
Netzahualcóyotl Bustamante Santín
Las razones que animaron la fundación del estado no se alineaban en sentido estricto en mejorar las condiciones de vida de su población, más bien, dice Carlos Illades “fue el corolario de la lucha de los grupos de poder locales por adquirir el dominio político sobre la región”. La comunión de Juan Álvarez con las poblaciones indígenas y costeñas, la admiración que le profesaban por sus gestas militares, las alianzas políticas y de interés que forjó con Nicolás Bravo y Florencio Villarreal y la permanente inestabilidad nacional recrudecida por la invasión norteamericana de 1847, resultaron eficaces catalizadores de un sueño al que aspiraron tanto Morelos al crear la Provincia de Tecpan, como la convicción federalista de Vicente Guerrero, que logró materializar el llamado “patriarca del sur”.
En su magna tesis doctoral Caudillos y caciques: Santa Anna y Juan Álvarez publicada en 1972 por el Colegio de México, el colombiano Fernando Díaz Díaz sostiene que Álvarez adoptó por imperativo moral o fórmula de actividad política la defensa de los desposeídos del sur. Y para acometer ese propósito describe un estilo implacable del cacique: impuso contribuciones, exigió préstamos, quemó haciendas, persiguió enemigos, privó de la libertad a opositores, protegió a los perseguidos por la ley, forzó la voluntad de los pueblos, decretó la paz o la guerra en su región y premió a sus colaboradores basado en su juicio personal.
En la investigación que dejó trunca el historiador Gerald Louis McGowan publicada por el Colegio Mexiquense, más que reconocer la hazaña del general para crear su estado, se duele de la separación del sur conformado por las prefecturas de Acapulco, Chilapa y Taxco en evidente perjuicio del Estado de México. El autor afirma contundente: se debe dudar de los métodos de Juan Álvarez para efectuar la separación del sur que van más allá del argumento de que así lo deseaban los pueblos y de que habían sido mal administrados por Toluca, razones poco convincentes e imposibles de comprobar que el militar supo manejar con premeditación, alevosía, dolo y ventaja. Como es sabido, de la geografía mexiquense se desprendió la mayor parte del territorio de la nueva entidad.
La historiografía sobre el personaje explica la simiente de una arraigada fórmula de ejercicio del poder en el estado que, salvadas las diferencias, ha permanecido inalterable con el paso del tiempo. Al cumplirse 150 años de la erección del estado de Guerrero hace 25 años, escribí en estas páginas: siglo y medio no ha sido suficiente para restaurar las miserables condiciones en que viven los guerrerenses, especialmente la población indígena. Entre mezquinos y salvajes cacicazgos revertir la pauperización parece una labor titánica.
El 27 de octubre de 1849 el estado de Guerrero surgió con 50 municipalidades y una población de 270 mil habitantes. Actualmente tiene 85 municipios (entre 2001 y 2005 se crearon cinco, a razón de uno por año, Marquelia, Juchitán, Cochoapa el Grande, Iliatenco, José Joaquín de Herrera y, a iniciativa del gobierno anterior, se adicionaron cuatro más en una sola tanda en 2021, Santa Cruz del Rincón, San Nicolás, Las Vigas y Ñuu Savi); la entidad de esencia rural cuenta con 6 mil 700 comunidades.
El número de personas que ahora habitan en el estado es de 3.6 millones. De acuerdo con el Coneval (organismo autónomo próximo a desaparecer) la pobreza castiga al 60.4 por ciento de la población guerrerense (2.2 millones) y la pobreza extrema atenaza al 22.2 por ciento (800 mil personas). Lo que significa que seis de cada 10 guerrerenses sean pobres, es que tienen al menos una carencia social y sus ingresos son insuficientes para adquirir los bienes y servicios que requieren para satisfacer sus necesidades alimentarias y no alimentarias según la definición empleada por dicha institución.
Desde 2012 cuando el porcentaje de pobres era del 69.7, hasta 2022 cuando se situó en el 60.4, el número de personas que ha salido de la miseria es notable, sin embargo, las carencias sociales se mantienen. Es probable que una nueva medición destaque un incremento como consecuencia de la destrucción a la infraestructura, la economía, el empleo y la calidad de vida de los habitantes de la principal ciudad del estado, Acapulco, víctima de cuantiosos daños como consecuencia del paso de dos fenómenos meteorológicos extraordinarios en menos de un año.
Entre 1981 y 2021 el Producto Interno Bruto de Guerrero creció un modesto 1.58 por ciento. En esas cuatro décadas el comportamiento de la economía local ha sido sostenidamente a la baja al pasar del 1.85 por ciento en el gobierno de Alejandro Cervantes al 1.35 por ciento en el de Héctor Astudillo. En ese tiempo hubo nueve gobernadores de los que únicamente cinco concluyeron su periodo constitucional.
175 años después de su fundación, el estado navega entre el rezago ancestral, la marginación estructural y la terca desigualdad social. Más allá de los claroscuros de un personaje de su talla, al general Álvarez debe reconocérsele una fuerte raigambre federalista que resultó fundamental para zanjar el propósito de emanciparse del Estado de México; tal espíritu quedó plasmado en los nueve puntos del Plan de Ayutla en 1854 que él mismo abrazó.
Contrario al espíritu de los surianos del 49, hoy el país vive una tendencia a menguar el peso y relevancia de las entidades federativas y a debilitar su soberanía para volver al viejo centralismo que combatieron con vehemencia los liberales juaristas que proclamaron la Constitución del 57.
El flagelo criminal que azota Guerrero desde hace dos décadas además de provocar desgarro social deteriora seriamente la precaria economía local de perfil latifundista. Empeñado en frenar el desarrollo, el caciquismo en Guerrero goza de cabal salud, como en los tiempos de su fundador.


