
La afectada acababa de tener un parto por cesárea y fue separada de su hija recién nacida y de su familia. Nunca le mostraron los resultados de su prueba, asegura
Chilpancingo, Guerrero, 11 de junio de 2020. Después de tener un parto por cesárea en un hospital de Fresnillo, Zacatecas, una jornalera agrícola me’phaa, originaria de San Pedro Acatlán, en Tlapa, fue aislada en aquel estado, de su hija recién nacida y de su familia casi por un mes, ante la presunción de contagio de Covid-19, del que no se tuvo certeza.
Consultada vía telefónica, con un español limitado, Guadalupe Basurto, de 22 años de edad, denunció que nunca tuvo síntomas del nuevo coronavirus, que su familia tampoco enfermó. No obstante, las autoridades sanitarias se negaron a darla de alta en el hospital y después la enviaron a una casa-albergue, donde estuvo sola la mayor parte del tiempo.
“No siento dolor, ni gripa, ni mocos, ni nada”, dijo la mujer del periodo que estuvo en cuarentena.
Su esposo y su suegro, jornaleros agrícolas me’phaa de la Montaña, se encargaron de la bebé, en el poblado Río Florido, Zacatecas, donde buscan empleo a diario y el jornal apenas les alcanza para alimentarse, pagar la renta semanal de dos cuartos, por mil 500 pesos cada uno, y comprar la leche de fórmula para la bebé.
En esta travesía, Guadalupe Basurto recordó que el 13 de mayo, a una semana de haber llegado a Zacatecas de manera independiente, pues su familia viaja en su propio automóvil, comenzó con la labor de parto y el día 20 los médicos le dijeron que tenía que someterse a una cesárea. También le dijeron que tenía “la enfermedad”.
Con este diagnóstico la trasladaron a un hospital Covid en Zacatecas, la capital, donde la operaron y estuvo internada como una semana, por presión arterial alta. Después, la enviaron a una casa albergue, donde la confinaron 21 días. El lunes 8 de junio, cuando salió del aislamiento, finalmente conoció a su hija.
Aclaró que éste es su tercer parto, los anteriores fueron normales, y estimó que nunca estuvo infectada del nuevo coronavirus porque se sometió a diagnósticos en los filtros de salud en Tlapa, cuando salieron de Guerrero, y en Zacatecas, estado receptor de migrantes. En el hospital no tuvo a la vista los resultado de la prueba.
“Sufrí mucho por allá, sufrí por mi bebé. Me dolía el pecho, pedí que me dieran de alta. Me regresaron a una casa abandonada tres años (y que se habría acondicionó como albergue)”, hasta donde el conductor de una ambulancia le entregaban comida, que consistía principalmente en salchicha y puerco, a lo que tampoco estaba habituada. Ahí vivió sola, en los últimos días, llegó otra mujer.
Aclaró en su español incipiente que en el hospital preguntó qué tenía, “me dijeron que tenía mucha presión, que tengo presión mal. No tengo medicina, me sacaron mucha sangre con dos jeringas, cada media hora. Dicen que la iban a estudiar, casi llegaba bien flaquita. Me hacía daño la comida que me daban. Soy morena, quedé blanca (pálida)”.
A los 13 años salió por primera vez con sus padres y hermanos a los campos de los estados de norte, por empleo. Para los 17 se juntó con su esposo y ahora tienen tres hijos, y viajan con su suegro.
Los hombres salen diario a buscar empleo: cortar yerba, quitar la hoja de las plantas y en el corte de tomates, y ella ahora cuida a los niños.
El encargado del Área de Migrantes de Tlachinollan, Paulino Rodríguez Reyes, señaló que la mayoría de los jornaleros agrícolas son monolingües, que es uno de los primeros obstáculos para ejercer sus derechos laborales y de salud cuando van a los hospitales.
Si Guadalupe Basurto presentó fiebre o presión alta posiblemente haya sido consecuencia de la cirugía, sin embargo, la enviaron a un hospital Covid-19.
“Lo preocupante es que los centros médicos hacen la prueba para detectar contagios, y no la entregan a los pacientes. Me comuniqué a Zacatecas con una doctora de nombre Doris; le expuse que como paciente, para tener certeza, es importante que le entreguen la prueba que le hicieron, para que la gente entienda el porqué del aislamiento. Con esas pruebas estaría convencida de que en su momento estuvo infectada”.
Sin embargo, indicó que la doctora de la jurisdicción le dijo que iba a preguntar al siguiente día si lo autorizaban sus superiores, “esa actitud deja mucho en qué pensar”.
Los pacientes tienen derecho a conocer su estado de salud, que se registra e incorpora en un expediente médico.
Texto: Lourdes Chávez / Foto: El Sur


