
El libro, cuya secuela fílmica se estrena en México el 30 de abril, retrata indirectamente a Anna Wintour, la feroz editora, una de las figuras más influyentes de la industria de la moda
Ciudad de México, 6 de abril de 2026. Antes de que El diablo viste a la moda (The Devil Wears Prada) se convirtiera en un fenómeno cinematográfico, protagonizado por Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt y Stanley Tucci, Lauren Weisberger publicó un libro sobre su experiencia laboral, tan fascinante como intimidante.
La autora fue asistente de Anna Wintour, una de las figuras más influyentes de la industria de la moda, al ser editora en jefe de Vogue desde 1988 hasta junio de 2025.
Fue durante su paso por la revista cuando la escritora estadounidense comenzó a gestar la historia que más tarde revelaría los claroscuros del poder en el mundo editorial de la moda.
“Acababa de salir de la universidad: cuatro años de estudio, fiestas y chándal todo el día. No me interesaba la moda, así que Vogue era una cultura completamente ajena para mí”, dijo Weisberger, en entrevista con The Guardian en noviembre de 2024.
La obra, publicada en 2003, presenta a Andrea Sachs, una joven periodista que consigue un empleo en una prestigiosa revista de moda sin imaginar que su jefa, Miranda Priestly, encarna la exigencia llevada al extremo.
Aunque Weisberger ha enfatizado que su libro es una ficción, las similitudes entre Priestly y Wintour fueron imposibles de ignorar por los fans. El retrato de una líder perfeccionista, temida y respetada por igual, alimentó el debate sobre los límites entre la disciplina profesional y el abuso de poder.
“El libro que escribí no fue una crítica, sino una divagación divertida sobre mi experiencia. Se me ocurrió el título en clase, improvisadamente”, afirmó la autora al diario británico.
Tras trabajar en una heladería y como niñera, a los 22 años la autora consiguió una entrevista para convertirse en asistente de Wintour, con la esperanza de ejercer como periodista. Llegó a una oficina en Nueva York con su currículum y algunas muestras de su trabajo guardadas en un portafolio de cuero que sus padres le habían regalado al graduarse.
Según recuerda Lauren, era un puesto lleno de exigencias que la obligaba a estar pendiente del teléfono en todo momento. Todas las mañanas, solía encontrar varios mensajes de voz con instrucciones por cumplir y, como ella misma lo describió, “cada minuto en esa oficina se sentía como una emergencia”.
“Vi cómo hacen reuniones, hablan, su trato hacia las personas, cómo escriben memos y dirigen sus negocios, para bien o para mal. No creo que podría haber tenido una mejor experiencia en términos de mi carrera”, compartió la autora a Elle en 2018.
Jacqueline Ponce León / Agencia Reforma


