
Acapulco, Guerrero, 9 de marzo de 2024. Una semana llevan haciendo fila cientos de damnificados por el huracán Otis esperando a que se retome la entrega de enseres domésticos por parte del gobierno federal, en el módulo ubicado en la avenida Costera, afuera del parque acuático Cici. Con sombrillas, bolsas de plástico y cartón las personas de diferentes colonias de la ciudad se refugian de los fuertes rayos del sol en espera de que se retome la entrega de enseres y dicen que no se van a sus casas porque van a perder su lugar y sería volver a empezar.
En la banqueta junto al parque acuático, además de las sillas hay bancos donde están los espacios de las personas, también está una hoja tamaño carta con el nombre de la persona, y los que están esperando dijeron que lo hicieron de esa manera para respetar el espacio.
Fue el caso de Omar Gallardo Molina, vecino de la colonia Bocamar, quien dijo que desde el lunes por la tarde se encuentra esperando la entrega de sus enseres y aunque los militares les dijeron que se fueran a sus casas “nadie se mueve de aquí, precisamente porque tenemos que resistir ya nos falta poco para que podamos tener nuestros enseres”.
“Primero nos dijeron que el viernes retomaban, pero pasaron ayer (jueves) que no iba a haber enseres, que posiblemente el lunes, no nos aseguraron que nos los iban a dar, sin embargo nosotros, un equipo de vecinos, nos turnamos, dejamos guardia para que se respeten los espacios o nuestro número que nos toca, porque si nos vamos los demás van a avanzar y ya cuando vengamos vamos a quedar hasta atrás, puntualizó.
Dijo que son guardias las que se hacen, por lo regular son hombres, y “una señora que se ha quedado porque su casa está lejos, se le complica ir y regresar, porque ella vive hasta Radio Koko y va a recibir sus enseres como rezagado y lleva tres días aquí”.
Recordó que la noche del 24 de octubre para amanecer 25 que impactó el huracán lo vivió de una manera “muy peculiar, nunca me imagine la intensidad, cuando nos avisaron que venía el huracán muy fuerte, mi hija me decía que hiciéramos la mochila de la supervivencia, pero como todo acapulqueño no creí que fuera tan intenso”.
“Cuando se dejó venir el huracán fue terrible, cuando estábamos en el ojo del huracán fue un remolino tremendo, mi vecina tenía un árbol de mango ya lo partió a la mitad y ese daba vueltas, y nos llegó de golpe la lluvia y el viento cuando se llevó el árbol y cimbraba la casa cuando se estaba llevando las láminas, cada lámina que tiraba cimbraba la casa”, contó.
Agregó que veía cómo volaban las láminas, muebles, sillas, ropa, y “ahí lo vivimos en un cuarto en la casa, y posteriormente nos bajamos al primer nivel, porque estaba más segura la parte de abajo y ahí nos tocó vivir, pero ya teníamos el árbol de mango la mitad en el patio tirado y la otra mitad en la calle, fue muy terrible”.
Sostuvo que a más de cuatro meses del huracán, las remodelaciones en su vivienda las ha hecho conforme ha podido, porque “no hay albañil, ya le pusimos ventanas a dos recámaras porque se llevó todo, nos faltan otras dos, porque por las dos ventanas pague 35 mil pesos y los precios están muy caros y decidimos esperarnos”.
Felipe Román, otro de los damnificados que está haciendo fila, a pesar de la suspensión de entrega de enseres domésticos, dijo que lleva tres días y dos noches, la tarde del jueves vino “el general Barrón y nos vino avisar que nos fuéramos a casa, que porque los enseres se habían terminado por falta de una compañía que no entregó estufas”.
“Él quería que todas las personas que estamos aquí formadas ya no estuviéramos aquí, la opción que dábamos es que nos dieran una ficha del 1 al 600 para podernos retirar, pero que no se comprometía a nada, que él no tenía ese derecho, pero que el lunes posiblemente lleguen los enseres, y ese día se comprometió a entregar mil paquetes”, dijo.
Abundó que no abandonan el lugar porque “el miedo es que somos el 125 y si nos vamos a casa lo que vamos a perder es el número y no seremos ese número, sino el 700, hasta el final de la playa y ese es nuestro miedo, y lo que hacemos son guardias”.
“Estuvo muy fuerte, mucho aire, tumbó muchas puertas, como que se escuchaban gritos y se azotaba todo, láminas, volaba todo, fue algo horrible, en la casa el patio quedo destrozado, los dos Rotoplas se fueron, muebles, sillones, lavadero, fue algo horrible”, dijo el señor Felipe Ramón.
Recordó que no ha podido terminar con la rehabilitación de los daños, porque han ido dos albañiles, pero nada más para hacerle el presupuesto, “porque luego dicen que van a venir en tal fecha y no llegan, no hay gente que quiera trabajar, y los que están cobran muy caro, además de que el material, arena, grava, piedra y mano de obra subió, el metro para pegar un muro me están cobrando 850 pesos, cuando normalmente estaba en 600”.
Texto: Aurora Harrison


