimiento, La Aurora, Los Saucitos, El Durazno y Chilpancinguito, ahora ya no viene nadie” tristemente expresa.
La Tienda de doña Evangelina esta dentro de su casa, en anaqueles de madera donde sólo se ven pocos aceites comestibles, unas cuantas latas de chiles, veladoras, sopas, tapas de huevo, pañales y un refrigerador casi vacío con unos pocos lácteos, nada de aquella tienda que mantuvo por mucho tiempo su vida en la sierra.
“El Gobierno no se preocupa en mandar un grupo de gente para ver que necesidades tenemos” reclama mientras muestra una caja con medicinas, porque también ante la falta de salud una enfermera dejó medicamentos con su hijo “para que si alguien se sentía mal se los diera, ahí esta la lista para ver cual se tiene que recetar”.
Menciona que la crisis de la goma de opio comenzó “hace dos años” y desde ahí comenzó a fiar, “ahora ya casi nadie tiene para pagarme, mi hijo me dice que aguante, que las cosas se van arreglar, luego me da coraje y al final pues sí, ni modo que no les fie a la gente huevos y frijoles”.
Además los programas del gobierno federal no han llagado a las comunidades de la sierra, eran de ayuda pues “me pedía la gente: fíeme un par de chanclitas, fíeme un par de calcetas, fíeme esto, ahora cuando llegue el apoyo yo le pago las calcetas de los niños, sus zapatitos; y sí, ya cuando llegaba ya comenzaba a juntar, ahora ya ni dicen, ya no hay opción, vemos como hemos perdido eso nosotros por acá”.
Campo Morado está a 5 horas de Tlacotepec, la cabecera municipal de Heliodoro Castillo, no hay carretera pavimentada, el camino es angosto y de terracería, para llegar hay que subir los cerros hasta la parte mas alta del filo y después bajarlos a la parte más baja de la sierra, pareciera que la carretera no tiene fin.
La actividad comienza desde muy temprano cuando los hombres van a sus siembras y a alimentar a su ganado, a cortar leña, a trabajar. Las mujeres cuidan a los niños y hacen las tareas que por años han hecho sus madres, sus abuelas en sus casas. En la tarde los jóvenes se concentran en la cancha de basquetbol donde encuentran señal de Internet.
“Antes las muchachas chiquitas se casaban y ahorita hay muchísimas muchachas con las ganas de estudiar (el bachillerato), se ponían contentas con su beca”, contó sonriendo Evangelina.
En el trayecto hacia el pueblo se vieron al menos unas cuatro camionetas con familias completas, “se iban para Tijuana o a Los Cabos, la gente se está yendo porque ya no hay nada”.
Campo Morado tiene aproximadamente unos 600 habitantes, colinda con San Miguel Totolapan y Atoyac de Álvarez.
Hace poco la mayoría se dedicaba a la siembra de amapola, su economía giraba en torno a los cultivos y muchos mandaban a sus hijos a estudiar fuera “para superarse”, hoy prácticamente en toda la sierra de Guerrero se ven los estragos de la crisis del opio, provocada por la caída del precio de esta droga ilegal.
En el olvido y beneficiarios de programas asistenciales que no pueden cobrar
La gente en el pueblo se queja de que están en el olvido, que los gobiernos sólo los buscan en las elecciones, que no les mandan apoyos, que los consideran delincuentes y los tienen sumidos en la pobreza.
Benito Nava es uno de ellos, un viejo que ha vivido prácticamente toda su vida en Campo, parte de su economía venía del programa de pensión para adultos mayores, los trabajadores llegaban al pueblo a pagarle a los beneficiarios.
Ahora tiene que ir por su tarjeta y cobrar su dinero en el cajero más cercano que se encuentra en Atoyac, a tres horas de Campo Morado, se ríe y muestra su preocupación por los demás adultos mayores que al igual que él no tienen cómo ir a recibir el beneficio.
“No estamos de acuerdo porque el programa es para ancianos, unos nos podemos mover tantito e ir y hay otros que están incapacitados ¿cómo podemos llevarlos?”.
Además ahora le han descontado Procampo, tiene 4 hectáreas de tierra y tiene que ir por su fertilizante a Tlacotepec, por cada bulto le cobran 70 pesos por flete, “no alcanza para ir, mucho menos para regresar”.
La gente de Campo ya no quiere dedicarse a la siembra de amapola, “quiere producir sus tierras, sembrar jitomate, aguacate, duraznos, quieren proyectos productivos”, platica Artemio Márquez Lucena, el segundo comisario.
“Sabemos que la amapola ya no vale, queremos que nos cambien proyectos productivos por la amapola, ya no queremos sembrar eso, nosotros no estamos en contra del gobierno, queremos que el gobierno nos eche la mano, queremos dejar de dedicarnos a eso”.
Texto: Lenin Ocampo Torres / Foto: Jesus Eduardo Guerrero
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https://suracapulco.mx/2019/04/17/piden-en-la-sierra-que-el-ejercito-ya-no-fumigue-campos-de-amapola-o-derribaran-helicopteros/


