
Restauranteros y comerciantes del lugar rellenan orillas de la Laguna Negra con escombros, con el fin de ganar metros para instalar sus negocios. Lamentan el bajo consumo por parte de los visitantes
Acapulco, Guerrero, 3 de abril de 2026. Playa Revolcadero está en proceso de desaparecer: el mar no cede en ganar terreno y los restauranteros se niegan dejar un espacio que les ha permitido tener trabajo estable durante años, mientras que con su necesidad contribuyen al deterioro del espacio.
Playa Revolcadero es una enorme extensión de arena que colinda con el océano en la zona Diamante, desde la Laguna Negra de Puerto Marqués hasta el Mayan Palace. Pero el único espacio popular de esa zona está o estaba junto a la laguna.
Las torres de departamentos que se construyeron en la pretenciosa zona Diamante tomaron las playas como su patrimonio y mantienen cercados los espacios. Los accesos a playa son escasos y reducidos. Sólo los comerciantes informales los conocen porque son los únicos que hacen valer su derecho a las playas públicas.
Playa Revolcadero es resultado de la lucha de comerciantes informales a quienes se les negó permisos para vender frente a playa Papagayo en la bahía de Santa Lucía, cuando el turismo se concentraba en el centro de la ciudad.
Fue un espacio que tomaron. Se enfrentaron con los administradores del hotel Princess, quienes no los querían frente a su hotel. Así, los comerciantes fueron ubicados en un espacio junto a la laguna, una extensa franja de arena que sirvió como restaurante, estacionamiento, pista de carreras de cuatrimotos y paseos a caballo. El mar era tan benévolo que permitía realizar múltiples actividades en esa zona
Actualmente el espacio se ha reducido. El mar ha tomado la playa. Los restauranteros y comerciantes buscan acomodo en lo que queda del lugar.
El turismo en masa favorece la actividad comercial y quienes viven de actividades ligadas al turismo ejercen presión sobre el espacio. Los ocupantes construyen locales comerciales en cada centímetro cuadrado del lugar, sobre banquetas, áreas verdes y las vialidades y junto con los locales buscan tener un estacionamiento amplio porque en la zona no hay transporte público. La única urvan que llega al lugar lo hace cada hora. El único medio de acceso es con vehículo propio y todos quieren estar junto al mar: los ocupantes, los comerciantes, los visitantes, todo eso reduce el espacio.
Mientras el mar se extiende los ocupantes de la zona federal rellenan la laguna con escombros y reducen el canal que comunica ese espacio con el océano. Esto, en ambos costados desde el sitio conocido como El Pueblito y desde Revolcadero.
Mientras el oleaje golpea constantemente los muros de piedra que sostienen una veintena de restaurantes, los restauranteros rellenan la laguna para alojar vehículos. Este jueves se observó que se ha rellenado con escombro y tierra un metro y medio más de la zona que ya se había delimitado a la laguna antes de que el huracán John causara daños severos en el lugar en 2024.
En el lugar siguen las ruinas del daño que causó la inundación, locales comerciales quebrados, andadores arrasados y una playa que ya no existe.
Los restauranteros, comerciantes y prestadores de servicios turísticos que perdieron su espacio ahora están alojados frente a la zona de playa del hotel Mundo Imperial Princess. Donde estaban sus palapas ahora solo hay agua y oleaje. Ese es el escenario desde hace dos años.
Los meseros promotores de los restaurantes de playa avisan a los visitantes que ya no pueden llegar hasta el fondo del lugar. Les dicen que ya no hay playa, que entren por un terreno abandonado para llegar a ella.
La zona de playa que ocupan es resultado de una gestión hecha entre las autoridades estatales con los propietarios del Princes. Es una extensión de unos 50 metros de largo por unos ocho metros de ancho. Ahí están las mesas y las sillas, ya no hay hamacas.
Venta de temporada
Este jueves los comerciantes de playa Revolcadero se quejaron de que la temporada vacacional no ha impactado de forma positiva sus ventas: “mucho visitante pero poco consumo”, así lo definió una vendedora de aceites.
Un vendedor de cocos dijo que la temporada de Semana Santa empezó floja y eso es un indicador de que la siguiente no será buena.
Un trabajador que se dedica a la renta de bocinas también dijo que la comenzó lenta.
Una vendedora de quesadillas contó que “batalla” todo un día para vender una bandeja en plena temporada vacacional. Otra de ropa de playa explicó que los visitantes sólo acuden a comer y a meterse al mar y ya no compran como antes.
Una restaurantera se quejó de que su palapa a las 2 de la tarde estaba vacía. Sólo esperaba rentar las mesas porque después de medio día los turistas que llegan es para estar en el mar porque ya comieron en otros lugares. Eso para ellos no es conveniente porque sus ingresos se reducen.
Una vendedora pidió que los visitantes no lleven perros porque hay ocasiones en que los animales muerden a los trabajadores de playa porque no están acostumbrados a estar rodeados de gente.
Ayer en se observaron a dos vacacionistas con perros, uno de raza San Bernardo y otro Pomeranian.
Daniel Velázquez/ Foto: Carlos Carbajal


