
Organizan evento en el Palacio de Bellas Artes para recordar los importantes aportes del investigador, escritor y filósofo, a 100 años de su natalicio
Ciudad de México, 23 de febrero de 2026. “Cuando muere una lengua”, clamó Miguel León-Portilla (1926-2019) en un poema con ese mismo título, “se cierra / a todos los pueblos del mundo / una ventana, una puerta, / un asomarse / de modo distinto / a cuanto es ser y vida en la tierra.
“Cuando muere una lengua, / ya muchas han muerto / y muchas pueden morir. / Espejos para siempre quebrados, / sombra de voces / para siempre acalladas: / la humanidad se empobrece”, lamentaba el historiador y filósofo, interesado siempre no sólo en el estudio de las lenguas originarias de México y de América, sino en defender su persistencia.
Así, como un “indigenista militante” más que como un mero analista del pasado, fue como familiares, colegas y amigos lo evocaron a 100 años de su nacimiento durante un homenaje celebrado ayer en el Palacio de Bellas Artes.
“Actuó para que el humanismo cultural se impusiera a los determinismos implacables y un neoliberalismo devastador, para que las culturas de los pueblos originarios no se vieran fulminados por los espejismos económicos dizque progresistas del futuro”, expuso el académico Patrick Johansson, equiparándolo con figuras como Fray Bernardino de Sahagún y Fray Bartolomé de las Casas.
“Asimismo, pugnó para que fuera restituida, de una vez por todas, su dignidad al indígena”.
A decir del poeta nahua Natalio Hernández, también presente en el homenaje junto a las académicas Ascención Hernández Triviño y Susana Bautista, la sensibilidad humana de León-Portilla lo llevó a buscar “las palabras verdaderas, las palabras rectas” en el México antiguo.
De tal labor resultarían títulos como Trece poetas del mundo azteca (1978), Literaturas indígenas de México (1992) y Poesía náhuatl: La de ellos y la mía (2006).
“Pero don Miguel no se quedó atrapado en la literatura del México antiguo. A principios de los años 80 promovió y apoyó la realización de los encuentros de hablantes de la lengua náhuatl que año con año se reunían en Santa Ana Tlacotenco, en Milpa Alta”, rememoró Hernández, quien conocería por tales fechas al gran nahuatlato, mentor y compañero de lucha por más de 40 años.
Otro ejemplo de los esfuerzos de León-Portilla por visibilizar la literatura contemporánea en diversas lenguas originarias fue su apoyo para que surgiera la asociación de Escritores en Lenguas Indígenas (ELIAC) en 1993.
Asimismo, colaboró en las gestiones para que dicha instancia pudiera establecerse en un inmueble del Centro Histórico, inaugurado unos días después de su fallecimiento en octubre de 2019.
Luego de que Hernández Triviño, viuda del homenajeado, celebró que se realizara el homenaje en el mismo recinto donde hace poco más de 6 años el intelectual fue despedido entre danzantes, María Luisa León-Portilla, hija de ambos, tomó la voz desde las butacas de la Sala Manuel M. Ponce para darle protagonismo a su poesía.
Las conmemoraciones por el centenario del autor de Visión de los vencidos continuarán con, entre otras actividades, toda una jornada de charlas en el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM el miércoles.
Alistan inéditos y museo-biblioteca
Además de Soy mi memoria, volumen autobiográfico recientemente publicado, León-Portilla habría dejado terminados por lo menos tres trabajos más que la familia buscará publicar.
“Digo que por lo menos tres porque no sé si hay más”, comentó a este diario la hija del gran nahuatlato.
Uno de estos proyectos inéditos, detalló, es un libro de siete capítulos sobre “la presencia indígena en el ser de México”, que el sello Sexto Piso está interesado en lanzar.
Otro es un trabajo derivado del curso de enseñanza del náhuatl que impartió en la Universidad de Arizona en 1979; “dejó manuscrita una gramática náhuatl-inglés. “Ese va a ser un trabajo fuerte”, apuntó.
“Y el otro es un trabajo que hizo junto con su alumno, el doctor Juan Carlos Torres López, de poesía indígena. Él quería que fueran tres tomos de lo más que se pudiera de poesía indígena de México, no nada más náhuatl; desafortunadamente, sólo terminó el primero. Pero ojalá ése primero se pueda publicar”.
Aunado a esto, la familia también ha estado trabajando en la creación de un espacio que albergará el acervo bibliográfico y documental de León-Portilla.
“Es como si fuera un museo”, ilustró su hija sobre esta nueva instancia que se podrá visitar en la calle de Francisco Sosa, en Coyoacán, mediante cita previa.
“Es un inmueble que se adquirió, básicamente, con el pago que dio la UNAM después de 62 años de servicio y con los ahorros de toda la vida de mis papás”, añadió. “En ese mismo espacio va a estar su archivo, esperemos que algún día bien digitalizado y ordenado, además de una sección de códices de México”.
Israel Sánchez / Agencia Reforma


