
Gaspard Estrada
El pasado fin de semana, los líderes de Francia, Emmanuel Macron, Inglaterra, Keir Starmer, Alemania, Friedrich Merz, y Polonia, Donald Tusk aumentaron la presión sobre el presidente ruso, Vladímir Putin, para que acepte un alto al fuego de 30 días en Ucrania sin condiciones, advirtiendo que los aliados occidentales impondrán más sanciones a Moscú y aumentarán el apoyo militar a Kiev si Moscú no cumple, tras haber realizado una visita sorpresa a la capital de Ucrania, Kiev, y haber conversado vía telefónica con el presidente estadunidense, Donald Trump, quien se comprometió a respaldar esta iniciativa (eso es lo que afirma la parte europea).
Por su lado, el presidente ruso, Vladimir Putin, invitó a Ucrania a participar en conversaciones directas el 15 de mayo en Estambul, sin abordar directamente la petición de un alto al fuego de 30 días. Putin afirmó que Rusia buscaba “negociaciones serias con el objetivo de “avanzar hacia una paz duradera y sólida”, tras haber recibido en Moscú a varios dirigentes de países emergentes, como Lula da Silva, de Brasil y Xi Jinping, de China.
El presidente francés, Emmanuel Macron, respondió directamente a la exigencia de Rusia y declaró a los periodistas que “cualquier cosa que perturbe el proceso imponiendo condiciones es, en cierto modo, una táctica dilatoria para evitar la paz”. Peskov, el vocero del Kremlin, afirmó posteriormente que Moscú tendría que reflexionar sobre ello, al tiempo que advirtió de que intentar presionar a Rusia era inútil.
En dado caso que se concrete, el presidente Macron anunció que el alto al fuego contaría con la supervisión principalmente de los Estados Unidos de América, a la que contribuirán todos los europeos que hacen parte de la coalición de voluntarios, un formato de defensa militar pensado por París a principios de este año.
Por su lado, el canciller alemán, Merz, declaró en una rueda de prensa en Kiev que agradecía el apoyo del presidente estadunidense a la iniciativa europea. Según varios analistas europeos, la reunión de Kiev fue un gran éxito, sobre todo porque los líderes lograron involucrar a Trump y obtener su respaldo, aunque también se advirtió que el presidente estadunidense tiende a cambiar rápidamente de opinión.
Ahora mucho depende de cómo reaccione Putin a las demandas occidentales. El sábado, funcionarios de inteligencia en Kiev expresaron su preocupación de que Rusia pudiera lanzar nuevos ataques aéreos contra la capital ucraniana en los próximos días, lo que sería una respuesta sombría que se burlaría de los esfuerzos de paz occidentales. Según los medios de comunicación alemanes, un funcionario del gobierno alemán dijo que Merz y sus compañeros líderes habían dado instrucciones a sus asesores de política exterior para que comenzaran inmediatamente los preparativos para un acuerdo de paz duradero en caso de que Rusia aceptara las peticiones de un alto al fuego incondicional. Merz declaró que los líderes de varios otros países –desde Canadá hasta Turquía y Nueva Zelanda– se habían unido a la reunión de Kiev por videoconferencia y apoyaban los esfuerzos para presionar a Putin. Por su lado, el dirigente ucraniano afirmó que en dado caso que Putin no acepte este alto al fuego incondicional, nuevas sanciones europeas serán dirigidas al sector energético y al sistema bancario de Rusia.
Otro resultado concreto de la reunión del sábado es que los aliados occidentales quieren aumentar el apoyo financiero y logístico a Kiev, lo que permitirá a la parte ucraniana disponer de más armas sobre el terreno, como tanques, drones y munición, pero también misiles de largo alcance. Frente a las preguntas de los medios de comunicación, que querían tener más detalles de estos paquetes de ayuda, el canciller alemán Merz intentó cerrar el debate argumentando que no haría comentarios sobre esas cuestiones. De hecho, el gobierno alemán declaró antes de la reunión del sábado que ya no comunicaría qué tipo de apoyo militar prestaría Alemania a Kiev, lo que significa que Berlín dejará de publicar listas detalladas de las armas y municiones enviadas a Ucrania.
Ahora, falta saber cuál será la reacción de Putin a esta iniciativa.
* Miembro de la unidad del Sur Global de la London School of Economics (LSE).
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