1 marzo,2025 5:22 am

Hurga entre la basura a sus 70 años, sin esperanza de que lo apoye el gobierno, relata pepenador

 

Chilpancingo, Guerrero, a 1 de marzo de 2025.- Todos los días Ramón León se para a las seis de la mañana y regresa a su casa después de las seis de la tarde, tiene 70 años; en esas 12 horas hurga sin mascarilla, sin guantes, ni botas especiales en cerros de basura en busca de algo de valor, que pueda vender como reciclaje: plástico, aluminio, fierro, cobre, bronce, y no tiene ninguna esperanza de que lo apoye alguna autoridad de gobierno.

Ramón es uno de los 25 pepenadores del basurero municipal ubicado en el cerro del Huiteco, al norte de Chilpancingo, y por su jornada de 12 horas obtiene ingresos de 200 a 250 pesos, con los que se mantiene él, su esposa y una de sus hijas.

“Es sucio el trabajo, pero la labor que desempeñamos es noble, si tu vez esa gente trabajando, esa que se mueve allá, -dice señalando a lo lejos con el dedo índice hacia los cerros de basura- está tratando de encontrar algo de valor que venga en la basura, porque de ahí mantiene a su familia”.

El basurero donde pepena es el que están a punto de cerrar las autoridades municipales porque está saturado, en medio de la crisis de recolección de basura en la capital por la falta de camiones recolectores.

Conocido como basurero del cerro del Huiteco, está ubicado a unos 5 kilómetros al norte de Chilpancingo y a unos 500 metros de la carretera de cuota Chilpancingo-Tixtla.

Para llegar, Ramón aborda en Chilpancingo una Urvan de las que cubren la ruta Chilpancingo-Atliaca, municipio de Tixtla o de las que llegan a Apango, cabecera del municipio de Mártir de Cuilapan. Estas unidades lo dejan a bordo de carretera y de ahí camina cuesta arriba aproximadamente 500 metros.

La misma ruta toman sus compañeros, los otros 25 pepenadores que se dedican a la separación de plástico, fierro, aluminio, cobre, bronce, cartón y papel. De entre todos destaca Ramón por su avanzada edad, quien dice que de sus 70 años, 20 los ha dedicado al reciclaje.

Ramón cuenta que se ha dedicado a la pepena desde que el basurero estaba ubicado al sur de la ciudad, cerca de la colonia La Cinca, mismo que fue cerrado en el 2016 durante la administración del alcalde Marco Antonio Leyva Mena.

“De aquel basurero nos venimos 135 pepenadores, pero ahora somos entre 20 y 25, la mayoría ya se fueron, se hicieron viejitos como yo y dejaron de venir, otros encontraron otras fuentes de trabajo o fueron contratados por el Ayuntamiento en el área de Servicios Públicos”, dice durante la entrevista a la orilla de cerros de basura.

Ya no es negocio, está inmiscuido el crimen organizado

En medio del revoloteo de moscas y olores pestilentes, el pepenador Ramón León cuenta que mucha gente dejó esta actividad porque “ya no es negocio, ya no hay ganancias como antes, estábamos acostumbrados a agarrar mucho, vender mucho y ganar mucho”.

Contra lo que declaran las autoridades de que no existe una cultura de reciclaje entre los ciudadanos y que casi todo va a parar al basurero, Ramón asegura que ya llega poco material de valor, además de que los precios siguen estancados desde hace por lo menos cinco años.

El material que más vale, revela, es el aluminio, cuyo precio fluctúa entre los 20 pesos el kilo, en tanto que el de plástico cuesta tres pesos, el de fierro un peso con 50 centavos o hasta dos pesos.

“El cartón es independiente, hay un convenio con los acopiadores. Desconocemos el precio, nadie sabe. Lo juntan pero es una empresa diferente, de aquí se lo llevan”.

Ramón no lo dijo, pero otros pepenadores y acopiadores de la capital han señalado que ese producto está controlado por el crimen organizado.

