
Texto: Lourdes Chávez
Foto: Jesús Eduardo Guerrero
Chilapa, Guerrero. En la celebración litúrgica para nombrar ocho diáconos como sacerdotes, al cumplirse 150 años del seminario diocesano de La Inmaculada Concepción en Chilapa, el obispo Salvador Rangel Mendoza lamentó la amenaza de la violencia en la entidad y declaró que “Guerrero huele a pobreza y a muerte”.
En la homilía, citó algunas frases bíblicas para decir a los nuevos sacerdotes que “con Dios de la mano no debemos acobardarnos”, en referencia a la violencia en la diócesis Chilpancingo-Chilapa, donde los delitos se incrementaron el último año y tiene el segundo y tercer lugares de los cinco municipios con más homicidios dolosos en la entidad, después de Acapulco.
La ceremonia comenzó con una procesión desde el seminario de la Inmaculada hasta la catedral de Chilapa, donde fue la homilía de ordenamiento sacerdotal ante unos mil feligreses que abarrotaron el templo.
En su prédica, el obispo pidió a los sacerdotes fortalecer la fe y la confianza en Dios, “Jesús en el Evangelio dijo, ‘mi paz les dejo, mi paz les doy, no la dio como la da el mundo, no se turbe su corazón ni se acobarden’. Yo les digo a los nuevos sacerdotes, no se turbe su corazón ni se acobarden, el llamado de Jesús es ser sacerdotes de fe y de confianza. Con el señor a nuestro lado no nos debemos acobardar”, dijo.
Luego de tres horas del rito de la unción sacerdotal, en la que participaron todos los curas de la diócesis, el arzobispo de Acapulco, Leopoldo González, y el obispo retirado de Chilpancingo-Chilapa, Alejo Zavala, se asignaron los deberes a los clérigos noveles, algunos en parroquias y otros en responsabilidades en el seminario.
Al término de la ceremonia, cuando el obispo mencionó la asignación de uno de los ordenados a Ixcapuzalco, no pudo evitar añadir “va a convertir a los mafiosos”, dada la fama del lugar. Incluso, al concluir, en tono de broma pidió para ellos té de yerbabuena, “para el susto”.
Luego, en entrevista, destacó que precisamente por los hechos de violencia, en la homilía pidió a los nuevos sacerdotes que lleven la paz de Cristo y que no tengan miedo.
Subrayó que su encomienda principal “es ayudar a la gente en los momentos de aflicción, consolar a quien esté triste, secar lágrimas, ser muy solidarios con víctimas, estar con aquellos que sufren”.
Sobre los hechos de violencia que persisten en la entidad, Salvador Rangel aclaró que nunca se cansará de llamar a la paz, a la concordia y a la reconciliación, así como al diálogo con los grupos delictivos hasta que Guerrero no salga “del bache de criminalidad en el cual nos metimos”.
“Sangre tenemos mucha, lo mismo lágrimas y dificultades, todos tenemos que luchar contra ello”, dijo el líder de la iglesia.
Aclaró que, “desgraciadamente, los hechos delictivos no sólo ocurren en Chilpancingo y Chilapa. Las otras tres diócesis hemos hecho llamado a la paz y misericordia, Dios quiera y nos entre en el alma y en el corazón esta tarea que tenemos todos, desde los gobernares, hasta los maestros, los sacerdotes, los laicos, tenemos que guardar la paz y salvar a Guerrero”.
Informó que el 3, 4 y 5 de enero, se reunieron los sacerdotes y obispos en la diócesis de Altamirano y decidieron “seguir apoyando la paz con misericordia, y animar a la gente que luchemos todos por la paz”.
Aunque molestan a las autoridades las declaraciones sobre el narcotráfico, secuestro y asesinatos, opinó que “es una enfermedad tan rancia y radicada en el estado, no se puede de un rato a otro cambiar”.
Insistió en que los actores de la Iglesia deben dialogar “con cada una de las personas, como humanos tenemos nuestras propias razones, nuestra propia verdad, (debemos) ver los ojos aunque sea del enemigo y ver qué razones tiene para proceder así. Nos debe acercar el diálogo para poner nuestro granito de arena”.
Destacaron las asistencias a la celebración del alcalde de Chilapa, Jesús Parra García; de las diputadas federal y local del PRI, Verónica Muñoz Parra y Flavia García García; y de una comitiva enviada por la esposa del gobernador, Mercedes Calvo.
En la entrevista colectiva, precisó que siempre ha tenido buena comunicación con el gobernador, y con la mayoría de los presidentes municipales, y esa relación le da confianza para seguir trabajando en favor de la paz.
(En la imagen, el obispo de la diócesis Chilpancingo-Chilapa Salvador Rangel Mendoza flanqueado por el ex obispo de esta diócesis, Alejo Zavala y el arzobispo de Acapulco, Leopoldo González González se toman la foto del recuerdo con los ocho nuevos sacerdotes al termino de la liturgia en la Catedral de Chilapa donde celebraron los 150 años del seminario de esa ciudad. Foto: Jesús Eduardo Guerrero)
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