25 abril,2018 8:07 am

Tuvo Padura que vencer prejuicios sobre los homosexuales para crear a sus personajes

Texto: Leticia López / Agencia Reforma/ Foto: Cuartoscuro
Ciudad de México, 25 de abril de 2018. Leonardo Padura no sabe si, incluso en literatura, hoy hay que ser políticamente correcto, pero en temas como la diversidad sexual cree que el escritor tiene cierta responsabilidad: “Debe medir sus opiniones con respecto a las personas que viven, piensan, son diferentes a él en cualquier manifestación de la vida”.
Así es como aborda a Roberto Roque Rosell, Bobby, el personaje gay de su más reciente novela, La transparencia del tiempo (Tusquets), dos décadas después de crear para Máscaras al dramaturgo, también homosexual, Alberto Marqués.
“Parto de una historia real de un amigo gay al que su novio le vació la casa”, explica el autor cubano vía correo electrónico. “Esa historia me dio el pie para la creación de Bobby, que es totalmente de ficción, aunque inspirado en la realidad de muchos gays cubanos”.
En la víspera de cumplir 60 años, Conde recibe la llamada de Bobby, ex compañero de la preparatoria y ahora traficante de arte, quien le pide ayuda para recuperar una antigua Virgen de Regla que le robó, entre otros objetos valiosos, su joven y guapo novio, Raydel.
Al reencontrarse, el detective sufre un “shock visual” por la “afeminada desenvoltura física” del otrora joven tímido, que en la escuela –le revela– se vio forzado a esconder su orientación homosexual.
Conde no entiende cómo un hombre puede sentir atracción “por un ser peludo, tosco, con esas cosas feas colgantes entre las piernas”, pero muestra respeto por el amigo que le narra el “infierno” que sufrió al vivir “enmascarado”, hasta que “explotó” y salió del clóset.
–Aunque un poco estereotipado, Bobby es un personaje gay muy creíble, ¿se inspiró en amigos para construirlo?
–El estereotipo tiene que ver con la personalidad del propio Bobby, que hace de su amaneramiento todo un espectáculo: es su manera de vengarse de los años que estuvo reprimido y luchar por ser él mismo, más verdadero que nunca.
–Los amigos de Conde se extrañan de que sea respetuoso con los gays, ¿hasta en literatura hay que ser políticamente correcto?
–En el caso de Conde y su respeto por Bobby se debe a un aprendizaje que hizo en Máscaras, cuando todos sus prejuicios se vieron enfrentados a la historia de represiones sufridas por el viejo dramaturgo gay (Alberto Marqués) y por las lecciones de ética, solidaridad y hasta de estética que recibe de ese personaje.
–¿Siempre fue usted respetuoso de los homosexuales?
–Como cualquier cubano de mi generación, debí vencer prejuicios. Imagínate, yo crecí en una época en la que cuando un niño tenía gestos “sospechosos”, los padres lo llevaban al médico para que lo “curara”, y si era alguien débil, resultaba blanco de ataques colectivos. Sólo con los años tuve una perspectiva diferente del asunto. Un amigo escritor, muy conocido, que se reconoce gay, me ayudó mucho a entender la tragedia del homosexual, en el terreno de lo emocional y en el contexto nacional cubano.
 
Crecerán desigualdades en Cuba
El seguidor de la serie Mario Conde advertirá que en La transparencia del tiempo Padura es crítico como nunca con el gobierno de su país, por ejemplo en el tema de la desigualdad económica. No se debe, aclara, a que tenga un “escudo antimisiles” como ganador del Premio Princesa de Asturias.
“Al contrario: si digo algo en un sentido, me dan palos los de una tendencia, y si lo digo en otro, los de la otra tendencia. Y eso es natural: hay seres humanos que se realizan a través del odio que les engendra la envidia. Y entre esas personas, por cierto, hay algunos que son gays, otros que son gays reprimidos, y otros que no lo son, o dicen que no lo son”.
Prevé que las desigualdades crecerán en los próximos años porque Cuba cada vez se enfrenta más con el país real que es y no con el “país virtual” que se pensó que podía ser.
“Y la verdad”, reconoce, “es que somos pobres, subdesarrollados y, de contra, económicamente ineficientes, improductivos, llenos de trabas legales y burocráticas”.
Como “apenas un escritor” que no tiene la “verdad absoluta”, Padura cree que lo que impidió materializar las grandes promesas que hizo la Revolución a su generación, fue haber aplicado un modelo que convirtió la igualdad en política, pero no funcionó en la economía.
“El futuro del país es para mí una interrogación. Se habla de planes, programas, estrategias de desarrollo pero los mismos que las implementan luego dicen que no se han aplicado del mejor modo, que se han cometido errores, y la economía sigue siendo ‘asignatura pendiente’ o, más bien, suspensa”.