18 octubre,2018 5:05 am

La otra historia del “Black Power”, medio siglo después 

Estirando los puños, los atletas protestaron contra la discriminación de los negros en la política, la sociedad y el deporte en EU. Un gesto que se convertiría en símbolo por la lucha por los derechos civiles.

Cuando sonó el himno estadunidense, el silencio se adueñó de las gradas del Estadio Olímpico de la Ciudad de México. Ese mediodía del 16 de octubre de 1968, cientos de miles de personas miraban expectantes a los tres atletas que estaban en el podio.
Era la premiación de los 200 metros, el momento que los tres deportistas esperaron durante años. Era el punto más alto de sus carreras, a la vez su coronación. Y también, aunque nadie más que ellos lo supiera entonces, un momento que será recordado para siempre.
Sobre el oscuro traje de pista del estadunidense Tommie Smith colgaba la medalla de oro. Con un registro de 19.83 segundos, el ganador se había convertido en el primer sprinter en bajar la barrera mágica de 20 segundos.
Su compatriota John Carlos, a su izquierda, exhibía la medalla de bronce, mientras que el australiano Peter Norman, hasta ese momento un desconocido, tenía la plata, después de sorprender con una marca de 20.06 segundos a Carlos.
“Fue la carrera de su vida”, dijo Matt Norman, el sobrino del australiano, a la agencia DPA.
El himno comenzó a sonar en medio de los prados verdes del estadio. Ocurrió entonces lo que espectadores, periodistas y dirigentes no imaginaron: Smith y Carlos estiraron sus puños apretados en el cielo con guantes de cuero negro.
Estirando los puños, los atletas protestaron contra la discriminación de los negros en la política, la sociedad y el deporte en Estados Unidos. Un gesto que se convertiría en símbolo por la lucha por los derechos civiles.
También Norman, el único blanco del podio, fue parte de la protesta, aunque más discretamente: en su pecho izquierdo, llevaba una pequeña insignia con la inscripcón “Olympic Project for Human Rights”.
Es el nombre de una organización contra el racismo en los Juegos Olímpicos que buscaba boicotear la cita. El boicot no funcionó, pero quedó la idea de mostrar una marca.
Poco antes de la ceremonia, los tres decidieron aprovechar el momento de la premiación para manifestarse, pese a que las protestas estaban expresamente prohibidas por el Comité Olímpico Internacional (COI). No importaba. Era el momento, como lo contó años después Norman en Salute, el documental de su sobrino: “La razón por la que los tres estábamos juntos era hacer una declaración ese día”.
De izq. a der., Peter Norman, Tommie Smith y John Carlos en el podio. Cuando sonó el himno estadunidense, el silencio se adueñó de las gradas del Estadio Olímpico de la Ciudad de México. Ese mediodía del 16 de octubre de 1968, cientos de miles de personas miraban expectantes a los tres atletas que se manifestaban en favor de los derechos civiles.

Por lo demás, no sólo en Estados Unidos los años sesenta fueron turbulentos. En la Australia de Norman hubo una política de Estado para construir un país de blancos, negando el derecho a la ciudadanía y a votar a los indígenas.
Los niños indígenas eran sacados de sus familias para que crecieran en familias blancas. Más tarde se hablaría de una “generación robada”.
Norman, que creció en una familia religiosa y trabajadora en un suburbio pobre de Melbourne, entró en contacto temprano con distintas culturas y estilos de vida.
“No podía entender por qué se podría odiar tanto a alguien sólo porque tiene un color diferente”, dijo el atleta en 2006, poco antes de su muerte. “Alguien te gusta porque te gusta, no por su color de piel”, agregó entonces.
Sólo unos pocos segundos después del saludo Black Power, el público comenzó a silbarlos. “Este momento marcó un antes y un después en mi vida”, expresó Smith, de 74 años, en una reciente entrevista al diario Süddeutschen Zeitung. “Sacrifiqué mi vida por este momento”.
Los silbidos muestran hasta qué punto el clima social era tenso en esa época. Pero Smith y Carlos fueron recibidos como héroes en Estados Unidos, mientras Norman tuvo una difícil vuelta a su país.
“No creo que entendiéramos completamente lo que le esperaba a Peter al regresar a casa”, expresó Carlos años más tarde. Aunque se clasificó varias veces a los Juegos Olímpicos de Múnich 1972, no pudo participar, como contó en Salute. Su carrera como sprinter había acabado. Él estaba seguro de que fue por protestar contra su país.
“Creo que el rasgo más impresionante de Peter fue el hecho de que nunca estuvo enojado”, dice hoy su sobrino. En efecto, Peter nunca dijo nada de las autoridades deportivas australianas sobre el rechazo que recibió.
Hoy, es considerado un modelo a seguir. “Creo que hoy es más importante que nunca que los jóvenes tomen una posición en contra de las injusticias, especialmente cuando no se es popular”, expresó Matt Norman.
Años después de su muerte, en junio pasado, Norman fue reconocido póstumamente por el Comité Olímpico Australiano (AOC) con la Orden al Mérito, la distinción más alta del organismo.
Para justificarlo, el AOC señaló que no sólo valoraba los logros deportivos de Norman, sino también su apoyo a la protesta de Smith y Carlos.

Texto: Magdalena Tröndle / DPA / Foto: DPA