“Ya ganamos muy poco, desafortunadamente”, insistió respecto a las disminuidas ganancias en los últimos años.

“Lo que gana un pepenador depende de lo que junte, pero ya es muy poco, han disminuido mucho las ganancias”, reitera.

De la bolsa de su deshilachado pantalón, el veterano pepenador sacó una arrugada hoja de cuaderno donde tenía anotado lo que pepenó el jueves y la ganancia: “Total 222 pesos”, escribió con letras remarcadas al final de la lista.

Aclara: “se ahí quítale el pasaje, el almuerzo y la comida”.

Reprocha que una causa de que hayan disminuido sus ganancias “es gracias a mamá Otilia (la ex presidenta municipal) quien metió sus pendejadas de camiones hace tres años y contrató gente para operarlos y los llenaron de pepenadores que separan (la basura) en las calles, y aquí ya no llegan los productos que necesitamos para trabajar, cuando vienen a dar ya bien pepenados, no traen nada de material, los vienen pepenando en la calle”, dijo.

Esa práctica continúa, cuando los camiones de basura del municipio pasan a las colonias, traen grandes bolsas en las que los vecinos echan plástico y aluminio.

El entrevistado dijo que en el anterior gobierno   municipal  se adquirieron 20 camiones reco-lectores para los  que fueron contratados choferes y junto con estos unos cuatro o cinco chalanes, quienes cuando los vecinos depositan la basura en la unidad, de inmediato comienzan a separar el material reciclable.

Informa que en lel gobierno actual se retiraron 10 de estos camiones y solo quedan 10, “en los que se sigue reciclando allá afuera por la gente que dejó mamá Otilia”.

Ramón informó que antes de la gestión de Norma Otilia sólo andaban en los camiones el chofer y uno o dos chalanes.

A pesar de las condiciones en que laboran, responde a pregunta que no tienen peticiones para el gobierno; “simplemente queremos que hagan bien su trabajo”.

Destacó que de cualquier forma nunca le han dado nada a este sector. Mencionó que en la anterior administración la presidenta Norma Otilia les prometió muchas cosas: que los iba a dar de alta en el Ayuntamiento, que les iban a pagar salarios y que les iban a dar uniformes, botas, impermeables, pero nada cumplió.

En tanto que durante la pandemia, a pesar de que se desenvuelven en un área de alto riesgo, el ahora ex gobernador Héctor Astudillo Flores en tres años sólo les mando tres despensas.

Comentó que hubo un tiempo en el que funcionaban baños portátiles para las mujeres recolectoras, pero hasta eso les quitaron y ahora realizan sus necesidades escondidas entre los matorrales.

“¿Esperar algo del gobierno?, yo no. Estamos a la buena de Dios, bendito sea Dios que no nos ha dejado”, dijo.

Informó que en su caso se ha enfermado “un poquito” como consecuencia de su contacto diario con los desechos. Dice que al principio se enfermaba seguido  del estómago, “en una ocasión a punto de morir”. Agrega que también ha padecido la chikungunya, el zika y padece de diabetes.

“Ahorita ando con problemas de salud fuertes, pero aquí ando trabajando con ganas y deseos de llevar el sustento a mi familia, porque soy el único, dependen de mi tres: mi esposa, mi hija y yo”.

Ayer el señor Ramón no llegó antes de las siete al basurero como de costumbre, se le vio llegar a las 10 de la mañana porque dijo que pasó al Hospital del Bienestar Raymundo Abarca Alarcón a un chequeo debido a que recientemente le realizaron una cirugía, no quiso decir de qué ni en qué parte de su cuerpo.

“Me he enfermado un poquito de todo, pero gracias a Dios nos levantamos con la fortuna de estar vivíos y venimos a darle, enfermos y no enfermos aquí andamos, trabajando”, expresa, sonriente y en tono optimista, mientras se encamina abrochándose su camisa rumbo a uno de los cerros de basura, su centro de trabajo.

Texto y foto: Zacarías Cervantes