
Adán Ramírez Serret
Guillermo Saccomano (Buenos Aires, 1948), autor de culto y artífice de una prolífica obra plagada de brillantes ensayos, libros de cuentos y esperpénticas novelas como Arderá el viento que le valió el premio Alfaguara 2025.
Confieso que, hasta este galardón, nunca había escuchado el nombre de este autor, pero basta echar un ojo a la primera de forros para ver su prolífica obra y dar un salto al internet para descubrir que es uno de los intelectuales más importantes de su país, Wikipedia dixit, y también que: “Para Saccomanno no existe el destino como determinación, ya que cada cual puede modificarlo según su deseo. Como prueba, apela a tex-tos religiosos y ensayos existencialistas, una bibliografía que abarca desde el Eclesiastés…”. Se me antoja muchísimo leer la obra de Saccomano, pero al mismo tiempo agradezco mucho haber llegado a este libro sin saber nada de ella, porque la sorpresa fue enorme y deslumbrante. Sé que con esto me muerdo la lengua al escribir esta reseña, pero quien guste estar en mis zapatos de no saber nada, puede parar ahora de leer, conseguir el libro y tras leerlo en furiosos dos días, volver, si acaso es tan amable, a este texto.
Y entonces se puede decir, discutir, que Saccomano escribe una obra desde la incomodidad, con el afán de no ser complaciente para nada en la trama; de provocar angustia e indignación, y claro, surge la pregunta de entonces para qué leer este libro; ¿por qué no mejor leer a autores plagados de belleza como Proust, Dickens o Sacheri? Yo normalmente estoy de acuerdo, pues discrepo del sexo, la violencia y la sangre como me-dio indispensable para construir una trama. Pero claro, hay autores que incluso pueden caer en la plena vulgaridad no sólo sin mancharse el plumaje sino haciendo de esta mera poesía; son pocos, muy contados como Nabo-kov, Choderlos de Laclos y ahora, descubro con enorme alegría, Saccomano. Quien escribe una historia escalofriante, esperpéntica al mismo tiempo, anacrónica y, por qué no disfrutar el oxímoron –esa hermosa unión de contrarios– rigurosamente actual.
Arderá el viento cuenta la historia de una pequeña villa en el Gran Buenos Aires; es hipotética, pero es posible imaginarla. Se trata de uno de esos asentamientos que producen las grandes ciudades, áreas conurbadas en donde se mezclan tanto diferentes clases sociales como una vida muy local mezclada con una gran urbe. Ahí, de una manera un tanto fársica llega una familia de migrantes europeos, cuyo padre se jacta de ser un noble húngaro, y que desea comprar un hotel ruinoso, y nombrarlo con el rimbombante nombre de Hotel Habs-burgo. Así, esta familia irrumpe en una comunidad a la cual mantenía estable la hipocresía: todos robaban, todos mentían, todos engañaban, pero cada uno a su manera guardaba un silencio que los man-tenía unidos; se sabían sus secretos sin jamás mencionarlos. Pero llega esta familia que en todos sentidos es extrema: el padre un ludópata cleptómano, por sólo decir dos rasgos; la hija introspectiva, solitaria y… el hijo un sicópata a nada de actuar; y, ante todo, la madre, el personaje más potente de la novela. Una femme fatal perfecta: voluptuosa, excéntrica que utiliza el sexo para dominar, por supuesto, pero también para descubrir la vida, de manera irónica porque al mismo tiempo que goza y manipula es quien lleva la historia, quien escribe y quien para hacerlo necesita estar desnuda; espejo del autor quien va construyendo un relato con un lenguaje intenso, lleno del dialecto argentino, el de las villas, mientras va contando la historia del mundo mediante la degeneración de la humanidad, Sodoma y Gomorra, a la manera de Dante quien tiene un reflejo en uno de los personajes, por cierto, y también al estilo del Bosco y su profunda y apocalíptica obra El jardín de las delicias con la cual Arderá el viento dialoga a cada instante porque es una reflexión sobre el mal, el fanatismo, el ra-cismo y todos aquellos extremos que devoran el presente. Una novela extremadamente bella e imposible sobre nuestro mundo actual.
Guillermo Saccomano, Arderá el viento, Ciudad de México, Alfaguara, 2025. 235 páginas.


