
Esthela Damián Peralta
A la Presidenta Claudia Sheinbaum la vemos todos los días al frente del país. La vemos como jefa de Estado, como científica rigurosa, como dirigente política que toma decisiones complejas en momentos de presión nacional e internacional. La vemos en la agenda pública, en las reuniones estratégicas, en los anuncios de política pública, en el pulso constante de la vida institucional. Sin embargo, hay una dimensión suya que no siempre se alcanza a mirar y que, paradójicamente, explica con mayor profundidad la forma en que gobierna: la mujer que también es madre, abuela, esposa, la persona que sostiene afectos, responsabilidades y cuidados cotidianos mientras conduce el destino de una nación entera. Esa parte humana no es un dato accesorio; es el cimiento de su liderazgo. Por eso lo digo con claridad, sin matices y sin titubeos: la Presidenta me representa.
Escucharla cada mañana desde muy temprano, iniciar la jornada a las seis de la mañana, verla entrar puntual a encabezar el trabajo del día y recibir el saludo militar como Comandanta Suprema de las Fuerzas Armadas no es solamente un gesto protocolario. Es una imagen histórica que todavía estremece. Es la primera mujer que ocupa ese lugar y lo ejerce con naturalidad, con preparación y con autoridad. Gobernar un país como el nuestro exige resistencia física, concentración permanente y una capacidad de trabajo que rebasa cualquier horario de oficina.
Exige estudiar cada tema, coordinar equipos, escuchar diagnósticos técnicos, anticipar escenarios y tomar decisiones que impactan la vida de millones de mexicanas y mexicanos. Nada de eso se improvisa. En ella hay disciplina, método, estrategia, pero también algo que no siempre abunda en la política: sensibilidad social. Ha demostrado que la firmeza no está reñida con la empatía y que se puede ejercer el poder sin perder de vista a las personas.
Formar parte de este gobierno, incluso desde los espacios técnicos o jurídicos, como lo es la Consejería Jurídica, se vive con orgullo precisamente por esa coherencia entre discurso y acción. En un contexto internacional complejo, presiones externas y reacomodos geopolíticos constantes, la conducción ha sido clara: defender la soberanía sin estridencias, dialogar sin subordinaciones y priorizar siempre nuestra soberanía. Ser Consejera de la doctora Sheinbaum implica disciplina, trabajo 24/7, atención a sus instrucciones, cumplir con los tiempos que nos señala para las tareas y obligaciones que tenemos, no le gustan las zonas de confort y las innecesarias burocracias.
La Presidenta de la Republica bajo esa misma entrega, trabaja con nitidez en la estrategia de la seguridad. Durante enero y febrero el gabinete ha sesionado de manera itinerante, recorriendo distintas entidades y convocando a autoridades federales y estatales para analizar de primera mano lo que ocurre en cada territorio. Es una manera distinta de gobernar: salir del escritorio, atender directamente a quienes enfrentan los problemas en campo y construir soluciones coordinadas. Ahí hay intercambio de información, contraste de datos, evaluación de resultados y definición de estrategias conjuntas. Hay diálogo real y corresponsabilidad entre los distintos órdenes de gobierno. Esa presencia territorial reduce la distancia entre la autoridad y la ciudadanía y fortalece al Estado desde lo local.
Al concluir cada reunión, la mañanera funciona como un ejercicio cotidiano de rendición de cuentas para las autoridades que participamos en dicha mesa. Informar, explicar, responder preguntas de los medios de comunicación. En tiempos donde la desinformación circula con facilidad, abrir un espacio diario para transparentar decisiones se convierte en una práctica política relevante, porque se le informa al pueblo y esto genera confianza.
Trabajar con la Presidenta me hace pensar no solo en la investidura ni en el cargo, sino también, y sobretodo, en la mujer que madruga, que estudia exhaustivamente, que coordina equipos técnicos, que toma decisiones complejas bajo presión y que, al mismo tiempo, sigue siendo madre, abuela y compañera de vida. Pienso en esa capacidad de sostener múltiples responsabilidades. Esa dimensión humana no la debilita; al contrario, la fortalece, porque entiende mejor lo que duele, lo que falta y lo que urge transformar.
Quizá por eso conecta con tantas de nosotras, cuando charla con empresarias, campesinas, maestras, enfermeras, ingenieras, actuarias, sociólogas, comunicadoras, plomeras, bailarinas, cantantes, psicólogas, pintoras… Porque representa a mujeres que trabajamos jornadas largas, que asumimos más de un rol a la vez y que creemos que la transformación se construye todos los días.
Lo digo con orgullo: la Presidenta me representa.
Nos leemos el próximo martes.
@EsthelaDamian


