19 mayo,2020 11:27 am

Después de secuestrada en Acapulco, una indígena sufre persecución de autoridades de Acatepec

La joven Eréndira estuvo en manos del crimen organizado y fue rescatada por la FGR, Segob y la CNDH, informó su hermana 

Chilpancingo, Guerrero, 19 de mayo de 2020. Eréndira, indígena me’phaa de Mexcaltepec, municipio de Acatepec que fue víctima de privación de la libertad por el crimen organizado en Acapulco y liberada por la intervención de la Fiscalía General de la República (FGR), Secretaría de Gobernación federal (Segob) y la Comisión Nacional de Derechos humanos (CNDH), ahora sufre la persecución de su familia por las autoridades municipales de Acatepec.

La indígena, de 18 años, fue levantada  el 2 de abril entre las calles Vallarta y Avenida Cuauhtémoc, en Acapulco, cerca de donde llegó a vivir con su madre y su hermana Flor, tras salir de su pueblo en busca de trabajo y un mejor nivel de vida.

La última vez que la vieron serían las 6:50 de la mañana, contó su hermana, quien después de esa hora le hizo varias llamadas telefónicas y ya no le contestó.

Desde entonces, aún cuando ya encontraron a Eréndira, la vida sigue siendo una pesadilla para las tres mujeres.

Vía telefónica, Flor contó que tras la desaparición de su hermana padeció la burocracia de la Agencia del Ministerio Público del Sector Central de Acapulco en donde presentó la denuncia, mientras era presionada por extorsionadores que pretendían sacarle dinero a cambio de información o de su hermana.

El 3 de abril, un día después de que desapareció Eréndira, Flor acudió  al Ministerio Público para poner la denuncia.

Antes, una mujer de nombre Verónica Hernández, a quien no conoce, la estuvo presionando mediante mensajes de Facebook para que le diera su número telefónico.

Ante su negativa la contactó Marco Flores a quien tampoco conoce, quien por el mismo Facebook la comenzó. Le dijo que tenía a su hermana y que quería 25 mil pesos por ella, después fue subiendo la cantidad, pero para Flor y su madre era mucho dinero, además no les mandaron pruebas de que en verdad la tuvieran.

El 3 de abril cuando se presentó a la agencia del Ministerio Público la tuvieron todo el día revisando los mensajes, al final le dijeron que regresara al día siguiente.

Regresó el 4 de abril y de entrada la regañaron porque llegó llorando, “cuando termines de llorar te tomamos la declaración”, -le dijo una de las empleadas.

Flor se limpió las lágrimas y preguntó que si ahora sí le podían tomar su declaración, pero entonces le dijeron que ya había pasado mucho tiempo y la cuestionaron que por qué no puso la queja inmediatamente. Les comentó que había ido el día anterior y que estuvieron revisando sus mensajes, pero le insistieron que hubiera acudido de inmediato para que pudieran rastrear el número.

Enseguida, una funcionaria le pidió que fuera a buscarla al Semefo. Flor fue y regresó, y la volvió a mandar ahora al hospital y hasta que regresó por segunda vez sin resultados aceptaron tomarle su declaración.

Estuvo acudiendo todos los días sin que le dieran resultados de la investigación ni de su hermana.

Mientras tanto, las llamadas de extorsión seguían ahora por teléfono. Flor contó que otro día, al salir d el Ministerio Público de Acapulco encontró a unas personas de Malinaltepec a quienes les contó el caso de su hermana y que eran originarias de Mexcaltepec, municipio de Acatepec.

Dijo que ellas le aconsejaron que hablara con Gonzalo Molina, a quien contactó por Facebook y le pidió que le ayudara.

Por medio del ex preso y ex promotor de la Policía Comunitaria de la CRAC, le enviaron a una representante de un colectivo y la contactaron con el grupo antisecuestros de la FGR que comenzó a realizar las investigaciones al margen del Ministerio Público de Acapulco.

Sin embargo dijo que las llamadas de extorsión seguían y que una vez, acompañada por los agentes, fue a una casa donde le dijeron que estaba pero no la encontraron. La casa estaba abandonada y los agentes le dijeron que “olía a prostíbulo”.

Explicó que con la intervención de Gonzalo Molina, comenzó a presionar a la CNDH y Gobernación federal, y que su hermana fue liberada el 28 de abril. Eréndira regresó enferma, afectada sicológicamente, lloraba todos los días.

La hermana de la plagiada evitó dar detalles de cómo fue liberada, dónde y en qué circunstancias debido a que, argumentó, las investigaciones siguen y para no obstaculizarlas.

Tras la privación de la libertad de Eréndira, Flor, su madre y la víctima acordaron regresar a su pueblo, Mexcaltepec el 1 de mayo. Integrantes de un colectivo acompañaron a las mujeres de Acapulco hasta Ayutla, de donde a petición de Molina González  el Concejo Municipal Comunitario las apoyó con el acompañamiento de la Guardia Municipal hasta la colindancia con Acatepec.

Cuando estuvieron en terrenos de Acatepec, Flor pensó que había terminado la “pesadilla”, recordó.

Pero en el crucero de Mexcaltepec, las esperaban “muchos comunitarios”, quienes las trasladaron hasta el centro de la localidad sin dejarlas pasar a su casa.

Regreso a Mexcaltepec

En el centro había una asamblea y allí una doctora y una enfermera les  explicaron que el comisario, Daniel Victoriano Bernardino, les pidió que revisaran a todo el que llegara para ver si no iban contagiados de la enfermedad del coronavirus.

Flor le explicó que su hermana iba afectada de una crisis nerviosa y que no la tocara. “No se preocupe, yo soy profesional” le dijo la médico, quien en efecto, no la tocó, no la revisó y sólo platicó con ella.

Antes de que las dejaran ir a su casa el comisario habló ante la asamblea y contó el caso de Eréndira, lo que a Flor le pareció bochornoso e innecesario.

Por la tarde de ese mismo día llegaron a su casa comunitarios, y le dijeron que la mandaba llamar el comisario porque la síndica Ofelia Flores Gálvez quería  hablar con ella. Dijo que no aceptaron que ella fuera después, “te vamos acompañar, es para ahorita”, le contestaron en tono autoritario.

Llegando a la comisaría la jalonearon para quitarle su teléfono celular, pues le dijeron que lo dejara afuera. Cuando entró la síndica la acusó de que por culpa de su hermana la doctora se quería ir del pueblo, porque, argumentó, lleva un “chip rastreador” y que podrían “buscarla y encontrarla”, debido a que “la andan persiguiendo”. Dijo que la síndica le exigió una acta de denuncia por la desaparición de Eréndira.

Añadió que, a su vez el comisario le advirtió que si se iba la doctora, ella se haría cargo de conseguir otra porque es su responsabilidad.

Informó que el 7 de mayo la síndica  Ofelia Flores otra vez la mandó traer e insistió en responsabilizarla  de lo que le pase al comisario, a ella o a otras autoridades del municipio. Flor explicó que cree que la funcionaria se molestó porque no le entregó el acta que le pidió, pero dijo que no la tiene porque no se la dieron en el Ministerio Público de Acapulco.

El 7 de mayo el comisario le dijo que Gonzalo Molina es secuestrador, “te metiste en malas manos”, le aseguró, y ella le explicó que no es una mala persona que sólo la ayudó para encontrar a su hermana.

Añadió que el 8 de mayo su hermana tuvo otra crisis y se puso mal por lo que contactó a la abogada del grupo que la está apoyando y al día siguiente llegó gente de la federación por su hermana para llevársela a la Ciudad de México a fin de brindarle terapia para que supere su trauma y sus crisis. Informó que fueron por ella enviados de la CNDH, FGR y de Gobernación federal.

Eso originó que el 11 de mayo otra vez las mandaran traer el comisario y la síndica. La acusaron de que quienes fueron por su hermana “son gente mala, rateros con los que ellas andan metidas”.

Texto: Zacarías Cervantes